Evalúan variedades de pitahaya en Argentina para impulsar el cultivo en el norte del país
La pitahaya, también conocida como fruta del dragón, continúa ganando terreno en Argentina como una alternativa de diversificación para los productores.
En este contexto, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) desarrolla investigaciones para identificar las variedades con mejor adaptación a las condiciones del norte del país y potenciar el crecimiento de este cultivo de alto valor comercial.
Si bien la pitahaya es una incorporación relativamente reciente a la fruticultura argentina, ya existen experiencias productivas en provincias como Formosa, Jujuy, Salta, Misiones, Corrientes y Entre Ríos. En el norte del país, especialistas del INTA trabajan en la evaluación de materiales genéticos y en el manejo agronómico para mejorar la productividad y extender el período de cosecha.
Carina Armella, especialista del INTA Yuto, explicó en una nota de prensa publicada en el sitio web de la entidad, que la pitahaya pertenece a la familia de las cactáceas y se caracteriza por ser un cultivo perenne, rústico y con buena capacidad de adaptación. Sin embargo, advirtió que, pese a tolerar condiciones de sequía, requiere altas temperaturas, humedad y buena luminosidad para lograr una producción comercial.

Fotografías Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA).
Un estudio integral de la pitahaya
Actualmente, el INTA analiza 12 variedades correspondientes a cuatro especies del género Selenicereus, incluyendo materiales de pulpa blanca, roja, fucsia y amarilla (tipo palora), con el objetivo de determinar cuáles ofrecen mejor rendimiento, calidad de fruta y adaptación a las condiciones agroclimáticas del norte argentino.
Uno de los aspectos centrales de la investigación es la capacidad de autofertilidad de cada variedad. Según Armella, algunos materiales requieren polinización cruzada para producir frutos, mientras que otros presentan mayores niveles de autofertilidad, una característica que mejora el cuajado y reduce la necesidad de polinización manual.
Los estudios también incluyen la evaluación de la biología floral, la calidad de los frutos y la respuesta de las plantas a diferentes condiciones ambientales, información clave para que los productores puedan seleccionar material vegetal certificado antes de establecer nuevas plantaciones.

Fotografía archivo.
Otro de los focos de investigación es la influencia de la luz sobre la floración. Debido a su origen tropical, la pitahaya necesita cerca de 12 horas de luz diaria y temperaturas cercanas a 30 °C durante el día para inducir la producción de flores.
Con el fin de extender el período productivo, algunos ensayos incorporan iluminación artificial mediante luces LED, una tecnología que ha permitido prolongar la floración durante parte del otoño, antes de que las bajas temperaturas limiten la actividad fisiológica de la planta.
Con estas investigaciones, el INTA busca generar información técnica que facilite la expansión de la pitahaya en Argentina y contribuya a consolidar este cultivo como una nueva alternativa para la fruticultura del norte del país.
*Fotografía principal Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA).
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