Agromillora celebra 40 años impulsando la innovación genética que transformó la fruticultura chilena
A cuatro décadas de su fundación en España, Agromillora destaca el rol que ha desempeñado en la modernización de la fruticultura mundial y, particularmente, en Chile, donde desde fines de la década de los noventa ha contribuido a la incorporación de nuevas tecnologías de propagación vegetal, portainjertos clonales y material genético de alta calidad.
La compañía, nacida en 1986 en la región española del Penedès, pasó de ser un vivero especializado en producción de plantas a convertirse en una empresa global con 12 filiales, presencia en más de 25 países y un portafolio enfocado en especies como olivos, cerezos, almendros, cítricos, berries y frutales de carozo.
Su desarrollo ha estado marcado por la incorporación de técnicas de propagación in vitro y una estrecha colaboración con programas de mejoramiento genético y centros de investigación, con el objetivo de ofrecer plantas de mayor calidad sanitaria, trazabilidad y productividad.
La llegada a Chile y el desarrollo de una nueva agricultura
Chile fue uno de los primeros mercados internacionales donde Agromillora decidió expandirse, junto con Brasil. En 1997 creó Agromillora Sur en Río Claro, Región del Maule, en un momento en que la agricultura chilena comenzaba una fuerte expansión hacia los mercados de exportación.
La empresa introdujo tecnologías de propagación in vitro y portainjertos clonales que permitieron elevar los estándares del viverismo nacional y mejorar la calidad del material vegetal disponible para los productores. Uno de los hitos más relevantes fue la introducción del cultivo del olivo.

"Fuimos los primeros en introducir esta especie en Chile. Coincidió con el boom del aceite de oliva y con la llegada de inversionistas que vieron en el país una oportunidad para desarrollar una industria completamente nueva", recordó Mauricio Zúñiga, Key Account Manager de Agromillora Sur.
Durante ese proceso se establecieron cerca de 16.000 hectáreas de olivos utilizando más de 32 millones de plantas propagadas bajo altos estándares sanitarios y genéticos.
Zúñiga destacó que el principal aporte fue la incorporación de plantas clonales provenientes de planteles madre certificados.
"Eso permitió cambiar la agricultura nacional y desarrollar una industria del aceite de oliva que prácticamente no existía en Latinoamérica", afirmó.
Los portainjertos in vitro cambiaron el viverismo nacional
La introducción de plantas clonales también modificó la forma en que se establecían los huertos frutales. Hasta fines de los años noventa era habitual que muchos productores elaboraran sus propias plantas, con resultados variables en calidad y comportamiento agronómico. La propagación in vitro permitió disponer de plantas uniformes, con mayor estabilidad productiva y mejor sanidad.
Eduardo Holzapfel, subgerente de Proyectos Estratégicos de Copefrut, explicó que este cambio marcó un antes y un después para la industria.
"Hoy disponer de plantas multiplicadas in vitro significa tener huertos mucho más homogéneos. Eso facilita el manejo, mejora la mecanización y permite automatizar muchas labores que antes eran mucho más complejas", señaló.
A su juicio, la calidad del material vegetal pasó a convertirse en uno de los factores más relevantes para el éxito de cualquier proyecto frutícola.
El cerezo impulsó una nueva etapa de crecimiento
Tras el desarrollo del olivo, la expansión del cerezo durante las últimas dos décadas incrementó la demanda por portainjertos clonales y tecnologías de propagación más eficientes.
Según Zúñiga, uno de los mayores aportes de Agromillora fue desarrollar la multiplicación in vitro de portainjertos para cerezo en Chile.
"Eso cambió la fruticultura nacional en forma radical. Tener portainjertos para cerezo hechos en Chile significó aportar al crecimiento exponencial que tuvo esta industria durante los últimos quince años", indicó.
Añadió que la calidad sanitaria del material vegetal entregado tanto a viveristas como productores fue determinante para consolidar el desarrollo del cultivo.
"Ese fue probablemente uno de los hitos más importantes para la fruticultura nacional, porque transformó tanto la producción como el viverismo chileno", sostuvo.
Desde la industria viverista también destacan ese aporte. Felipe Massanes, de Univiveros, afirmó que Agromillora se ha consolidado como un socio estratégico durante el crecimiento del cerezo en Chile.
"Después del boom del cerezo aparecieron muchos laboratorios, pero Agromillora siempre destacó por su calidad, cumplimiento e innovación. Cuando hemos querido desarrollar nuevos portainjertos o probar alternativas distintas, siempre han estado disponibles para trabajar en conjunto", comentó.
Innovación también llegó a ciruelos, almendros y manzanos
En 2014, la empresa participó en la implementación de las primeras plantaciones comerciales de ciruelo D'Agen en sistema de seto utilizando el portainjerto enanizante Rootpac 20, tecnología que posteriormente también encontró aplicaciones en almendros y nectarines.
Entre sus principales características destacan el menor vigor, un crecimiento compacto, mayor precocidad, adaptación a suelos pesados y la posibilidad de establecer huertos de alta densidad que facilitan la mecanización y reducen los costos de manejo.
En manzanos, la incorporación de los portainjertos Geneva también ha permitido establecer plantaciones más eficientes gracias a un mejor control del vigor, mayor precocidad y resistencia al pulgón lanígero.
Un viverismo más profesional
Para Holzapfel, uno de los principales cambios de las últimas décadas ha sido la profesionalización del viverismo chileno.
"Los viveros eran históricamente uno de los puntos más débiles de la cadena productiva. Hoy se han profesionalizado y empresas como Agromillora han contribuido a elevar considerablemente el estándar del sector", afirmó.
Agregó que actualmente el vivero dejó de ser únicamente un proveedor de plantas para transformarse en un actor que participa activamente en el éxito productivo de los huertos.
"Hoy ya no basta con vender plantas. El huerto es mucho más homogéneo, el manejo resulta más predecible y la producción también. Eso antes no se veía", explicó.
Diversificación y nuevos desafíos
La evolución de la fruticultura chilena también ha impulsado una mayor diversificación productiva. Samuel Escalante, director de Viveros El Tambo, indicó que actualmente no existe una especie dominante como ocurrió anteriormente con el cerezo.
"Hoy los productores están evaluando distintas alternativas y buscando proyectos más equilibrados desde el punto de vista económico", señaló.
Este escenario ha incrementado la demanda por nuevas variedades y soluciones genéticas adaptadas a diferentes sistemas productivos.
Entre ellas destaca la variedad de frutilla Alpina10, que ha mostrado buenos resultados en producciones locales por su tamaño de fruta, contenido de sólidos solubles y productividad por hectárea.
Mirando los próximos 40 años
A casi tres décadas de su llegada a Chile, Agromillora asegura que continuará enfocando sus esfuerzos en desarrollar soluciones genéticas y tecnologías que permitan mejorar la competitividad de la fruticultura.
La compañía reafirmó su compromiso de seguir trabajando junto a productores, viveros, asesores y empresas agrícolas, aportando material vegetal con altos estándares de calidad, sanidad y trazabilidad para responder a los desafíos de una agricultura cada vez más tecnificada, sostenible e innovadora.
*Fotografías Agromillora.
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