Misión Cereza 30%”: el plan para reducir dependencia de China

Misión Cereza 30%”: el plan para reducir dependencia de China

Escrita por Jorge Valenzuela Trebilcock, director ejecutivo Nueva Vid, director Grupo Hijuelas y Fedefruta

Ahora que se han conocido las liquidaciones de cereza, con resultados en algunas zonas de producción muy malos tras una temporada de sobre exportación y desincronización con la demanda china, la discusión sobre el futuro de la industria tiene que salir sí o sí del concepto de la mal llamada crisis, y llevarnos a una acción, de encapsular el problema y diseñar un plan cuyos efectos puedan medirse en las próximas temporadazs.

Y la misión es la siguiente: tenemos que sacar un 30% de la cereza chilena de China, tenemos que sacar 45 millones de cajas antes que China nos saque a nosotros, una meta exigente como toda empresa se propone en sus directorios, para un período determinado de tiempo y que no significa sacar del sistema una de cada cuatro hectáreas de esta especie en Chile, sino planificar, reconvertir, reubicar y comunicar.

En estos últimos ocho años y porque nos motivamos pese a las advertencias, se plantaron cerezas en todas partes, incluso donde no era aconsejable hacerlo. Desde los productivo, entonces, encuentro toda la razón a quienes han dicho que tiene que volver la agronomía al rubro. ¿Por qué la perdimos? Esto significa un reordenamiento productivo desde las variedades hasta los manejos, pasando por los territorios y los mercados.

Pero yendo al origen, la sobreexportación cerecera de nuestro país a China es la continuación pasiva de la “mentalidad 2018”, cuando ya empezábamos a ver que no era tan claro que tuviéramos un mercado capaz de consumir todo lo que le enviáramos, pero aun así no reaccionamos. Terminamos siendo nosotros mismos nuestros peores competidores en los muelles chinos, y ese 30% de la cereza que debemos sacar de allí, ha hecho que nuestro producto haya perdido valor entre recibidores y consumidores.

Ahora, a la cereza chilena ya no la perciben en China como el artículo de lujo que siempre dimos por hecho que era. No solo eso. Hoy enfrenta una tasa de reemplazo mayor con oferta consistente con lo que se dice que es. Si el valor no conversa con el precio, con el tamaño del hogar promedio, con la ocasión de consumo o con la experiencia efectiva, el consumidor cambia rápido de alternativa.

No se conversa que el promedio de integrantes de una familia china es de solo tres personas, y que a ellos les enviamos cajas de 2,5 kilos que no son capaces de comer antes que se pudra la mitad. Los recibidores chinos sacan esas cajas de los contenedores e intentan cambiar el packaging allá, pero lo único que se logra es perder condición de la cereza. Siempre nos exigen calidad, llegar con la mejor fruta, y llega bien a China, pero esta calidad se rompe allá sin preguntarnos nada sobre el proceso de frío, la cadena y el packaging.

Porque comprar un producto caro, que se rompe y se pudre en el refrigerador de la casa, no es una buena experiencia. Hoy el consumidor chino tiene menos poder adquisitivo, por lo que va a pensar mucho si esto vale la pena.

Además, no podemos seguir subestimando la experiencia de usuario en el e-commerce. El consumidor compra una cereza mirándola en una aplicación, esperando recibir exactamente eso. Si la fruta llega dañada, mal reembalada, o simplemente lejos de la promesa visual, la confianza termina en nada.

Ese es uno de los motivos por el cual nuestra exportación cerecera responde más a nuestras propias expectativas que a la realidad del mercado, porque no estamos frente a un simple exceso de fruta, sino a un envío que muchas veces no está adecuado al panorama actual.


Misión Cereza 30%”: el plan para reducir dependencia de China


La agronomía debe volver a la cereza

Sacar un 30% de la cereza chilena de China, no es pensar en arrancar hectáreas del sistema. Es plantear una meta de industria, medible en tres, cinco o hasta diez temporadas, como lo haría cualquier empresa cuando enfrenta un cambio estructural y tiene que ajustar sus piezas. Aquello, significa entender que debemos encontrar nuevos destinos, nuevas ventanas y nuevas variedades para ser competitiva fuera del actual esquema.

Entonces, ¿qué hacer? Primero, asumir que la “Misión Cereza 30%” es una tarea colectiva. No la resolverá una exportadora sola, ni un productor aislado, ni una campaña sin respaldo operativo. Luego, instalar una meta país: reducir en forma planificada la dependencia de China para un 30% de la oferta chilena, con la tarea de construir mercados donde esa fruta sí tenga sentido para sus consumidores: India, Brasil, Estados Unidos y Europa, en lo posible.

Tan importante como eso, la misión se deberá encargar de acelerar el recambio varietal con una mirada estratégica, dándole al viverista el lugar que corresponde en esta conversación, articulando confianzas y garantizando esa triangulación entre genetista, vivero y productor, con foco en sanidad conocida, adaptación y visión de largo plazo. La agronomía volverá a la cereza, desde la biotecnología, la genética, la colaboración y avances garantizados para los huertos.


Misión Cereza 30%”: el plan para reducir dependencia de China


Que no se nos olvide la historia de la uva de mesa, que tenía un monomercado y una situación cómoda, hasta que empezamos primero a competir con nosotros mismos y luego -y muy fuertemente- con Perú.

Cuando un negocio madura, el recambio pasa a ser una búsqueda activa, en lo productivo y lo comercial. En cereza estamos entrando de lleno en esa etapa, tarde pero sinceramente a tiempo. Que vuelva la agronomía a la cereza, y eso quiere decir patrones correctos, variedades competentes, zonas propicias, manejo fitosanitario y agronómicos de estándar, riego de precisión, cosecha oportuna, packing impecable y condición final que de verdad sostenga el viaje y la promesa comercial.

La “Misión Cereza 30%”, en resumen, es sacar ese porcentaje de nuestra exportación de China antes de que sea el mercado el que, a su manera, nos prive de todo el espacio. El mercado no perdona…. eso es exactamente lo que falta, una meta país con cronograma, con responsabilidades y con liderazgo.


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