Los portainjertos que prometen ser la solución al replante de vides en Chile

09 Agosto 2017

Los portainjertos se han convertido en una herramienta necesaria para la fruticultura a la hora de combatir plagas y enfermedades.

Las uvas tanto vinífera como de mesa son reconocidas como uno de los cultivos más importantes en la oferta exportadora del país sudamericano, el cual cuenta con grandes superficies de ya muchos años, por lo que el recambio resulta vital.

En este contexto, en Chile ya se está hablando sobre tres potenciales portainjertos que podrían dar solución a muchos problemas.

Para conocer más detalles sobre ellos, en Portalfruticola.com, conversamos con Diego Bustos, Jefe de Producto Vides de A.N.A Chile.

Estos portainjertos fueron desarrollados por la UC Davis, los cuales fueron hibridados por el investigador del departamento de Viticultura y Enología de la Universidad de California en Davis, Andrew Walker.

Este es un trabajo que inició hace 15 años atrás, y a la fecha se han obtenido cinco portainjertos, los cuales partieron de la selección de 5.000 individuos. De éstos se partió viendo la facilidad de enraizamiento y vigor, posteriormente se fue viendo resistencia a nematodos y filoxera.

“De los 5.000 individuos, se evaluó primero la resistencia a Xiphinema index, Meloidogyne incognita raza 3 y patotipos A y C. Un total de 24 individuos presentaron resistencia adecuada en las pruebas, posteriormente se probó la resistencia a Meloidogyne arenaria patotipo A, en donde finalmente se seleccionaron los 5 portainjertos que se conocen actualmente, explica Bustos.

De éstos se seleccionaron tres que fueron de mayor interés para Chile, los cuales se trajeron al país y fueron protegidos Registro de Variedades Protegidas del SAG: GRN1, GRN2 y GRN3.

UCD GRN1 corresponde al cruzamiento entre (Vitis rupestris “A de Serres” x Muscadinia rotundifolia “Cowart”), por su parte, UCD GRN2 se origina del cruzamiento entre (Vitis rufotomentosa x (V. champini “DogRidge” x V. riparia “Riparia Gloire”) x V. riparia “Riparia Gloire”, mientras que UCD GRN3 proviene de la cruza entre (Vitis rufotomentosa x (V. champini “DogRidge” x V. riparia “Riparia Gloire”))x V. Champini c9038.

“Primero se evaluó resistencia a nematodos y luego a filoxera. En el caso de GRN1 resultó ser particularmente resistente a filoxera”, informa.

Según indica Bustos, después de evaluar la resistencia a nematodos que es el principal objetivo, se seleccionaron cinco portainjertos que resultaron resistentes a todo, con distintos niveles cada uno, pero resistentes a todas las pruebas exhaustivas en condiciones controladas, en cantidades conocidas de los respectivos nematodos y en contenedor.

Por su parte, GRN2 tiene una alta resistencia a Meloidogyne y Xiphinema index, este último, también conocido como nematodo daga, es particularmente complicado, porque usa su estilete para perforar las raíces y alimentarse, pudiendo transformarse en vector de virus como el virus del entrenudo corto (GFLV).

Por otro lado, GRN3 debería ser resistente a un gran espectro de suelos. Esto se debe a que uno de los padres de este portainjerto es Vitis champini “c9038” que corresponde a una forma de V. champini la que parece tener integrada V. montícola, especie del género Vitis que crece en suelos rocosos muy secos, o suelos rocosos calcáreos. Además, presenta resistencia a los respectivos nematodos.

Bustos explica que el uso de portainjertos nace de una necesidad de la industria, inicialmente con la tarea de reponer los viñedos europeos a consecuencia del ataque de filoxera a finales del siglo XIX, y hoy como una necesidad de los proyectos vitivinícolas en suelos complicados y/o en necesidad de replante, como es conocido, el cultivo de la vid es muy antiguo y extendido.

El desarrollo de los portainjertos en su génesis se dio porque las vides de Europa fueron atacadas por una plaga. Se trata de portainjertos que tienen más de 100 años, por lo que llega un punto en el cual los distintos nematodos han generado resistencia, surgiendo la necesidad de ofrecer nueva genética.

“La gracia de esto es que a nivel mundial la industria del vino y la uva de mesa, tienen mucha superficie que lleva decena de años en producción, por lo que hay un mercado productivo que va a necesitar replantar constantemente”, señala el experto.

En uva de mesa, Chile cuenta con alrededor de 50 mil hectáreas de vid de mesa, que en los últimos 10 años puede ser que fluctúen 500 a 1000 al año, sumado a 130 mil hectáreas de vid vinífera, pero se trata de superficies muy estables, “esto indica que las necesidades de replante son reales”.

“Dentro de los portainjertos diría que los GRN han sido los que han demostrado un potencial de resistencia más elevada que el resto”.

Fotografía: Shutterstock.com

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