Nadie paga lo mismo por el pan de ayer

Nadie paga lo mismo por el pan de ayer

Por Rafael Guarda Martínez, abogado-consultor, RG Consultant.

En cualquier panadería hay pan del día y pan de ayer. El de ayer se come, alguien lo compra y tiene precio. Nadie discute que siga siendo pan, pero tampoco vale lo mismo que el que acaba de salir del horno, y el panadero lo sabe: por eso lo pone en otra canasta y, muchas veces, a otro precio. El producto no está malo. Simplemente ya perdió parte de lo que le daba valor. Nadie paga lo mismo por el pan de ayer

Con la fruta pasa algo parecido, aunque rara vez lo miramos así. Cuando un embarque llega con varios días de atraso, la primera pregunta suele ser si la fruta llegó buena o mala. Si abre bien, se respira aliviado y muchas veces el análisis termina ahí. Esa pregunta, sin embargo, está incompleta. Que un producto todavía pueda venderse no significa que conserve intacto su valor.

El tránsito no solo traslada fruta, también consume vida útil. Cada día adicional reduce el tiempo que el importador o el supermercado tienen para comercializarla, y ese tiempo es parte de lo que están pagando. Con menos días por delante, el comprador tiene menos margen para decidir cuándo y a quién vender. Pierde opciones: almacenar, esperar mejores condiciones de mercado, distribuir entre distintos clientes o redestinar el producto. La urgencia aumenta y, con ella, disminuyen las alternativas comerciales. A veces será necesario vender más rápido, aceptar un descuento o cambiar de canal. Y si la fruta llega a góndola con poca vida útil, el problema no desaparece, se traslada al siguiente eslabón de la cadena.

Ahí está lo que me interesa dejar instalado. Muchas empresas evalúan el retraso después de ocurrido y lo hacen buscando un daño visible que reclamar. Es una revisión casi forense: se abre el contenedor, se mira la fruta, se revisan los registros de temperatura y se decide si existe un caso. Pero esa revisión deja fuera la pregunta que más importa: cuánta vida comercial tenía esa fruta al embarcar y cuánta le quedaba cuando finalmente llegó.

Esa diferencia importa. Sin información suficiente sobre la condición de origen, el tránsito esperado, el tránsito real y la vida útil al llegar a destino, una pérdida de valor puede resultar difícil de identificar y todavía más difícil de acreditar. Lo que no medimos termina siendo difícil de discutir con el cliente, con el transportista o con el seguro.


Nadie paga lo mismo por el pan de ayer

Fotografía de archivo | Shutterstock.


Por eso, la gestión de este riesgo empieza antes. Antes de embarcar deberíamos poder responder tres preguntas: qué tránsito se contrató y con cuánta holgura, cuánto tiempo comercial tiene ese producto en ese destino y a partir de qué desviación comienza a comprometerse el negocio. No son preguntas exclusivamente técnicas, son comerciales. Marcan el punto en que un atraso deja de ser una molestia operacional y empieza a comer margen, casi siempre el del exportador.

También conviene separar dos conceptos que solemos mezclar. Una cosa es el daño físico: fruta que llega con problemas evidentes de condición. Otra es la pérdida de valor comercial, que puede existir incluso cuando el producto mantiene una apariencia aceptable. Son fenómenos distintos y se acreditan de manera distinta.

No todo atraso genera una pérdida indemnizable. Eso dependerá del contrato, la causa de la demora, la normativa aplicable, la evidencia disponible y la posibilidad de acreditar el daño y su relación con el retraso. Pero una cosa es no tener un reclamo viable y otra muy distinta concluir que no existió un impacto económico. Confundir ambas cosas lleva a cerrar carpetas sin haber medido lo ocurrido y, peor aún, a repetir la temporada siguiente la misma ruta, el mismo servicio y la misma decisión logística sin haber aprendido nada.

Un contenedor no necesita llegar destruido para que exista un problema. En productos perecibles, parte del valor puede haberse quedado en el camino sin que sea evidente al abrir sus puertas. Porque lo que llega a destino no es solo fruta. También es el tiempo que todavía le queda por delante.


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