Cuatro acciones para que los agricultores se preparen ante una eventual intensificación de El Niño
Los agricultores latinoamericanos ya conocen los efectos que puede generar El Niño sobre la actividad agrícola. Cuando los patrones climáticos se vuelven más extremos, la disponibilidad de agua puede convertirse en uno de los principales desafíos de la campaña.
Ante las advertencias meteorológicas sobre un mayor riesgo de desarrollo de un fenómeno de El Niño durante 2026, productores de la región se preparan para enfrentar posibles periodos de sequía, lluvias irregulares y una mayor presión sobre los recursos hídricos.
En un comunicado, la empresa Komet Irrigation explicó que, si bien los agricultores no pueden controlar las condiciones climáticas, sí pueden mejorar la eficiencia con la que utilizan el agua disponible. Es así como, en temporadas marcadas por una mayor incertidumbre, optimizar el riego puede contribuir a mantener la productividad y reducir pérdidas.
La eficiencia comienza con una correcta aplicación del agua
La agricultura es uno de los principales consumidores de agua dulce a nivel mundial. En un escenario de mayor presión sobre este recurso, mejorar la eficiencia del riego deja de ser solo un objetivo de sostenibilidad y se convierte en una necesidad operativa.
La clave no está únicamente en cuánta agua está disponible, sino también en qué tan eficientemente llega al cultivo, destaca la compañía.
Una aplicación uniforme, una presión adecuada, la correcta selección de aspersores y una programación eficiente del riego son factores fundamentales para aprovechar mejor el agua disponible. Un sistema correctamente diseñado y gestionado permite reducir pérdidas por escorrentía y sobreaplicación, además de favorecer un desarrollo más uniforme de los cultivos.

Fotografía de Komet Irrigation | Archivo.
Según Komet Irrigation, los sistemas modernos de riego por aspersión permiten mejorar la uniformidad de aplicación, reducir pérdidas de agua, ajustar el suministro a las necesidades del cultivo y operar a menores presiones, contribuyendo también a disminuir el consumo energético.
Además, estas tecnologías pueden integrarse con sensores, sistemas automatizados de control y herramientas de gestión del riego, así como mejorar la eficiencia de los programas de fertirrigación.
En este contexto, Sacha Hoffmann, director general de Komet Irrigation, identifica cuatro acciones que los agricultores pueden implementar para mejorar la eficiencia de sus sistemas de riego antes de que aumente la presión sobre los recursos hídricos.
La primera es evaluar el desempeño del sistema de riego, revisando los equipos existentes para identificar oportunidades de mejora en la aplicación del agua, el manejo de la presión y la uniformidad de distribución.
También recomienda priorizar una aplicación uniforme del agua, de manera que los cultivos reciban la humedad necesaria y se reduzcan el exceso de riego y las pérdidas innecesarias.
Una tercera medida es utilizar tecnología para tomar mejores decisiones. El monitoreo de la humedad del suelo, la información meteorológica y los sistemas automatizados de control permiten ajustar la programación del riego de acuerdo con las necesidades reales del cultivo y las condiciones ambientales.

Fotografía de Komet Irrigation | Archivo.
Finalmente, Hoffmann plantea la importancia de prepararse antes de que el agua escasee. Mejorar la eficiencia del riego antes de que lleguen condiciones de sequía entrega mayor margen de maniobra a los productores y permite responder con mayor flexibilidad cuando la disponibilidad de agua comienza a disminuir.
“Cuando el agua se vuelve un recurso limitado, la eficiencia pasa a ser fundamental. Los agricultores necesitan tener la confianza de que cada evento de riego está generando el mayor beneficio posible para sus cultivos”, señaló Hoffmann.
Construir resiliencia antes de la próxima campaña
Para los agricultores de América Latina, prepararse para El Niño no implica únicamente seguir los pronósticos climáticos. También supone fortalecer con anticipación la eficiencia, confiabilidad y desempeño de los sistemas de riego.
A medida que aumenta la variabilidad climática, la capacidad de aplicar el agua de manera precisa y eficiente será cada vez más relevante para mantener la productividad, controlar los costos y avanzar hacia una agricultura más sostenible.
En este escenario, una mejor gestión del agua puede convertirse en una de las principales herramientas de los productores para enfrentar los desafíos asociados a futuros eventos climáticos.
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