Ola de calor podría afectar cultivos frutales de Chile

03 Enero 2019

El Servicio Meteorológico de Chile emitió una alerta agrometeorológica por una ola de calor entre las regiones de Coquimbo y la Metropolitana, lo que según expertos podría tener un efecto en la industria frutícola. 

La alerta, que se emitió el 2 de enero, indicó que las altas temperaturas se mantendrían hasta el viernes 4 de enero con temperaturas máximas por sobre el umbral mensual, afectando principalmente a los valles y la precordillera.

Para la región de Coquimbo y la Metropolitana se espera que las máximas estén entre los 32 y 35 grados Celsius. En tanto para la de Valparaíso, éstas serían de entre los 31 grados en valle y 36 grados en precordillera.

En esa línea, Sara Alvear, Ingeniera Agrónoma de la Sección de Meteorología Agrícola le comentó a Portalfruticola.com que “las altas temperaturas pueden ser un factor de estrés, pero no siempre generan efectos negativos sobre el crecimiento de cultivos o sobre el desarrollo de los frutos”.

Sin embargo, el cambio repentino de la temperatura ambiente hacia temperaturas altas “produce un cambio brusco de temperaturas al interior de las bayas, lo que genera una alteración fisiológica que está dada en parte porque se produce un desequilibrio entre el ingreso de agua a la planta en las raíces y la transpiración en las hojas, que comenzará a ser mucho mayor que el agua que ingresa”.

Lo anterior puede puede generar quemaduras en la fruta, lo que comienza como un marchitamiento, luego una desecación de las bayas, las que finalmente se tornan de color pardo.

“El tejido se termina por deshidratar y morir”, afirmó.

En tanto, los cerezos podrían manifestar partiduras en frutos que estén en periodo de rápido crecimiento.

“En manzanos podrían observarse daño por deshidratación en el corto plazo, pero tienden a ser más notorios los efectos durante la postcosecha de la fruta y el proceso de conservación en frío, donde aparecerán manchas de coloraciones más claras, pardeamiento, textura harinosa en la zona que está cicatrizando, etc.”.

Temperaturas como las previstas, en el estado actual de los cultivos de vid, manzanos y cerezos (y de todos los otros que están en pleno desarrollo de frutos) generan una rápida evapotranspiración, afirmó la especialista, lo que llevará al límite la capacidad de absorción de agua en las raíces.

“De no contar con la cantidad de agua suficiente en el sustrato para poder evapotranspirar, se producirá el cierre de estomas, marchitamiento, lo que eventualmente puede generar un estrés oxidativo  y dañar frutos, hojas y afectar la producción de la próxima temporada”.

Es por ello, que llamaron a ajustar el riego acorde a la demanda de agua y considerar además de ese monto de agua, una cantidad extra para mantener la humedad en el suelo.

En esa línea, el investigador de INIA Rayentué en la región de O`Higgins, José Manuel Donoso le indicó que en este tipo de situaciones era clave evitar el estrés hídrico en la planta, por lo que “para cumplir este objetivo es vital mantener una supervisión diaria del contenido hídrico del suelo; existiendo diferentes equipos y aparatos para ello, aunque la antigua calicata sigue siendo muy útil y eficaz”, destacó.

Agregó que “en algunas especies, como el nogal, la mayor incidencia solar ha propiciado el uso de bloqueadores solares, principalmente sobre la base de caolinita. Esta práctica ha demostrado evitar golpes de sol en hojas y frutos, e incluso, daños en estructuras leñosas”.

Por otra parte, destacó el uso de mallas cobertoras en uva de mesa y manzanos para evitar el daño producido por el sol, práctica que se ha implementado en los últimos años.

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