Biofertilizantes líquidos fermentados: 5 preparados naturales que puedes elaborar en casa y cómo utilizarlos
Biol, purín de ortiga, Bostol, jugo de plantas fermentadas y aminoácidos de pescado son 5 de estos biofertilizantes líquidos: recetas documentadas, diluciones de referencia, conservación y las precauciones sanitarias que marcan la diferencia entre una práctica artesanal y un manejo agronómico responsable.
1. Introducción a los biofertilizantes líquidos
El encarecimiento de los fertilizantes minerales, la búsqueda de sistemas productivos más circulares y el auge de la agricultura urbana han devuelto protagonismo a una práctica antigua: fermentar residuos vegetales y animales para obtener un abono líquido.
Los biofertilizantes líquidos fermentados permiten transformar estiércol, malezas, brotes tiernos o restos de pescado en insumos que el agricultor puede preparar con recursos propios, a bajo costo y en pequeña escala.
Sin embargo, la popularidad de estas recetas en redes sociales ha difundido también ideas imprecisas: que cualquier fermento equivale a un fertilizante completo, que un pH ácido elimina los patógenos o que más concentración significa mejores resultados.
Ninguna de estas afirmaciones resiste el contraste con la literatura técnica. En esta guía se revisan cinco preparados accesibles para el huerto familiar y la pequeña explotación, con recetas documentadas por FAO, INIA y servicios universitarios de extensión, y se explica cómo dosificarlos, conservarlos y, sobre todo, utilizarlos sin comprometer la inocuidad de los alimentos.
2. Qué son los biofertilizantes líquidos fermentados
Los biofertilizantes líquidos fermentados son mezclas de materiales vegetales o animales, agua y, en algunos casos, fuentes de carbohidratos como melaza, chancaca o azúcar, sometidas a un proceso de descomposición microbiana.
En el uso latinoamericano del término se consideran biopreparados destinados a movilizar nutrientes y materia orgánica hacia formas más aprovechables por las plantas. Conviene subrayar que no deben confundirse con los inoculantes microbianos comerciales, cuya composición y concentración de microorganismos están estandarizadas y registradas.
Las guías técnicas del INIA de Chile describen el biol como un abono natural resultante de la descomposición anaeróbica de distintos desechos orgánicos, y el INIA del Perú lo presenta como un abono líquido obtenido principalmente a partir de estiércol de ganado mediante la acción de microorganismos.
Ambas definiciones coinciden en lo esencial: el producto final es el resultado de una fermentación de materia orgánica en medio acuoso.
2.1. Fermentación aeróbica, anaeróbica y osmótica
En los sistemas aeróbicos, como el purín de ortiga o el Bostol, el recipiente permanece cubierto pero no hermético y suele removerse la mezcla para permitir la entrada de oxígeno.
En los sistemas anaeróbicos, como la mayoría de los bioles de estiércol, el fermentador se cierra herméticamente y los gases escapan a través de una manguera sumergida en agua, que impide el ingreso de aire.
Un tercer grupo, típico de la Agricultura Natural Coreana, incluye las fermentaciones ricas en azúcar, como el jugo de plantas fermentadas y los aminoácidos de pescado: allí la presión osmótica extrae los líquidos de los tejidos y la microbiota asociada transforma progresivamente el sustrato.
2.2. Qué pueden aportar los fertilizantes fermentados
La fermentación puede solubilizar una fracción de los nutrientes y generar ácidos orgánicos y otros metabolitos.
En un estudio de la Universidad de Khon Kaen, en Tailandia, se elaboraron seis fórmulas de fertilizantes orgánicos líquidos a partir de melaza, vinaza de destilería y hojas de caña; en todas se detectaron bacterias fijadoras de nitrógeno y solubilizadoras de fósforo y potasio, y dos de ellas lograron un crecimiento de lechuga en hidroponía comparable al de un fertilizante químico líquido.
Son resultados alentadores, pero corresponden a formulaciones concretas analizadas en laboratorio y no permiten asumir que todo fermento casero tenga las mismas propiedades.
Por eso conviene introducir los fertilizantes fermentados como complementos de un plan de fertilización orgánica más amplio, que incluya compost maduro, coberturas vegetales, análisis de suelo cuando sea viable y una nutrición equilibrada, y no como sustitutos automáticos de todos los nutrientes.
2.3. pH y conductividad eléctrica: indicadores, no garantías
Muchos fermentos ricos en azúcar se acidifican durante el proceso. En un extracto fermentado de noni silvestre con melaza, también estudiado en Tailandia, el producto alcanzó tras 56 días un pH cercano a 3,7 y una conductividad eléctrica de unos 14,5 mS/cm; el mejor índice de germinación en tomate cherry se obtuvo solo al diluirlo 256 veces.
El dato ilustra dos ideas clave: la acidez es habitual en estos preparados, y su elevada carga de sales obliga a diluirlos mucho.
Importante: un pH ácido no es un objetivo universal para biol, purín de ortiga, Bostol, FPJ o FAA, y por sí solo no demuestra la eliminación de Salmonella, E. coli u otros patógenos. En recetas domésticas sin un proceso validado microbiológicamente, el pH debe entenderse como un indicador del avance de la fermentación, no como un certificado de inocuidad.
3. Cinco recetas de biofertilizantes líquidos caseros
Las cinco fórmulas seleccionadas destacan por la accesibilidad de sus materias primas. Sus tiempos de elaboración varían enormemente: desde tres a siete días para un FPJ hasta dos a seis meses para un fermento de pescado. Todas comparten una recomendación de base: preparar lotes pequeños, registrar cada paso y empezar con diluciones conservadoras.
3.1. Biol de estiércol
El biol es probablemente el más difundido de los abonos orgánicos caseros en América Latina. La fórmula recogida por FAO para gran escala emplea 40 kg de estiércol vacuno, 160 L de agua, 5 L de melaza y 1 L de leche. Reducida proporcionalmente para un huerto doméstico, queda así:
- 4 kg de estiércol vacuno.
- 16 L de agua reposada o de lluvia.
- 500 mL de melaza.
- 100 mL de leche.
- Recipiente de 25 a 30 L con cierre hermético, manguera y botella con agua como trampa de gas.
Mezcle los ingredientes, cierre el recipiente y conecte la manguera de salida cuyo extremo debe permanecer sumergido en la botella con agua: el CO₂ escapa, pero el aire no entra. Deje fermentar unos 60 días a temperatura ambiente, en un lugar fresco y sombreado; después filtre y deje ventilar una semana.
La versión del INIA chileno, diseñada para 150 L con 50 kg de estiércol fresco de rumiantes y chancaca como fuente de azúcar, prolonga el proceso de dos a cuatro meses y considera el biol listo cuando ya no salen burbujas por la manguera y se percibe un aroma agradable a levadura.
En invierno recomienda proteger el fermentador del frío, porque las bajas temperaturas pueden detener la fermentación.
La FAO propone concentraciones de 30 a 50 % en horticultura, bastante altas; en macetas resulta prudente comenzar mucho más diluido y observar la respuesta antes de aumentar la dosis. El biol se conserva hasta cuatro meses en recipientes cerrados, en un lugar fresco y ventilado. Por contener estiércol sin un tratamiento térmico validado, su destino más prudente en cultivos comestibles es el suelo, no las hojas ni los frutos próximos a cosecha.
3.2. Purín fermentado de ortiga
El purín de ortiga es la opción vegetal más clásica. Para unos 10 L se necesitan:
- 1 kg de ortiga fresca o 200 g de ortiga seca (partes aéreas).
- 10 L de agua de lluvia o reposada.
- Recipiente no metálico de unos 20 L.
Pique la ortiga, sumérjala y mantenga el recipiente cubierto, pero no hermético, durante dos semanas, removiendo periódicamente. Después filtre y envase en recipientes oscuros, cerrados y no metálicos, donde puede conservarse hasta seis meses.
La guía de FAO propone aplicarlo cada 20 días y estima que medio litro alcanza para aproximadamente un metro cuadrado.
Un ensayo de la Universidad Nacional de La Plata evaluó en plantines de lechuga el purín de ortiga diluido al 10 %, al 50 % y sin diluir, y observó respuestas fisiológicas y de crecimiento que variaron según la concentración.
En macetas y plantas jóvenes, de todos modos, conviene comenzar con aplicaciones moderadas alrededor de la zona radicular, porque la composición de cada lote es desconocida.
Un olor intenso propio de la descomposición vegetal no indica por sí solo deterioro; en cambio, la presencia de insectos, mohos coloreados abundantes o contaminación fecal justifica desechar el lote.
3.3. Bostol con lombricompuesto
El Bostol combina una fuente microbiana, minerales de la ceniza y hojas verdes. La receta recogida por FAO utiliza:
- 20 L de agua.
- 3 kg de estiércol fresco o lombricompuesto.
- 100 g de azúcar y 100 mL de leche.
- 1 kg de ceniza.
- Hojas verdes disponibles, como ortiga, rábano o manzanilla.
Para uso doméstico es preferible elegir un lombricompuesto de procedencia conocida en lugar de estiércol fresco, aunque un vermicompost derivado de deyecciones animales no es automáticamente estéril. Mezcle todo en un recipiente plástico de unos 30 L, cubra y deje fermentar 20 a 30 días, removiendo a diario.
Para riego al suelo, la guía indica una parte de Bostol por cuatro a diez partes de agua; también describe una dilución foliar 1:3, pero en hortalizas de consumo crudo es más prudente reservarlo para el suelo. A diferencia de otros biopreparados, el Bostol debe usarse una vez preparado, por lo que conviene elaborar lotes pequeños.
3.4. Jugo de plantas fermentadas (FPJ)
El jugo de plantas fermentadas, conocido por su sigla en inglés FPJ, es una de las fórmulas más sencillas. La guía de extensión de la Universidad de Hawái recomienda usar puntas de crecimiento de especies vigorosas, ya que las partes duras o leñosas casi no liberan jugo, y evitar la recolección durante o después de lluvias, porque favorece fermentaciones defectuosas.
- Brotes tiernos y sanos (leguminosas, camote, calabaza, verdolaga), libres de material tóxico o contaminado.
- Azúcar morena en igual peso: por ejemplo, 1 kg de brotes y 1 kg de azúcar.
- Recipiente de vidrio o plástico grado alimentario, nunca metálico, cubierto con tela transpirable.
En clima cálido y húmedo la fermentación suele completarse en tres a cinco días y, idealmente, no debería superar los siete. Debe mantenerse lejos del sol y de temperaturas extremas, sin refrigerar durante el proceso. Al terminar, el material vegetal flota, queda líquido en el fondo y aparece un aroma ligeramente alcohólico.
Filtre y aplique habitualmente a 1:500, es decir, 2 mL por litro de agua; en clima caluroso o con preparados concentrados se recomiendan 1:800 a 1:1.000, una vez por semana. Como los microorganismos siguen generando gas, el envase de almacenamiento no debe cerrarse de forma rígida.
Para una guarda prolongada, la guía propone añadir otro peso igual de azúcar morena para retardar el agriado.
3.5. Aminoácidos de pescado (FAA)
Los aminoácidos de pescado o FAA aprovechan residuos ricos en proteína. La publicación de la Universidad de Hawái propone mezclar cabezas, espinas, piel, aletas y vísceras de pescado con igual peso de azúcar morena, disponiendo capas alternas y terminando con azúcar de modo que no quede tejido expuesto.
El recipiente se cubre con tela transpirable y se guarda en un lugar fresco, ventilado, sin sol directo y fuera del alcance de animales. La receta original incluye inoculantes opcionales de Agricultura Natural Coreana; omitirlos es una simplificación doméstica que puede alterar la velocidad del proceso.
La licuefacción comienza a los tres a cinco días, pero la maduración completa requiere dos a seis meses. Un FAA maduro presenta olor dulce y solo ligeramente a pescado; un olor claramente pútrido, rancidez extrema, larvas o mohos visibles son motivos para descartar el lote.
La dilución documentada es 1:1.000 (1 mL por litro), usada principalmente durante la fase vegetativa. Aunque la guía contempla la aplicación foliar, en hortalizas de consumo crudo es sensato preferir el riego al suelo, porque se parte de tejido animal crudo.
La investigación respalda el potencial del recurso, no cualquier receta casera. En Sri Lanka, una solución fermentada de residuos de atún con chancaca en proporción 1:1, aplicada semanalmente al follaje de ají, adelantó la floración y mejoró el crecimiento y el rendimiento respecto del control, con resultados similares al 5 % y al 7,5 %.
En Perú, un biofertilizante de residuos pesqueros aplicado al 1–1,5 % aumentó la altura y el rendimiento del caupí, aunque menos que la fertilización química. Son procesos más controlados que el FAA doméstico y no deben extrapolarse directamente.
4. Comparación, dosis y conservación de los biofertilizantes líquidos
4.1. Tabla comparativa de los cinco preparados

4.2. Cómo ajustar la dilución en huerto y maceta
Las diluciones deben considerarse puntos de partida, no recetas universales. La conductividad eléctrica y la concentración de amonio, sales y ácidos orgánicos varían sustancialmente entre lotes.
En el estudio tailandés sobre fertilizantes líquidos, los productos fermentados durante 30 días y diluidos 1:100 superaron el 100 % de índice de germinación, lo que indica ausencia de fitotoxicidad a esa dilución; los fermentos inmaduros o poco diluidos, en cambio, pueden dañar semillas y raíces.
La variabilidad es real incluso en sistemas controlados. Un trabajo del INIA del Perú con biodigestores en serie comparó un biol de estiércol de cuy con lixiviado de vermicompost: el primero registró concentraciones de nitrógeno de 1,1 a 3,7 g/L y conductividades de 14 a 26,5 mS/cm, además de un contenido de sodio elevado que, según los autores, puede limitar su uso en suelos salinos o mal drenados.
Aun así, ambos productos, diluidos 1:7 y 1:10, aumentaron la biomasa aérea del maíz entre 22 y 28 % respecto del control.
En macetas, donde las sales se acumulan con más facilidad que en suelo abierto, es prudente aplicar inicialmente la mitad o menos de la concentración máxima indicada, observar durante varios días y aumentar solo si no aparecen bordes quemados, marchitez o daño radicular. Es una estrategia conservadora derivada del riesgo documentado de salinidad y fitotoxicidad, no una dosis oficial para cada especie.
5. Seguridad microbiológica de los abonos orgánicos caseros
La regla más importante es separar la fertilización de la inocuidad alimentaria: un cultivo puede responder bien a un fermento y, al mismo tiempo, existir un riesgo microbiológico.
La FDA de Estados Unidos considera las enmiendas biológicas de origen animal, incluidas las preparaciones líquidas elaboradas con estiércol o subproductos animales, una posible vía de contaminación de frutas y hortalizas, y exige que las no tratadas se apliquen evitando el contacto con las partes comestibles.
5.1. Higiene y prevención de la contaminación cruzada
En la práctica doméstica conviene usar agua limpia, recipientes de grado alimentario o destinados exclusivamente al jardín, herramientas lavadas y guantes. No reutilice envases que hayan contenido pesticidas, combustibles o productos químicos; impida el acceso de moscas, roedores y mascotas, y mantenga las fermentaciones lejos de la cocina.
Los utensilios que han estado en contacto con estiércol o pescado crudo no deben emplearse para cosechar sin una limpieza y desinfección adecuadas.
5.2. Intervalos entre aplicación y cosecha
Con biol, FAA o Bostol de origen animal, priorice el riego dirigido al suelo y evite pulverizar lechugas, hierbas aromáticas, frutillas, tomates maduros u otras partes que se consumen crudas.
Como referencia precautoria, el Programa Orgánico Nacional del USDA exige incorporar el estiércol crudo al suelo al menos 120 días antes de la cosecha cuando la parte comestible toca el suelo y 90 días cuando no lo hace; la misma regla se aplica a los extractos o tés elaborados con estiércol sin compostar.
Estos plazos corresponden a la regulación estadounidense y prevalece siempre la normativa de cada país.
Incluso respetando esos intervalos, un fermento doméstico no se convierte en un insumo microbiológicamente validado.
Los tratamientos reconocidos se basan en procesos controlados; el compostaje orgánico estadounidense, por ejemplo, exige mantener entre 55 y 77 °C durante tres días en sistemas cerrados o pilas aireadas, o durante quince días en hileras volteadas al menos cinco veces.
5.3. Riesgos físicos y criterios de descarte
Existe un riesgo poco mencionado: la presión de los gases. El biol anaeróbico necesita una salida mediante trampa de agua, y el FPJ sigue liberando gas durante el almacenamiento, por lo que un cierre rígido puede romper el envase.
Nunca abra un fermentador presurizado acercando el rostro. Como regla de descarte, no intente rescatar un lote con contaminación evidente, insectos, recipiente dañado o hinchado, materias primas dudosas o cambios sensoriales incompatibles con la receta.
6. Beneficios y limitaciones de los fertilizantes fermentados
Entre los beneficios razonablemente respaldados de los biofertilizantes líquidos están el reciclaje de residuos locales, el aporte de una fracción soluble de nutrientes y materia orgánica y, según el proceso, la presencia de microorganismos o metabolitos que participan en la transformación de nutrientes.
En un ensayo en Colombia con maíz híbrido, la aplicación foliar de biol de estiércol bovino produjo plantas más altas que el tratamiento con urea, con un promedio de 2,01 m frente a 1,74 m, aunque no hubo diferencias significativas en el diámetro del tallo ni en el peso de las mazorcas.
La mayor limitación es la falta de estandarización. Dos lotes elaborados con la misma receta pueden diferir en nitrógeno, fósforo, potasio, sales, carbono, microorganismos y metabolitos, según el origen de los materiales y las condiciones del proceso.
Por eso estos abonos orgánicos caseros funcionan mejor como herramientas complementarias que como sustitutos exactos de un fertilizante de composición conocida.
Un enfoque prudente consiste en preparar lotes pequeños, anotar ingredientes, fecha, duración, olor, dilución y respuesta del cultivo, y modificar una sola variable a la vez.
En fincas con uso repetido o comercial es preferible complementar esas observaciones con análisis de pH, conductividad eléctrica y nutrientes; en productos de origen animal destinados a hortalizas frescas, la verificación microbiológica adquiere aún más importancia.
7. Flujo práctico de elaboración de biofertilizantes líquidos
El siguiente diagrama resume el proceso general, desde la elección de la receta hasta el registro de resultados, e integra los puntos de control sanitario descritos en esta guía.


Como material visual complementario, la guía de FAO sobre biopreparados incluye esquemas de distintos preparados latinoamericanos, y la ficha del INIA chileno sobre el biol muestra los componentes del fermentador anaeróbico, útil para entender la diferencia entre un recipiente aireado y uno sellado con control de gases.
Las publicaciones de la Universidad de Hawái sobre FPJ y FAA ilustran con fotografías el picado de los brotes, la proporción 1:1 con azúcar y la disposición en capas de los residuos de pescado.
8. Preguntas frecuentes sobre biofertilizantes líquidos fermentados
¿Qué son los biofertilizantes líquidos fermentados?
Son abonos líquidos obtenidos al fermentar materia orgánica vegetal o animal en agua, a menudo con melaza o azúcar. Aportan nutrientes solubles y metabolitos, pero su composición es variable y no equivale a un fertilizante N-P-K formulado.
¿Cuánto tarda en estar listo un biofertilizante líquido casero?
Depende del preparado: el FPJ tarda de 3 a 7 días, el purín de ortiga unas dos semanas, el Bostol de 20 a 30 días, el biol alrededor de 60 días y los aminoácidos de pescado de 2 a 6 meses.
¿Cómo se diluyen los biofertilizantes líquidos antes de aplicarlos?
Cada receta tiene su referencia, por ejemplo 1:500 para FPJ, 1:1.000 para FAA y 1:4 a 1:10 para Bostol. En macetas conviene empezar con la mitad de la concentración indicada y aumentar solo si no hay daños.
¿Se pueden aplicar en las hojas de hortalizas que se comen crudas?
No es recomendable si el preparado contiene estiércol, lombricompuesto o pescado. Lo prudente es aplicarlo al suelo, evitar el contacto con la parte cosechable y respetar los intervalos previos a la cosecha que fije la normativa local.
¿Cuánto duran almacenados los fertilizantes fermentados?
El biol se conserva hasta 4 meses y el purín de ortiga hasta 6 meses en envases cerrados, oscuros y frescos. El Bostol debe usarse recién preparado, y el FPJ y el FAA no tienen una vida útil validada.
9. Conclusión
Los biofertilizantes líquidos fermentados ofrecen una forma económica y circular de reciclar biomasa local y diversificar la nutrición del huerto. El biol, el purín de ortiga, el Bostol, el jugo de plantas fermentadas y los aminoácidos de pescado pueden elaborarse con materiales sencillos y han mostrado respuestas positivas en diversos ensayos, desde la lechuga hasta el maíz y el ají.
Su valor, sin embargo, depende del criterio con que se usen: recetas reproducibles, diluciones conservadoras, almacenamiento apropiado y registro de resultados. Por encima de todo, conviene recordar que fermentar no equivale a higienizar.
Mientras un preparado con insumos animales no haya pasado por un proceso validado, su lugar es el suelo y no las partes comestibles del cultivo. Dominar esa diferencia es lo que convierte a los fertilizantes fermentados en una herramienta agronómica responsable dentro de un plan integral de fertilización orgánica.
10. Referencias
- FAO, IPES y RUAF. Biopreparados para el manejo sostenible de plagas y enfermedades en la agricultura urbana y periurbana. Serie Cómo Hacerlo. https://www.fao.org/3/a-as435s.pdf
- INIA Chile (reeditado por Portalfrutícola). Elaboración y usos del biol, un abono natural en la agricultura sostenible. 2021. https://www.portalfruticola.com/noticias/2021/09/29/elaboracion-y-usos-del-biol-un-abono-natural-en-la-agricultura-sostenible
- INIA Perú. Manual técnico: producción de biofertilizante líquido acelerado. https://pgc-snia.inia.gob.pe:8443/jspui/bitstream/20.500.12955/1673/1/
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- Microbial succession in a fermenting of wild forest noni (Morinda coreia Ham) fruit plus molasses and its role in producing a liquid fertilizer. Electronic Journal of Biotechnology. https://ejbiotechnology.info/index.php/ejbiotechnology/article/view/v12n3-12/731
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- Effects of foliar application of Fermented Fish Waste Solution from yellowfin tuna (Thunnus albacares) on growth and yield of MI-2 chilli (Capsicum annuum). Ceylon Journal of Science. https://cjs.sljol.info/articles/10.4038/cjs.v52i3.8073
- Biofertilizer based on fish waste increases the yield of Vigna unguiculata L. and Zea mays L. Scientia Agropecuaria. https://revistas.unitru.edu.pe/index.php/scientiaagrop/article/view/5308
- U.S. Food and Drug Administration. Frequently Asked Questions: Biological Soil Amendments of Animal Origin under the FSMA Produce Safety Rule. https://www.fda.gov/media/191501/download
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