El desafío clave de la cereza chilena: mejorar la productividad para sostener su liderazgo global

El desafío clave de la cereza chilena: mejorar la productividad para sostener su liderazgo global

Durante CherryTech 2026, el evento técnico más grande de la industria de la cereza chilena, el asesor experto en cerezos y fundador de Avium, Carlos Tapia, compartió ante 1.600 representantes del sector una radiografía actual del sector en el país.

Actualmente, las exportaciones de cerezas desde el país sudamericano representan el 70% de los envíos mundiales y con una participación que bordea el 97% de los envíos del hemisferio sur. Con estas cifras queda en evidencia la consolidación de Chile como el principal proveedor global de cerezas frescas.

La mirada de Tapia sobre la industria fue auspiciosa, ya que “estamos en una posición privilegiada (...) , pero también implica una responsabilidad gigantesca”.

Actualmente, Chile cuenta con cerca de 82 mil hectáreas plantadas con cerezos, aunque sólo unas 70 mil se encuentran efectivamente en producción. Esto deja en evidencia que una importante superficie joven ingresará progresivamente al sistema productivo durante los próximos años.

“Tenemos un 15% o 16% de la superficie en huertos que todavía no alcanzan su potencial productivo. Son plantaciones de uno, dos o tres años que están próximas a entrar en producción”, dijo Tapia..

No obstante, el crecimiento de la superficie también se contrapone con la realidad de arranque de algunos huertos. A juicio del experto, se estima que entre 4.000 y 5.000 hectáreas de huertos con bajos rendimientos y problemas estructurales de competitividad sean eliminados.


Industria de la cereza chilena enfrenta desafío clave: mejorar la productividad para sostener su liderazgo global

 


La gran deuda: productividad

Tapia planteó que todavía existe una brecha considerable respecto al potencial real de los huertos y dijo: “Hasta 2020, Chile producía en promedio alrededor de 6,4 toneladas de cerezas por hectárea, actualmente esa cifra se acerca a las 9,7 toneladas por hectárea, resultado de mejoras tecnológicas, nuevas variedades, portainjertos más eficientes y una mayor profesionalización del manejo agronómico”.

En esa línea, indicó que desde hace años el sector viene planteando que 12 toneladas por hectárea deberían ser el piso para competir en el negocio. “Hoy todavía estamos por debajo de ese nivel”, sostuvo.

Detalló que en más de 11.000 hectáreas productivas, existe un promedio nacional cercano a los 10.500 kilos por hectárea, con una proporción de fruta sobre calibre 2J cercana al 69%.

Respecto de las variedades, Tapia dijo que Lapins, Santina y Regina continuarán liderando el abanico varietal durante los próximos años.

“Lapins sigue siendo una súper variedad. Hace algunos años muchos pensaban que había que arrancarla y hoy sigue entregando resultados muy competitivos”, afirmó.

Puntualizó que esta variedad presenta rendimientos cercanos a las 13 toneladas por hectárea, altos porcentajes de embalaje y una participación de fruta sobre calibre 2J que supera el 75%.

En el caso de Regina, indicó que continúa siendo una de las variedades más importantes de la matriz exportadora. El asesor proyectó que en los próximos años debería producirse  una disminución gradual de su participación, esto debido a problemas asociados al calibre, condición de la fruta y su comportamiento productivo en determinadas zonas.


Industria de la cereza chilena enfrenta desafío clave: mejorar la productividad para sostener su liderazgo global


¿Qué pasa con el clima?

Al analizar los factores climáticos, el especialista comentó que se ha registrado una aceleración en la acumulación de grados-día durante las primaveras. Este fenómeno estaría reduciendo el período de desarrollo de la fruta entre floración y cosecha, especialmente en variedades de cerezas de ciclo largo como Regina.

“Las dos últimas temporadas han mostrado una acumulación de calor superior al promedio histórico. No sabemos si será una tendencia permanente, pero sí creemos que debemos prepararnos para ello”, explicó.

En ese sentido, añadió que este fenómeno tiene consecuencias directas sobre variables críticas para la industria, como el calibre, la firmeza, la materia seca y la  condición de postcosecha.

Tapia fue categórico en insistir en la necesidad de comprender con mayor precisión las etapas fisiológicas del crecimiento del fruto para optimizar las intervenciones agronómicas.

Adaptación, la clave para mantener el liderazgo

Tapia dijo que el futuro de la industria dependerá menos del crecimiento de la superficie plantada y más de la capacidad para producir fruta de alta calidad, de manera eficiente y sostenible.

A su juicio, la próxima etapa deberá  estar marcada por la optimización productiva, la adaptación climática y una mayor sofisticación técnica.

“El liderazgo mundial ya lo conseguimos. Ahora el desafío es mantenerlo. Y eso no se logra sólo con más hectáreas, sino con mejores rendimientos, mejor fruta y mejores decisiones técnicas”, concluyó.


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