María Inés Figari, una líder en el rubro chileno: “El futuro del campo depende de las personas que lo hacen posible”
Hoy comenzamos un especial por el Día Internacional de la Mujer, donde destacamos historias y aportes relevantes para la industria frutícola de Latinoamérica. Iniciamos este camino con una chilena que ha desarrollado la producción de uva de mesa en el norte del país: María Inés Figari, presidenta de la Sociedad Agrícola del Norte (SAN).
Su vinculación comenzó cuando la industria del país sudamericano apenas daba sus primeros pasos y la región conocida como el Norte Chico en Chile comenzaba a descubrir el potencial de la fruta de exportación. Figari fue testigo directo de ese proceso y parte del desarrollo del sector.
La presidente de la SAN conoce en profundidad la realidad de la fruticultura en la Región de Coquimbo. “Me siento con mucha tranquilidad de poder contar cómo partió la industria frutícola en la región, porque fuimos parte de eso”, dice.
Inicios de María Inés Figari la fruticultura en Coquimbo
María Inés comenzó su vinculación con la fruticultura tras contraer matrimonio con un productor de la zona, quien fue uno de los pioneros en la exportación de uva de mesa en Chile en la década de 1960.
“Los dos éramos hijos de agricultores, conocíamos la vida rural, pero manejar un campo era otra cosa. Estábamos empezando”, relata.

Los tiempos eran otros. Figari recuerda con claridad una anécdota que refleja las costumbres de la época: cuando comenzaron a contratar mujeres para trabajar en los parrones, tenían que presentar una autorización escrita de sus maridos para evitar conflictos y poder trabajar.
Sin embargo, desde esos primeros años, comprendió que el rol de la mujer en el campo era fundamental.
Un aporte con desarrollo en lo humano
La presidenta de SAN menciona que su aporte inicial a la empresa agrícola familiar estuvo marcado por su formación profesional. Estudió Educación Familiar en la Universidad Católica, una carrera que hoy se conoce como Trabajo Social y desde ahí asumió un rol ligado al bienestar de las personas que trabajaban en el campo, mientras su marido se encargaba de la producción.
“Yo sabía cuáles eran las debilidades en el mundo rural y por dónde teníamos que apoyar”, explica.
Con el tiempo, su participación fue creciendo. María Inés Figari confiesa que la sangre empresarial también la empujó a involucrarse más en el negocio. “Soy nieta de un genovés bueno para el negocio y algo de eso me salió”, dice.
Fue así como, con los años, la empresa dejó de depender de exportadoras intermediarias y comenzó a comercializar su producción de uva de mesa de manera directa.
Pero si hay un aspecto que marcó su gestión desde el inicio fue la preocupación por las condiciones humanas del trabajo agrícola. Un episodio en particular definió una de sus decisiones más importantes: un día, mientras recorría los parrones, vio a un trabajador abrir su almuerzo en una vianda. Dentro había una sopa con arroz que ya estaba fermentado. Aun así, el hombre la comía porque era lo único que tenía para continuar la jornada.
“Eso me conmovió profundamente; dije 'esto no puede seguir siendo así'”. Con la sensibilidad social, María Inés Figari fue una innovadora para la época y para la industria y solucionó la problemática con la creación de un casino para los trabajadores, con alimentación adecuada.
Marcada por la disciplina, Figari quiso hacer las cosas bien y realizó un curso en la Universidad de Chile para profesionalizar la gestión alimentaria.
Con el tiempo, aquella iniciativa tuvo efectos inesperados. Los trabajadores preferían empleos donde se ofrecía comida adecuada, lo que ayudó a fortalecer la relación con el personal en momentos de mayor demanda laboral. Años después, la existencia de espacios de comedor en las empresas agrícolas terminaría incorporándose a la legislación.
Momentos complejos e inicios de un nuevo liderazgo
La historia de María Inés Figari también está marcada por un momento complejo: su separación matrimonial, que la llevó a asumir la dirección de la empresa familiar junto a sus tres hijos.
En ese momento comprendió que el trabajo previo y el foco en lo social habían sido clave. Llegó a liderar una empresa con 80 trabajadores permanentes y hasta 350 personas en temporada alta. El apoyo fue total.

María Inés Figari ha sido destacada por la industria.
Al estar al mando de la empresa, María Inés Figari no dejó de preocuparse por el factor humano, que ha sido su sello, ya que impulsó apoyo psicológico, programas para enfrentar problemas de alcoholismo o drogas y acompañamiento en distintas dimensiones de la vida de los trabajadores.
Para Figari la gran riqueza del campo es su gente y “hay que cuidarla, quererla y escucharla. No pueden ser números”.
Aporte desde lo gremial y el rol de la mujer en el agro chileno
La historia y vinculación con la industria se ha extendido al rol gremial, ya que desde la SAN ha impulsado la creación de un área social orientada al apoyo de comunidades rurales y de la pequeña agricultura familiar.
En plena sequía, por ejemplo, promovieron la entrega de estanques de mil litros para que las familias pudieran almacenar el agua distribuida por camiones aljibe.
“Son pequeñas grandes cosas”, dice. “Las necesidades en el campo a veces son mínimas, pero muy reales”.

En cuanto al rol femenino en la fruticultura Figari tiene una visión clara: “La participación de la mujer ha sido y seguirá siendo esencial. Muchas de las labores en la uva de mesa requieren delicadeza y precisión, cualidades que suelen destacar en el trabajo femenino”.
Pero insiste en que no se trata de una competencia entre hombres y mujeres. “Esto no es una guerra de sexos”, enfatiza.
Después de más de cinco décadas vinculada al sector, su mensaje para las mujeres de la industria es simple, pero profundo: “Trabajar con optimismo y ver en él una forma de crecimiento personal. Es una oportunidad para desarrollarse como persona y eso también se transmite a la familia”.
“El futuro del campo no depende solo de la tecnología o los mercados. Depende, sobre todo, de las personas que lo hacen posible cada día”, concluye.
*Fotografías gentileza Sociedad Agrícola del Norte.
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