Un posible 'Súper El Niño' genera preocupación en los mercados de frutas frescas
Las preocupaciones climáticas vuelven a instalarse en la industria exportadora de frutas de Sudamérica, luego de que los pronósticos apuntaran al posible desarrollo de un fuerte evento de El Niño hacia finales de este año.
Según el Centro de Predicción Climática de la NOAA, existe un 61% de probabilidad de que las condiciones de El Niño se desarrollen entre mayo y julio de 2026 y se mantengan hasta fin de año. Científicos citados por BBC Science Focus advirtieron que el fenómeno podría convertirse en uno de los episodios de El Niño más intensos registrados.
Para los exportadores de arándanos de Chile y Perú, los riesgos van más allá de los daños inmediatos en el campo. Lluvias intensas, anomalías de temperatura y eventos climáticos extremos podrían afectar la firmeza de la fruta, la vida poscosecha y la condición general del producto, factores clave en mercados de exportación donde el valor suele definirse tras la llegada al destino.
Efectos de El Niño en Chile y Perú
El posible impacto ocurre mientras ambos países continúan desempeñando un papel relevante en las exportaciones mundiales de fruta fresca. Perú ha seguido expandiendo su industria del arándano bajo condiciones relativamente estables en los últimos años, mientras que Chile sigue siendo un importante exportador de arándanos, cerezas, uvas y frutas de carozo.
Por ello, cualquier interrupción relacionada con el clima que afecte la calidad de la fruta, la logística o la continuidad del suministro podría tener implicancias más amplias para los mercados internacionales de productos frescos.
Aunque lluvias adicionales podrían parecer beneficiosas tras años de sequía y escasez hídrica, precipitaciones concentradas en cortos períodos pueden saturar los suelos, afectar la infraestructura y aumentar la presión de enfermedades en sistemas productivos adaptados a condiciones secas. En arándanos, estas condiciones podrían provocar estrés radicular, menor absorción de nutrientes y desórdenes fisiológicos que impacten la calidad y vida útil de la fruta.
Chile y Perú enfrentan distintos niveles de exposición. En el primero, la producción exportadora se concentra en regiones vulnerables a intensas lluvias invernales e inundaciones, lo que también podría afectar la infraestructura de transporte durante los períodos peak de exportación. El segundo, en tanto, enfrenta preocupaciones ligadas a interrupciones logísticas costeras y fluctuaciones de temperatura que podrían afectar la condición de la fruta y el desempeño de los envíos.
Frente a este escenario, productores y exportadores de la región están revisando sistemas de drenaje, programas fitosanitarios, manejo de suelos y protocolos logísticos como parte de los preparativos ante un posible ciclo climático volátil.
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