Columna de opinión: Ética en el ejercicio de la profesión de Ingeniero Agrónomo. Por Karina Buzetti

19 Marzo 2019

Por Dr. Karina Buzzetti, Directora de Investigación Consultora AgriDevelopment.

Como concepto filosófico, las implicancias de la ética (del griego ethikos: conducta, carácter) y la moral (del griego mos: costumbre, hábito) se disocian. Mientras la ética involucra los valores morales que rigen la conducta de un individuo en la sociedad, la moral incluye costumbres, reglas o acuerdos establecidos por cada sociedad.

Si bien ambos conceptos están vinculados, quiero concentrarme en las implicancias de la ética profesional involucrada en la formación y el ejercicio de las profesiones vinculadas al agro, en especial basándome en el Código de ética del Colegio de Ingenieros Agrónomos de Chile.

Latinoamérica es una variegada gama de realidades agrícolas, donde Chile se ha mantenido como país centrado en la exportación frutícola.

En ese contexto, Buenas Prácticas son implementadas en huertos frutícolas dado la culturización y exigencias del mercado internacional, sin embargo, no es la misma realidad en todos los huertos hortícolas y cerealeros, ya que la profesionalización no ha involucrado a todos los ámbitos productivos, ya sea por falta de difusión del conocimiento; por falta de fiscalización/reglamentación o incluso por simple dejación al ser considerados menos rentables.

Mientras por un lado alzamos voces exigiendo una mayor regulación de la venta de plaguicidas por todas las implicancias de seguridad ambiental, de salud, social e inocuidad alimentaria que se involucran, al no existir una norma que obligue a exigir mayor trazabilidad en la venta o respaldo profesional en el uso de pesticidas; hay también una serie de trabajos en curso que implementar en paralelo para disminuir los riesgos ambientales y de salud pública. Lo que incluye implementar la trazabilidad de la producción; aumentar capacitaciones y entregar herramientas aplicables en todo nivel socioeconómico.

Para ello se requieren trabajos mancomunados llevados a cabo por instituciones del Estado (como MINSAL, INDAP y SAG) o vinculadas al Estado (como INIA); así como también por proyectos de privados, particulares e incluso de estudiantes del rubro.

En ese contexto, quisiera ejemplificar el aporte que realizan algunas universidades destacando el trabajo actualmente realizado por la Universidad de O´Higgins (liderada por el Dr. Manuel Pinto y la Dra. Karen Mesa) donde se ejecutan y planean ejecutar en el corto plazo diversos proyectos de vinculación profesional con liceos agrícolas y productores de la Región de O´Higgins, buscando generar un aporte significativo en ámbitos de inocuidad alimentaria nacional y seguridad ambiental.

Cuando de ética y profesionalismo se trata, todo aporte suma, incluso pequeños proyectos liderados por estudiantes (como el caso del grupo Pacha Rayen, fundado el año 2001 por estudiantes de agronomía en la U. de Chile y activo hasta al menos el año 2009) donde se buscaba, entre otros objetivos, vincular conceptos y buenas prácticas agronómicas en pequeños huertos autosustentables en escuelas públicas y particulares de comunas marginales de la región Metropolitana, así como colaboraciones con algunas comunidades indígenas.

A lo largo de mi formación y ejercicio profesional he sido testigo y denunciante de varias fallas a la ética, que, por no constituir ilegalidad, no revisten gran interés en su corrección.

Esto incluye desde abuso de poder de autoridades; docentes y malas prácticas profesionales al interior de empresas, el plagio descarado en investigaciones científicas conducentes a grado académico y/o publicaciones; a la existencia de conflictos de intereses y la no declaración de ellos en asesores privados o públicos; la competencia desleal entre profesionales y/o entre empresas; así como la ejecución de prácticas de manejo fitosanitario irregulares (malas prácticas en la aplicación de plaguicidas, por ejemplo, utilizando vías de aplicación no autorizados para ello o desechando residuos de manera irregular).

Todos estos conceptos están definidos en el Código de ética del Colegio de Ingenieros Agrónomos, pero aparentemente han sido obviados a lo largo de la formación de varias generaciones de profesionales del rubro, restándole interés en las nuevas mallas académicas. Punto aparte para tratar son otras prácticas ilegales constituyentes de delito como la suplantación de títulos profesionales, falsificación de documentos públicos, publicación de información falsa, etc.

En contraste a lo anterior también me he topado con ejemplos donde, incluso en el ámbito privado, existen iniciativas de colaboración, solidaridad o responsabilidad social-ambiental dignas de resaltar.

Dentro de estos ejemplos (espero existan muchas más, pero me referiré a las que conozco) está el realizado por el grupo Biodiversidad Alimentaria, grupo de profesionales dedicados de manera respetuosa con otras corrientes profesionales al rescate de semillas tradicionales y el rescate de la producción rural e indígena.

Otro ejemplo de una práctica ética es la donación silenciosa realizada recientemente por la empresa Arysta Lifescience luego del reciente evento climático catastrófico por granizo, donde 1080 litros de un producto antiestrés fueron regalados (de manera gratuita, libre de publicidad e incluso sin descuento de impuesto a beneficio de la empresa donante) a productores afectados.

La muestra de empatía sin beneficios económicos directos es una visión ética sin duda impulsada por la visión de buenos profesionales a la cabeza de esos equipos, pues, aunque siga existiendo una visión de negocios detrás, la decisión de invertir utilidades en colaborar y no en diversión u otro tipo de marketing, resulta una visión integral más a largo plazo de la relación empresa-cliente.

En ese contexto está también el constante trabajo realizado en el mejoramiento en la convivencia responsable entre la producción agrícola y el medio ambiente de algunas iniciativas privadas como el proyecto Bayer Forward Farming (Bayer) o el proyecto Operation Pollinator (Syngenta), donde, en el primer caso a través del mejoramiento de la eficiencia de maquinarias; manejo seguro del tratamiento de aguas;  medidas de manejo integrado (implementación de corredores o refugios para insectos benéficos; desecho y uso responsable de residuos de plaguicidas) o en el segundo caso, de un diseño respetuoso de recursos florales como refugio para polinizadores, ambos proyectos señalados buscan apoyar a productores agrícolas aumentando la sustentabilidad ambiental y social de sus producciones.

Por lo anterior, quisiera discernir de aquellas voces que vinculan que lo lucrativo implica necesariamente decisiones no éticas, y más de aquellos que señalan que el fin justifica los medios. A mi juicio, hay una decisión personal, ética, en cómo construimos una sociedad, o en este caso, en cómo nos desenvolvemos como profesionales en el rubro, cómo se lideran proyectos o incluso negocios.

En nuestro grupo, como asesores privados trabajamos con diversas agroquímicas y empresas productoras de alimentos y exportadoras, y en lo personal colaboro voluntariamente con algunas fundaciones y agrupaciones gremiales. Dada la trasversalidad de este trabajo, no podríamos, por ejemplo, tener el conflicto de interés de recibir comisión por recomendación o promoción de productos fitosanitarios (aún cuando no sea una práctica ilegal) pues comprometería la relación con los productores y la imparcialidad de la recomendación.

No obstante, tampoco tendríamos la obligatoriedad ética de incluir a cualquier empresa o marca en una recomendación, dado que nuestra normativa en plaguicidas no implica (como en el caso de los medicamentos) certificar, por ejemplo, a un agroquímico considerado “genérico” la bioequivalencia respecto a la formulación original.

Aún con ello quisiera destacar que, en nuestra experiencia como consultores, también hemos tenido algunos casos donde la formulación de un mismo ingrediente activo ya registrado tiene un mejor comportamiento en cuanto a la duración de su efecto en una formulación considerada genérica, o bien, que algunos productos que tienen registro en un determinado uso en otras realidades productivas no tienen el comportamiento esperado para las exigencias comerciales locales, por lo que quisiera aclarar que no es evidente asumir que una determinada marca sea la respuesta a la necesidad que se requiere resolver en un determinado caso, y en eso es relevante la información científica local.

En consecuencia, basándome en la experiencia más personal y considerándome afecta a falencias y errores, quiero resaltar que el cuestionamiento ético es parte del día a día, y que, aunque faltas a la ética no constituyen necesariamente ilegalidad y pueden ser muy lucrativas, necesitamos como rubro dejar de por obviar ciertos principios o valores por conveniencia propia y mirar nuestro rubro con el compromiso que requiere. Les recuerdo aquel artículo 4 del Código de ética dicta que “El Ingeniero Agrónomo debe extremar su celo profesional, para que este esfuerzo se traduzca en un mayor beneficio para la sociedad, la seguridad alimentaria, la salud de las personas, la protección del medio ambiente y la biodiversidad”.

Fotografía principal: Shutterstock.com

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