Luis Schmidt: “Mandamos demasiadas cerezas y de menor calidad a China”

Luis Schmidt: “Mandamos demasiadas cerezas y de menor calidad a China”

Uno de los personajes que mejor conoce China es Luis Schmidt, ex-embajador de Chile en la República Popular China en dos períodos (2010–2014 y 2018–2022) y también productor de cerezas, quien tiene voz autorizada para analizar la industria frutícola chilena, uno de los sectores más dinámicos y rentables del país en la última década, pero que hoy enfrenta un escenario complejo que pone en duda la sostenibilidad de su modelo de crecimiento. 

Schmidt dijo a Portalfruticol.com que el negocio de las cerezas chilenas “fue extraordinariamente bueno durante mucho tiempo y eso generó un entusiasmo masivo”. 

“Se empezó a plantar cereza en prácticamente todo Chile, pero cuando todos entran al mismo negocio, el equilibrio se rompe”, afirmó.

Tensión estructural

No cabe duda de que el crecimiento de la industria ha sido vertiginoso. En poco más de una década, Chile multiplicó su superficie plantada de cerezos, pasando de unas 15 mil hectáreas a más de 70 mil. Este salto estuvo impulsado principalmente por el mercado chino, donde la cereza chilena se posicionó como un producto premium.

El ex embajador señaló que “durante años, la cereza fue el regalo estrella”. Reemplazó incluso a otros productos tradicionales, incluyendo el vino chileno. Eso generó un mercado muy potente, pero también una dependencia excesiva. 

A su juicio, la última temporada dejó en evidencia las debilidades del modelo. A pesar de las proyecciones iniciales que anticipaban una menor producción debido a factores climáticos, los envíos crecieron de forma significativa.

“Antes del Año Nuevo chino ya se había exportado cerca de un 60% más que la temporada anterior; eso hizo que los precios se derrumbaran y nunca lograran recuperarse”, señaló.


Luis Schmidt: “Mandamos demasiadas cerezas y de menor calidad a China”


Para Schmidt, el problema no fue solo la cantidad, también hubo errores en la gestión comercial y logística. Parte importante de la fruta fue almacenada tanto en origen como en destino, en una apuesta por esperar mejores precios. Sin embargo, esto terminó agravando la situación. “Se juntaron cerezas recién llegadas con cerezas almacenadas. Eso saturó el mercado y generó un escenario completamente desfavorable”, explicó.

Además, algunos importadores chinos que adelantaron pagos decidieron frenar compras o almacenar el producto ante la caída de precios.

La calidad en tela de juicio

Uno de los aspectos más críticos que planteó Schmidt es el deterioro en la calidad de la fruta exportada. A su juicio, el aumento de la oferta llevó a que se enviaran cerezas que no cumplían con los estándares exigidos por el consumidor chino. 

El problema es que esta situación no solo afecta a quienes envían fruta de menor calidad, sino que impacta la imagen del país. “Se va desperfilando el producto chileno y recuperar esa confianza es mucho más difícil”, señaló

Una solución es segmentar mercados y destinar la fruta de menor calibre a otros destinos, evitando saturar al gigante asiático.

Pero, la diversificación de mercados ha sido un desafío pendiente desde hace años y los avances han sido limitados. 

Schmidt comentó: “Esto no es nuevo. Ya en 2019, antes de la pandemia, advertíamos que había que diversificar y racionalizar los envíos a China”.

Pese a las dificultades, Schmidt dijo que China seguirá siendo el principal mercado para la cereza chilena. Sin embargo, considera que aún existe un amplio margen de crecimiento dentro del propio país, especialmente en ciudades del interior.

“No basta con estar en Shanghái o Beijing. Hay que ir más allá, invertir en marketing y posicionar el producto en todo el territorio”, sostuvo.

Entre otros mercados con potencial, mencionó a India, Indonesia, América Latina e incluso Estados Unidos. Sin embargo, cada uno presenta desafíos específicos.

En el caso de India, por ejemplo, puntualizó que Chile cuenta con ventajas arancelarias, pero enfrenta problemas logísticos, con tiempos de tránsito que pueden superar los 50 días. No obstante, plantea alternativas como el uso de rutas indirectas vía Hong Kong para reducir los tiempos.

También destacó el bajo aprovechamiento de acuerdos comerciales con países como Indonesia, donde las exportaciones chilenas aún son marginales.

“A los precios actuales, incluso mercados como Brasil o Estados Unidos pueden ser más rentables que China, pero hay que trabajarlos seriamente”, dijo.

Dada la situación actual, Schmidt expuso que va a haber un ajuste. “Algunos huertos van a desaparecer, especialmente aquellos en zonas menos aptas o con variedades que no cumplen los estándares del mercado”.

Estimaciones del sector apuntan a que hasta un 30% de las plantaciones podrían salir del sistema, aunque Schmidt no descarta que la cifra pueda ser incluso mayor.

Al mismo tiempo, advirtió que nuevas plantaciones están entrando en producción, lo que podría mantener la presión sobre la oferta en las próximas temporadas.

Un punto de inflexión para la industria

Para Schmidt, la industria de la cereza enfrenta un momento crucial. Las decisiones que se tomen en los próximos años serán clave para definir su futuro.

“No es un rubro que vaya a desaparecer. Tiene condiciones extraordinarias y un mercado que sigue siendo atractivo. Pero si no se corrigen los errores, vamos a seguir viendo temporadas difíciles”, advirtió.

Finalmente, manifestó que el desafío es claro: reducir la dependencia de China, mejorar la calidad, ordenar la oferta y entender al consumidor global. 

“Tenemos un producto fantástico. Pero no basta con producirlo, hay que saber dónde, cómo y cuándo venderlo. Y eso hoy día no se está haciendo bien”, concluyó.


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