UC Davis Chile impulsa innovación y transferencia tecnológica en la fruticultura chilena
El Centro de Innovación en Ciencias de la Vida de la Universidad de California Davis (UC Davis) está desarrollando desde el año 2020 un programa de extensión e innovación que comienza a consolidarse como una pieza clave para enfrentar los desafíos productivos y climáticos del sector frutícola chileno.
La iniciativa surgió a partir de la colaboración directa entre asesores, productores y el mundo académico, replicando en parte el modelo de extensión agrícola estadounidense en la industria chilena.
Leticia Rojas, coordinadora de innovación y extensión de UC Davis Chile, comentó a Portalfruticola.com que el trabajo comenzó en nogales, para luego ampliarse hacia la vitivinicultura y la enología, áreas que dieron origen al centro impulsor del programa.
“Hoy, tras seis años de funcionamiento, el proyecto entra en una nueva etapa: su fortalecimiento y expansión hacia la macrozona centro-sur de Chile, especialmente en las regiones de Ñuble, Biobío y La Araucanía”, indicó.
Explicó que el despliegue se realiza en el marco de una iniciativa de fomento integrada impulsada por la Corporación de Fomento de la Producción (CORFO), con el objetivo de potenciar el desarrollo tecnológico en territorios donde la fruticultura ha crecido de manera acelerada.

Fotografía archivo.
Aporte a la fruticultura chilena del programa de la UC Davis
Los datos muestran que la producción en Chile se está trasladando progresivamente hacia el sur, impulsada por mejores condiciones hídricas y cambios en las temperaturas que permiten el establecimiento de especies antes inviables.
A juicio de Rojas, “Ñuble podría convertirse en un nuevo polo frutícola comparable al Maule, en el corto plazo”.
Explicó que el crecimiento del sector viene acompañado de desafíos. “A pesar de contar con mayor disponibilidad de agua, la macrozona sur presenta importantes brechas en infraestructura hídrica, especialmente en sistemas de acumulación, conducción y distribución”.
Puntualizó que también se suman fenómenos climáticos emergentes, como olas de calor, alta radiación e incendios forestales, que afectan directamente la productividad agrícola del país.
Dado el escenario actual, la ejecutiva planteó que el foco del programa está en la innovación tecnológica orientada a la resiliencia productiva. “La meta es clara: mejorar prácticas agrícolas, optimizar el uso de recursos y cerrar brechas de conocimiento, especialmente entre pequeños y medianos productores”, afirmó Rojas.
Brechas y transferencia tecnológica
A juicio de Rojas, uno de los principales problemas detectados es el acceso limitado a asesoría técnica de calidad.
“En muchas zonas del país, la disponibilidad de expertos es escasa, lo que dificulta la correcta implementación de prácticas clave como el riego eficiente, el manejo integrado de plagas o la poda. Incluso en predios tecnificados persisten deficiencias en el monitoreo y mantención de sistemas de riego, generando pérdidas productivas y problemas sanitarios”, indicó.
Para dar respuesta a esta realidad, el programa desarrolló una plataforma de extensión que reúne información técnica validada y accesible, organizada por rubros. A través de fichas, videos, podcasts y herramientas de cálculo, busca entregar conocimiento práctico que permita a los productores mejorar sus decisiones en terreno.

Fotografía archivo.
Rojas destacó que además han implementado cursos de entrenamiento enfocados en el “saber para hacer”, es decir, en la aplicación directa del conocimiento. A esto se suma la realización de seminarios que conectan a investigadores con productores, generando un flujo constante de información sobre avances científicos y necesidades reales del sector.
El programa también contempla la formación de quienes cumplen roles de extensión, tanto académicos como asesores y profesionales, mediante un curso desarrollado junto a la Universidad de California en Estados Unidos. El objetivo es fortalecer las capacidades de transferencia tecnológica, clave para reducir la brecha entre investigación y aplicación práctica.
Nuevas variedades
El proyecto también contempla la introducción de nuevas variedades frutales. En una primera etapa, se contempla la evaluación de variedades de pistacho, ciruelo europeo y nogales.
“Estas serán probadas en condiciones locales junto a productores, con el fin de validar su adaptación y manejo antes de su eventual masificación”, señaló la ejecutiva.
Agregó que en este caso se contempla no solo la genética, sino también protocolos de vivero, manejo agronómico y acompañamiento técnico, lo que permitirá a los productores reducir riesgos y mejorar sus resultados.
Enfatizó que el trabajo colaborativo abre la puerta a soluciones tecnológicas avanzadas y a la posibilidad de adaptar experiencias exitosas a la realidad local.
Más allá de la innovación, Rojas envió un mensaje a la industria: “Avanzar hacia estándares de calidad homogéneos que permitan posicionar la fruta chilena en los mercados internacionales con una identidad reconocible. Para ello, es fundamental que todos los actores —grandes, medianos y pequeños productores— trabajen de manera articulada”, concluyó.
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