La temporada de arándanos de Sudáfrica enfrenta condiciones climáticas extremas: resiliencia ante disrupciones localizadas
Tras las inundaciones invernales sin precedentes registradas en Western Cape, la industria sudafricana de arándanos enfrenta un escenario complejo, marcado por graves daños localizados en infraestructura, variabilidad climática y aumento de los costos operacionales.
Sin embargo, pese a la magnitud de los fenómenos meteorológicos, las proyecciones nacionales de exportación se mantienen notablemente estables.
Lluvias sin precedentes e impactos regionales
A mediados de mayo, un frente frío extremo provocó lluvias torrenciales en Western Cape, generando graves inundaciones en zonas montañosas de captación. Durante un período de tres a cuatro días, las áreas agrícolas ubicadas a mayor altitud registraron niveles extraordinarios de precipitaciones.
Para una zona acostumbrada a un clima mediterráneo, el enorme volumen de agua que descendió hacia las bases de las montañas provocó importantes daños localizados.

Imagen generada con inteligencia artificial.
“En algunos campos registramos entre 300 y 400 milímetros de lluvia durante un período de dos o tres días... Fue mucha lluvia”, señaló Dylan Coleman, gerente general nacional de Winterwood Holdings South Africa.
Pese a las dramáticas precipitaciones, Coleman enfatizó que el impacto físico sobre los cultivos de arándanos fue altamente localizado y no afectó a toda la industria. Mientras algunos productores ubicados al pie de las cuencas montañosas sufrieron graves pérdidas en determinados predios —algunos perdieron más del 70% de su volumen—, otros registraron daños mínimos o nulos en sus cultivos.
Proyecciones de exportación nacional y estabilidad del mercado
Ante las preocupaciones respecto del suministro general del mercado, Coleman aclaró que las perspectivas para los arándanos sudafricanos siguen siendo sólidas. Western Cape representa cerca del 50% de la superficie plantada y alrededor del 60% de la producción total de fruta, mientras que las regiones del norte se encuentran en rápida expansión.
Para la campaña actual, Sudáfrica espera exportar aproximadamente 25.000 toneladas métricas de arándanos, en línea con el desempeño del año pasado. Si bien algunos productores enfrentaron pérdidas catastróficas, los niveles de producción de la industria en su conjunto se mantienen gracias al crecimiento de las regiones del norte y de los campos que no resultaron afectados.
“A nivel de la industria, no creemos que las inundaciones tengan un impacto significativo en nuestro volumen. Sin embargo, hay determinados productores que perderán el 70% de su volumen o más”, comentó Coleman, quien agregó que “matemáticamente, tiene que haber un impacto, pero no creemos que sea significativo”.

Fotografía de archivo | Shutterstock.
Desafíos logísticos y aumento de los costos
Si bien las pérdidas directas de fruta se mantienen contenidas a nivel general, los daños en infraestructura representan importantes obstáculos operacionales para la industria del arándano sudafricano. Los daños en las redes viales, pasos montañosos y sistemas eléctricos obligan al personal agrícola y a la fruta cosechada a utilizar rutas alternativas más extensas, lo que en algunas zonas supone recorrer entre 50 y 60 kilómetros adicionales diariamente.
A esto se suma un incremento cercano al 40% en los costos locales de combustible, impulsado por la dinámica global del precio del petróleo, lo que ha elevado considerablemente los costos logísticos de las fincas.
“Los desafíos logísticos... afectan de dónde proviene nuestro personal y cómo trasladamos nuestra fruta a los puertos y a las cámaras frigoríficas. Los costos adicionales de transporte y logística están comenzando a ser significativos”, dijo Coleman.
Cambio climático: de las inundaciones a una sequía histórica
Quizás una de las observaciones más llamativas de Coleman tiene relación con la volatilidad de los patrones climáticos recientes. Apenas dos meses después de las históricas inundaciones de mayo, el Aeropuerto Internacional de Ciudad del Cabo registró en julio su menor nivel de precipitaciones desde 1958.
“En mayo tuvimos inundaciones y en julio registramos las precipitaciones más bajas desde 1958... El clima ya no es tan estable como solía ser. Los eventos extremos definitivamente se están volviendo más extremos”, indicó.
De cara al futuro, Coleman señaló que la sostenibilidad de largo plazo de la agricultura dependerá de la capacidad de adaptación, las inversiones en almacenamiento de agua y, potencialmente, del traslado de futuras plantaciones hacia zonas geográficas de menor riesgo, a medida que las fluctuaciones climáticas se vuelvan más frecuentes en las regiones productoras del hemisferio sur.
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