Conflicto en Medio Oriente tensiona costos y cadenas del agro global, advierte Rabobank

Conflicto en Medio Oriente tensiona costos y cadenas del agro global, advierte Rabobank

El conflicto en Medio Oriente está generando un impacto significativo en el sistema alimentario global, con efectos que ya se extienden a toda la cadena de valor agroalimentaria, desde los insumos hasta el consumidor final, según el informe Conflict in the Middle East: Impact on global food and agribusiness de Rabobank, elaborador por Justin van der Sluis, Global Head of RaboResearch Food & Agribusiness, y Maria Castroviejo, Senior Analyst - Consumer Foods.

De acuerdo con el reporte, la disrupción en el estrecho de Ormuz —uno de los principales puntos estratégicos para el comercio energético mundial— ha provocado un alza en los precios del petróleo, el gas y los combustibles refinados, lo que se traduce en mayores costos de producción, transporte y logística a nivel global.

Este escenario ha configurado un entorno de riesgo “multicapa”, con volatilidad en el corto plazo y posibles efectos estructurales en el largo plazo sobre precios, márgenes y cadenas de suministro del sector agroalimentario.


Conflicto en Medio Oriente tensiona costos y cadenas del agro global, advierte Rabobank


Sube la tensión en Medio Oriente y con ello la presión sobre fertilizantes y costos agrícolas

Uno de los impactos más inmediatos de lo que ocurre en Medio Oriente se observa en el mercado de fertilizantes. Entre el 25% y 30% de las exportaciones globales de nitrógeno transitan por el estrecho de Ormuz, cuya actividad se ha visto fuertemente reducida, impulsando alzas de precios.

En la primera semana del conflicto, los precios de la urea en el norte de África subieron cerca de un 20%, mientras que el gas natural en Europa registró incrementos cercanos al 70%.

Dado que los fertilizantes representan entre el 40% y 50% de los costos variables en la producción de granos, este aumento está ampliando la brecha entre costos e ingresos de los agricultores, presionando sus márgenes a nivel global.

El informe también advierte sobre disrupciones logísticas relevantes. Restricciones en el espacio aéreo y desvíos en rutas marítimas están elevando los tiempos de tránsito y los costos de flete, además de incrementar las primas de seguros.

Por ejemplo, ya se reportan aumentos de hasta US$4.000 por contenedor en algunas rutas, impactando directamente el costo final de productos como la carne congelada.

Asimismo, los países del Golfo —que importan cerca de US$90.000 millones en alimentos— podrían enfrentar dificultades para abastecerse, obligando a exportadores a redirigir sus envíos a otros mercados.


Conflicto en Medio Oriente tensiona costos y cadenas del agro global, advierte Rabobank


Impacto en granos, proteínas y productos frescos

En el caso de granos y oleaginosas, el efecto ha sido moderado hasta ahora, aunque marcado por una mayor volatilidad y alzas en los costos de transporte.

Para proteínas animales, el panorama es más complejo. El Medio Oriente es un importador clave de carne y productos lácteos, por lo que interrupciones en el comercio están generando acumulación de inventarios en países exportadores y presión a la baja en precios locales.

En frutas y hortalizas, si bien la región no representa una gran proporción del comercio global, el aumento en costos de energía, transporte y envases tendrá efectos transversales en toda la industria.

El alza en los precios energéticos también está impactando sectores clave como el packaging. La región es un proveedor relevante de materias primas petroquímicas utilizadas en plásticos, por lo que cualquier interrupción puede generar escasez y aumentos de costos en envases alimentarios.

En paralelo, industrias intensivas en energía como el papel, el vidrio y los invernaderos enfrentan mayores costos operativos, lo que podría traducirse en nuevas presiones inflacionarias en alimentos.

Riesgo inflacionario, menor consumo y shock global con efectos duraderos

Rabobank advierte que, en un escenario prolongado de altos precios energéticos, la inflación global podría intensificarse, afectando el poder adquisitivo de los consumidores.

Esto se traduciría en un cambio en los hábitos de consumo, con una tendencia hacia productos más económicos y una menor demanda en servicios de alimentación, lo que a su vez presionaría los márgenes de la industria.

En conclusión, el conflicto en Medio Oriente está generando un shock económico global con epicentro en la energía, pero con efectos que se expanden rápidamente hacia fertilizantes, logística, comercio agrícola y consumo.

Si la situación se prolonga, el sector agroalimentario podría enfrentar costos estructuralmente más altos, mercados más ajustados y una presión sostenida sobre la rentabilidad a lo largo de toda la cadena.


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