Industria de la cereza chilena enfrenta ajuste: “No es terminal, es una reconfiguración”

Industria de la cereza chilena enfrenta ajuste: “No es terminal, es una reconfiguración”

La docente de la Pontificia Universidad Católica de Chile e investigadora, Marlene Ayala, conversó con Portalfruticola.com, instancia en la que analizó la situación actual del sector de la cereza del país, afirmando que el momento actual de la industria es complejo, pero no terminal. Añadió que el sector se encuentra en una etapa de transición hacia un nuevo equilibrio productivo y comercial.

Estamos frente a un ajuste importante. La industria ha estado golpeada por los bajos precios en destino y por un escenario internacional que ha encarecido los costos. Pero esto no significa el fin del negocio, sino una reconfiguración”, sostuvo la académica.

La nueva prioridad en cerezas

Desde la temporada pasada ya se percibe un ajuste en los márgenes, donde la eficiencia dejó de ser una opción para convertirse en una necesidad.  En ese sentido, explicó que el foco debe estar en optimizar cada componente del sistema productivo de la cereza, eliminando gastos innecesarios y maximizando el retorno de cada intervención agronómica.

Señaló que el alza del dólar, el encarecimiento de los fertilizantes, el aumento en los combustibles y las tensiones geopolíticas han presionado con fuerza los costos de producción. Frente a ello, la recomendación es clara: hacer más con menos.


Industria de la cereza chilena enfrenta ajuste: “No es terminal, es una reconfiguración”

Marlene Ayala, docente de la Pontificia Universidad Católica de Chile e investigadora.


“Hay que revisar en detalle todos los programas de manejo. No se trata de hacer menos, sino de hacer lo justo y en el momento correcto”, indicó.

Consultada sobre qué ajustes se pueden aplicar, explicó por ejemplo, justar las aplicaciones de fertilizantes a los períodos en que el árbol tiene mayor capacidad de absorción, evitando prácticas generalizadas que no necesariamente generan beneficios proporcionales.

“Nutrientes como el nitrógeno, potasio o calcio, que representan un gasto relevante, deben aplicarse estratégicamente para maximizar su eficiencia de uso”.

El principal costo 

Al analizar los costos productivos, dijo que uno de los aspectos más críticos del cultivo es el alto valor de la mano de obra, que en muchos casos supera el 50% del costo total por hectárea. 

En este ámbito, comentó que la industria ya está implementando cambios relevantes, como podas más técnicas, precisas y planificadas, así como ajustes de carga temprana para reducir labores posteriores como el raleo. 

Otras estrategias incluyen la incorporación creciente de poda mecánica, la reducción del tamaño y volumen de los árboles, y un diseño simplificado en la arquitectura productiva.

La investigadora destacó que estas medidas no solo permiten disminuir costos, sino también mejorar la eficiencia de labores como la cosecha, reduciendo tiempos y facilitando el trabajo en terreno.

“La mecanización, aunque parcial, puede generar ahorros del orden del 10% al 15% en mano de obra. Y en este escenario, todo suma”, indicó Ayala.


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Uso inteligente de insumos

Uno de los pilares para mejorar la competitividad es el manejo sanitario preventivo. Al respecto, la investigadora explicó que, en lugar de reaccionar ante problemas ya instalados, la recomendación es anticiparse mediante monitoreo constante y prácticas de manejo adecuadas.

Agregó que esto no solo reduce la incidencia de enfermedades, sino también el uso intensivo de productos fitosanitarios, como el cobre, cuyo uso excesivo implica mayores costos y más pasadas de maquinaria en los campos.

“Si un productor previene, puede reducir significativamente las aplicaciones. Cada pasada de maquinaria tiene un costo, tanto en combustible como en tiempo”, indicó Ayala.

El ajuste también se está reflejando en decisiones estructurales. En distintas zonas del país, especialmente aquellas con mayores limitaciones climáticas o productivas, se observa un proceso creciente de reconversión.

Al respecto, Marlen Ayala, explicó que los huertos antiguos, poco productivos o con variedades obsoletas están siendo reemplazados, mientras que algunos productores optan por cambiar de rubro o vender sus campos ante la imposibilidad de sostener la rentabilidad del negocio.

Si bien en años recientes hubo un fuerte impulso por incorporar nuevas variedades, especialmente más tempranas o tardías para ampliar la ventana comercial, la docente señaló “hoy el escenario es más cauteloso”.

Dijo que muchas de estas variedades no han cumplido con las expectativas en términos de rendimiento o estabilidad, lo que, sumado a los altos costos asociados a royalties, ha frenado su adopción.

“Los productores están esperando ver resultados concretos antes de invertir. Hoy prefieren variedades tradicionales, más conocidas y sin costos adicionales”, explicó Ayala.

Asimismo, indicó que algunos productores están evaluando la migración hacia otros cultivos como carozos, kiwi y avellano europeo. 

A su juicio, “el mercado va a hacer el ajuste; se van a eliminar las superficies menos competitivas y se va a concentrar la producción en los mejores lugares”.


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Otro punto de análisis fue la arista comercial, debido a la alta dependencia de China, que sigue siendo un factor estructural.

“Aunque se exploran nuevos mercados como India, Europa o Norteamérica, ninguno logra absorber los volúmenes ni ofrecer los precios que históricamente ha entregado el mercado chino”, comentó la investigadora.

 “China sigue siendo el mejor mercado, pero ya no es infinito. Además, su propia economía también enfrenta dificultades”, advirtió Ayala.

El próximo salto de la industria 

En medio de la crisis, muchas veces cuesta ver las soluciones. Ayala proyecta que la automatización aparece como una de las principales oportunidades de mejora.

“La incorporación de tecnología en packing, como sistemas de selección automatizada y robotización, permite reducir costos laborales y aumentar la eficiencia”, indicó.

Asimismo, señaló que existen oportunidades que puede implementar el sector, como la optimización del embalaje, reducción de costos energéticos y mejora en logística y transporte.

Pese a las dificultades, Ayala insiste en que la industria de la cereza en Chile sigue teniendo bases sólidas. La demanda internacional se mantiene, la experiencia productiva es alta y existe espacio para seguir mejorando.

El desafío, a su juicio, es adaptarse a un nuevo escenario, donde la rentabilidad dependerá de la eficiencia, la calidad y la capacidad de tomar decisiones estratégicas.


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