La silenciosa revolución del arándano en Georgia: un modelo de integración único a las puertas de Eurasia

La silenciosa revolución del arándano en Georgia: un modelo de integración único a las puertas de Eurasia

En las fronteras orientales de Europa, resguardada por las imponentes cumbres del Cáucaso y bañada por las húmedas brisas del mar Negro, la República de Georgia lidera una de las transformaciones frutícolas más notables de los últimos años.

El país que vio nacer la viticultura hace ocho milenios busca ahora posicionarse a la vanguardia de la agroindustria moderna a través de un cultivo pequeño en tamaño, pero enorme en valor: el arándano.

Como parte de la estrategia de la International Blueberry Organization (IBO) de fortalecer su vínculo con los países miembros y conocer de primera mano los desafíos y oportunidades del sector, el presidente de la organización, Mario Steta, realizó una visita oficial al país euroasiático invitado por la Georgia Blueberry Growers Association (GBGA).

Durante su recorrido, Steta se reunió con la directiva de la asociación, visitó zonas productivas y sostuvo encuentros con autoridades gubernamentales, incluido el ministro de Protección Ambiental y Agricultura de Georgia, David Songhulashvili.

“Nuestro objetivo fue reconocer y fortalecer el trabajo que la GBGA ha desarrollado desde 2023, con una dinámica de integración centrada en mejorar la producción y el posicionamiento comercial. Georgia está comenzando a convertirse en un actor relevante a nivel internacional”, comentó Steta.

Para Shota Tsukoshvili, CEO de la GBGA, la visita de Steta representó “un fuerte mensaje de reconocimiento y confianza internacional”.

Georgia sigue siendo un país joven y en rápido desarrollo en la producción de arándanos. Cuando uno de los líderes más respetados de la industria mundial del arándano visita nuestras fincas, se reúne con los productores e interactúa directamente con la asociación local y las instituciones públicas, envía una señal muy poderosa a todo el sector: que Georgia es importante, que nuestro progreso está siendo reconocido y que avanzamos en la dirección correcta”, afirmó.

“Para la GBGA, esta visita reforzó una convicción fundamental: que la cooperación internacional y las sólidas alianzas dentro de la industria son esenciales para lograr un crecimiento sostenible”.


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Georgia busca ampliar su ventana productiva

Aunque Georgia es un país relativamente pequeño, con cerca de 3.000 hectáreas de arándanos en producción, sus planes contemplan expandir esa superficie hasta aproximadamente 4.000 hectáreas y alcanzar una producción de entre 27.500 y 33.000 toneladas para 2030.

Según explicó Steta, la diversidad de altitudes y condiciones climáticas ofrece una oportunidad estratégica para ampliar la temporada productiva.

“Hoy la producción se concentra entre junio y julio. Sin embargo, la combinación de altitud, condiciones ambientales, variedades adecuadas y mejoras tecnológicas podría permitir una ventana que comience a fines de abril o principios de mayo y se extienda hasta septiembre o incluso octubre”, indicó.

A ello se suma una amplia red de acuerdos de libre comercio que otorgan acceso preferencial a mercados que reúnen más de 2.500 millones de consumidores, incluyendo la Unión Europea, China, Turquía, los países de la Comunidad de Estados Independientes (CEI) y los miembros de la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA).

Apuesta por genética avanzada y tecnología

La industria georgiana comprendió rápidamente que competir con variedades tradicionales limitaría su crecimiento en mercados exigentes. Por ello, los productores están inmersos en una profunda renovación varietal, incorporando programas genéticos patentados de última generación orientados a mejorar firmeza, calibre, sabor, vida poscosecha y productividad.

Este proceso se complementa con la instalación de macrotúneles, sistemas de riego tecnificado, sensores de humedad de alta precisión y estrategias avanzadas de manejo nutricional.

Además, el sector ha impulsado la incorporación de conocimiento internacional mediante asesores provenientes de países líderes en exportación de frutas, como Chile y Perú.

“Los líderes de la asociación han recorrido el mundo para identificar y atraer al mejor talento agronómico. Esta transferencia de conocimiento les ha permitido saltarse años de prueba y error y adoptar rápidamente prácticas de clase mundial”, señaló Steta.

El factor humano: un modelo asociativo inédito

Uno de los aspectos que más llamó la atención de la delegación de la IBO fue el modelo de colaboración desarrollado por la Georgia Blueberry Growers Association.

Fundada hace apenas tres años, la organización ha impulsado una cultura de cooperación y transparencia poco habitual en la agricultura moderna. Los productores comparten información técnica, costos de producción, precios de insumos, datos financieros e incluso puntos de equilibrio económico.

“El trabajo que han realizado es increíble. Existe un esfuerzo muy honesto por compartir conocimientos, generar eficiencias y construir una industria más fuerte. Si alguien es el mejor productor, no guarda los aprendizajes para sí mismo; los comparte para que todos mejoren”, explicó Steta.

Esta democratización del conocimiento no se limita exclusivamente al intercambio de prácticas agronómicas o al manejo de la poda en el campo. El verdadero elemento disruptivo radica en compartir las estructuras internas de negocio de las empresas asociadas.

Los miembros comparten abiertamente sus datos financieros, costos operativos por kilogramo producido, precios de compra de insumos críticos y puntos de equilibrio económico. Este nivel de confianza colectiva genera una ventaja competitiva única: permite que la industria eleve sus estándares de manera acelerada, eliminando ineficiencias de costos en los productores más pequeños y consolidando una oferta exportadora homogénea en calidad y precio.

Este singular enfoque de integración impulsado por la GBGA está siendo observado y reconocido por otros productores hortícolas y empresas agroindustriales, así como por el gobierno local, en lo que podría convertirse en un modelo replicable para otros sectores.


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Productividad sorprendente

Durante la visita, Steta recorrió las principales zonas productoras del oeste de Georgia, donde pudo observar tanto los errores de las primeras plantaciones como los avances de los nuevos proyectos desarrollados bajo estándares tecnológicos más avanzados.

En los primeros años, la industria enfrentó problemas asociados a material vegetal de baja calidad, variedades poco adaptadas y deficiencias en la preparación de los suelos. Sin embargo, los huertos de segunda generación están mostrando resultados notables.

“No tenía idea de que Georgia tenía el potencial de alcanzar rendimientos comparables a algunas de las producciones más destacadas de Perú o del sur de América. Hay variedades jóvenes que ya están produciendo seis kilos de fruta por planta, algo realmente excepcional para este tipo de clima y latitud”, afirmó.

La industria también está invirtiendo en infraestructura para congelado IQF, deshidratación y procesamiento industrial, con el objetivo de aprovechar la fruta que no cumple con los estándares del mercado fresco.

Los desafíos para consolidar el crecimiento

Pese al optimismo, Steta identificó tres desafíos estructurales que la industria deberá enfrentar.

El primero es la atomización de la propiedad agrícola. La mayoría de los productores opera superficies de entre 5 y 15 hectáreas, lo que dificulta asumir individualmente los costos de certificaciones, logística y cadena de frío.

El segundo desafío es fortalecer los sistemas de regulación, auditoría y control fitosanitario para responder a las exigencias de mercados como la Unión Europea, Reino Unido y Medio Oriente.

Finalmente, destacó la necesidad de una mayor estabilidad política y administrativa que permita dar continuidad a las políticas de apoyo al sector.

Mercados de nicho y alta rentabilidad

La estrategia comercial de Georgia no apunta a competir por volumen en mercados saturados. Con una producción proyectada de hasta 33.000 toneladas hacia el final de la década, el foco está en nichos de alto valor que privilegian frescura y calidad.

Históricamente, Rusia ha sido el principal destino de los arándanos georgianos. Sin embargo, los esfuerzos de diversificación están dirigidos principalmente hacia Medio Oriente, incluyendo Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita, Qatar y Omán.


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Aunque la compleja situación geopolítica actual en las rutas terrestres circundantes ha generado dificultades logísticas innegables, Georgia mantiene una ventaja significativa en tiempos de tránsito y costos de transporte hacia los aeropuertos y puertos del Golfo Pérsico, muy superior a la de los proveedores ubicados en el hemisferio sur o en el extremo occidental de Europa.

El Golfo es un mercado que no demanda volúmenes astronómicos, pero cuyas cadenas minoristas premium exigen un producto impecable y pagan precios que justifican plenamente las inversiones en alta tecnología y genética patentada realizadas en el Cáucaso.

El segundo gran eje de expansión está conformado por los mercados de Europa Central y del Este, entre ellos Polonia, Alemania y la República Checa. Al ingresar con fuerza durante el mes de junio, Georgia se posiciona estratégicamente en una ventana comercial de alta demanda institucional, justo antes de que las producciones locales del norte y centro de Europa inunden los mercados comunitarios.

Una reflexión final que fue discutida con el directorio de la GBGA estuvo relacionada con el potencial del país para convertirse en un “hub regional”, consolidando la producción de los países vecinos para abastecer los mercados de exportación.

Reconocimiento internacional

La gira del presidente de la IBO concluyó con un balance altamente positivo, consolidando la posición de Georgia como un miembro respetado, dinámico y con voz propia dentro de la comunidad internacional del arándano.

El viaje sirvió para validar el prestigio y el rol de “respaldo global” que la IBO otorga a las asociaciones nacionales que forman parte de la organización, un reconocimiento que los líderes locales han sabido aprovechar para fortalecer su diálogo con actores financieros y autoridades políticas de su país.

En definitiva, Georgia ha demostrado al mundo que incluso industrias de menor escala pueden desarrollarse y competir cuando cuentan con la visión y la ambición adecuadas. Respaldada por la reconocida hospitalidad y calidez de sus ciudadanos, la fórmula del país combina una geografía privilegiada, disponibilidad de agua, acceso a mano de obra, una sorprendente velocidad de adopción tecnológica y, sobre todo, un tejido humano basado en el compromiso, la colaboración profunda y la transparencia absoluta.

El arándano del Cáucaso ha llegado para quedarse y reclamar, por mérito propio, un lugar de liderazgo dentro de la fruticultura mundial.

*Esta historia fue publicada originalmente en el sitio web de la International Blueberry Organization (IBO) el 5 de junio de 2026 | Imágenes cortesía de la IBO.

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