Riego, la brecha entre Chile y Perú
Escrito por: Juan Manuel Mira, Presidente de Chilealimentos.
En el Encuentro Nacional del Agro (Enagro 2026) quedó planteado un contraste que debería encender todas las alarmas. El presidente de la SNA, Antonio Walker, relató que tras visitar Perú junto al biministro de Economía y Minería, Daniel Mas, la delegación volvió impresionada: nuestro vecino proyecta invertir US$24 mil millones, con una alianza público-privada, para regar 2,6 millones de hectáreas.
Chile, en cambio, tiene 902 mil hectáreas bajo riego según el último Censo Agropecuario, un 18,6% menos que las más de 1,1 millones que regaba en 2007. Mientras Perú amplía su frontera agrícola y gana escala como competidor en congelados, conservas y deshidratados, nosotros la vemos achicarse.
Las cifras ya muestran que el escenario cambió. Un estudio del Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego del Perú (Midagri) sobre la evolución de las exportaciones agrícolas de ambos países constató que en 2025 Chile envió al mundo US$10.789 millones en productos agrícolas vegetales y Perú, US$10.730 millones. Una diferencia de apenas 0,5%, que el propio informe califica como un empate técnico. En el caso peruano, el 68% corresponde a fruta fresca, liderada por arándanos (US$2.457 millones), uva de mesa (US$1.960 millones) y palta (US$1.363 millones); en el chileno, la fruta llega al 90%, con las cerezas a la cabeza (US$3.486 millones). Y si se suman café, cacao y otros productos, las agroexportaciones totales del Perú alcanzaron US$15.013 millones.
Entre 2010 y 2025, las exportaciones agrícolas peruanas crecieron a un ritmo promedio de 11,4% anual, frente al
6,7% de las chilenas. El estudio proyecta que Perú nos superará este 2026 y consolidará esa ventaja en 2027.
Estamos a punto de perder una posición que dimos por descontada.

Juan Manuel Mira, Presidente de Chilealimentos.
Lo de Perú no es fruto del azar ni solo de su clima, que en la costa funciona como un invernadero natural. Es el resultado de una política de Estado sostenida y de una decisión clara: el agua es infraestructura productiva y hay que llevarla donde hay tierra disponible.
Los proyectos Olmos y Chavimochic, que significaron inversiones por cerca de US$3.000 millones, incorporaron 50 mil hectáreas nuevas, mejoraron el riego de otras 33 mil, generaron 148 mil empleos y produjeron, según ProInversión, unos US$18.000 millones en valor económico en los últimos doce años.
Y lo que viene es todavía más ambicioso. Hace pocos días, ProInversión presentó en Chile una cartera de cinco proyectos en marcha (Chavimochic III, Olmos II, Majes Siguas II, Chinecas y Poechos) por US$7.510 millones, que permitirían ampliar y mejorar el riego en 395 mil hectáreas e incrementar las exportaciones en US$6.000 millones.
A ellos se suman seis proyectos de mediano y largo plazo por otros US$12.490 millones, que intervendrían 894 mil hectáreas adicionales. Para destrabar obras que estuvieron paralizadas por años, Perú recurrió además a acuerdos de gobierno a gobierno: Canadá presta asistencia técnica para la tercera etapa de Chavimochic, una obra de US$750 millones, y Japón hará lo propio con Majes-Siguas.
Para la agroindustria chilena este dato es especialmente sensible. Perú ya no compite solo en fruta fresca. Sus exportaciones de frutas congeladas alcanzaron US$436 millones en 2025, con un alza de 68% en valor y de 80% en volumen respecto del año anterior, y su oferta de mango, alcachofa, espárrago y pimiento en conserva se ha consolidado en Estados Unidos y Europa.
Con cientos de miles de hectáreas nuevas bajo riego en los próximos años, esa capacidad de proceso seguirá creciendo, con materia prima abundante y a escala.
Sin materia prima no hay agroindustria. Si Chile no expande su riego, nuestras plantas de congelado, conservas, jugos y deshidratados pierden abastecimiento, operan con capacidad ociosa y se vuelven menos competitivas. La sequía explica una parte importante de la caída de la superficie regada, pero no puede ser una excusa para resignarnos. Hemos avanzado en tecnificación y eficiencia, y debemos seguir haciéndolo, pero eso no basta: necesitamos nueva agua, mediante embalses, infiltración de acuíferos, reúso de aguas servidas tratadas o
desalación.
En este contexto, iniciativas como "Regar el Desierto" son una oportunidad, siempre que piensen en toda la cadena: plantas de proceso, empleo local y alianza con la minería. El norte de Chile ya cuenta con una creciente red de plantas desaladoras impulsadas por la gran minería, y existe experiencia en el uso compartido de esa infraestructura con fines urbanos y agrícolas.
Aprovechar esas sinergias, con energía renovable competitiva y reglas claras de largo plazo, puede abrir nuevas zonas productivas.
A ello se suma otro tema no menor: el costo de producir. El congelado, el deshidratado y la cadena de frío son intensivos en energía, y la hora punta en abril, en plena temporada, junto a las ineficiencias en puertos y logística, resta competitividad. Mientras nuestras empresas enfrentan esas cargas, Perú fortalece su conexión directa con Asia a través del megapuerto de Chancay y ofrece a los inversionistas una cartera de proyectos con plazos y reglas definidas.
En Chile, en cambio, una obra de riego de envergadura puede tardar décadas entre su diseño y su puesta en marcha, atrapada en permisos y tramitaciones.
La lección que deja Perú no es que debamos copiar su modelo al pie de la letra, sino que el crecimiento agrícola es, en buena medida, una decisión de política pública. Allí, el Estado asumió la construcción de la gran infraestructura hídrica y dejó al sector privado el desarrollo productivo de las tierras, con contratos de largo plazo y una cartera que
trasciende a los gobiernos de turno. Chile tiene la experiencia, el capital humano, los acuerdos comerciales y la reputación sanitaria para competir. Lo que nos falta es una hoja de ruta hídrica con metas concretas de nuevas hectáreas regadas, financiamiento y plazos exigibles.
No controlamos los precios internacionales, pero sí lo que depende de nosotros: agua, energía y logística. Hemos logrado mucho con 900 mil hectáreas regadas, pero ¿por qué no pensar en grande? Perú nos está demostrando que se puede. Es lo que necesitamos para volver a crecer y ser competitivos como antes.




