Mejorando el potencial radical de las plantas: prácticas, insumos y recomendaciones agronómicas

Introducción

El potencial radical de las plantas es uno de los factores agronómicos más determinantes para alcanzar altos rendimientos y cultivos resilientes. Sin embargo, durante décadas el manejo agronómico se centró casi exclusivamente en la parte aérea: hojas, tallos, frutos y granos. Las raíces, ese universo subterráneo, quedaron relegadas a un segundo plano, invisible e incomprendido.

Hoy sabemos que un sistema radicular vigoroso es la base de cualquier cultivo productivo. Las raíces no solo anclan la planta al suelo: absorben agua y nutrientes, sintetizan hormonas vegetales, interactúan con microorganismos benéficos y determinan la capacidad de la planta para tolerar estreses como sequía, salinidad, compactación o presencia de patógenos. Potenciar el desarrollo radicular es, en definitiva, invertir en la salud integral del cultivo.

Este informe revisa de manera sistemática y práctica las principales estrategias agronómicas para mejorar el potencial radical: desde prácticas de labranza y manejo de agua, hasta el uso de microorganismos benéficos, bioestimulantes, polímeros superabsorbentes y enmiendas orgánicas. Se incluyen dosis orientativas, condiciones de uso, beneficios esperados, riesgos, comparaciones por tipo de cultivo y criterios de monitoreo de la salud radicular. El objetivo es ofrecer una guía técnica de consulta para productores, asesores agrícolas y técnicos de campo que buscan optimizar su manejo subterráneo con base en evidencia.

1. Contexto y objetivos agronómicos del manejo radicular

Las raíces de las plantas cumplen funciones esenciales e insustituibles: absorben y transportan agua y nutrientes, anclan la planta en el suelo y sintetizan hormonas vegetales que regulan el crecimiento. Un sistema radicular vigoroso permite explorar un mayor volumen de suelo, mejorando la eficiencia en el uso de agua y fertilizantes, y aumenta la tolerancia a factores limitantes como la sequía, la salinidad y la compactación.

Los objetivos agronómicos del manejo radicular incluyen maximizar el desarrollo radicular para elevar rendimientos, reducir pérdidas por erosión o lixiviación, y disminuir la dependencia de insumos químicos. En términos prácticos, se busca mantener un suelo aireado, nutrido y biológicamente activo para sostener raíces sanas durante todo el ciclo del cultivo.

La investigación reciente ha demostrado que la mejora del potencial radical puede traducirse en incrementos productivos significativos. Por ejemplo, la inoculación con micorrizas arbusculares en frijol elevó la biomasa aérea hasta un 45% y aumentó el rendimiento entre un 13 y un 45% respecto a testigos sin inocular. Estos resultados evidencian que invertir en el sistema subterráneo del cultivo tiene retornos económicos concretos.

2. Labranza y estructura del suelo

La preparación del suelo influye directamente en la porosidad, la aireación y la biota microbiológica, condicionando el desarrollo radicular desde las primeras etapas del cultivo. La elección del sistema de labranza es una de las decisiones agronómicas con mayor impacto sobre la salud radicular a largo plazo.

La labranza convencional (volteo profundo) elimina costras superficiales momentáneamente, pero tiende a compactar las capas inferiores y acelera la degradación de la materia orgánica. Con el tiempo puede formarse una capa dura impenetrable que reduce el oxígeno disponible y dificulta la penetración radicular en profundidad.

En contraste, la labranza de conservación o mínima altera poco el suelo, dejando los residuos del cultivo anterior en superficie. Estudios demuestran que esta práctica incrementa la materia orgánica y la capacidad de retención de agua del suelo, protege el humus y disminuye la erosión. La labranza cero puede reducir hasta un 30–50% la pérdida de humedad superficial, generando condiciones más favorables para el potencial radical.

2.1 Condiciones de uso y recomendaciones

  • Mecanismo: La reducción del volteo promueve la formación de agregados estables y mantiene biopelículas beneficiosas. Mejora la infiltración y la oxigenación de las capas superficiales, evitando la compactación del subsuelo.
  • Cultivos recomendados: Cereales (trigo, maíz), oleaginosas (soja, canola), forrajes perennes. En hortalizas se puede alternar surcos labrados con franjas sin labrar.
  • Dosis/tiempo: En cereales anuales, siembra directa sin volteo cada ciclo. En huertos frutales, un subsolado superficial inicial seguido de cubierta vegetal permanente.
  • Riesgos: Incremento de malezas (requiere control alternativo), posible acumulación de pH bajo en superficie, incompatibilidad con suelos muy arcillosos o anegadizos.

3. Riego y manejo de humedad

El riego optimizado es clave para mantener el potencial radical en condiciones óptimas. Las raíces necesitan humedad disponible y oxígeno al mismo tiempo; el exceso de agua genera asfixia radicular, mientras que el déficit hídrico detiene el crecimiento de raíces finas y pelos absorbentes. Encontrar el equilibrio entre estos extremos es esencial para el desarrollo radicular.

Se recomienda el riego fraccionado con sistemas localizados (goteo o microaspersión) que mantengan el suelo húmedo sin saturarlo. La uniformidad del riego promueve una distribución homogénea de raíces finas en todo el perfil explorado, maximizando la absorción de agua y nutrientes.

3.1 Riego por goteo y su efecto sobre el sistema radicular

El riego por goteo entrega el agua directamente a la rizósfera, espaciando las aplicaciones según la demanda evapotranspirativa del cultivo. Esta práctica evita que las raíces permanezcan en suelos inundados (con déficit de O₂) y al mismo tiempo previene el estrés hídrico severo. Los beneficios incluyen mayor eficiencia en el uso del agua, reducción de enfermedades radiculares y mayor distribución de raíces activas a lo largo del ciclo.

  • Dosis orientativas: En maíz, 20–30 mm por semana mediante goteo; en frutales, 8–12 L/hora por gotero en varios turnos diarios (ajustar según clima, suelo y fenología).
  • Señales de alerta: Raíces ennegrecidas o blandas indican encharcamiento; raíces blanquecinas sin pelos absorbentes indican estrés hídrico o nutricional.
  • Monitoreo recomendado: Uso de tensiómetros o sondas de humedad para ajustar la frecuencia de riego en tiempo real.

4. Fertilización y enmiendas químicas

Un programa de fertilización balanceado estimula el desarrollo radicular y mantiene el potencial radical durante todo el ciclo del cultivo. La clave no es solo la cantidad de nutrientes aplicados, sino su distribución en el tiempo y en el perfil del suelo.

4.1 Macronutrientes: N, P, K, Ca y Mg

  • Nitrógeno (N): Dosis iniciales moderadas favorecen el crecimiento radicular sin estimular excesivamente la parte aérea. Se recomienda fertilización fraccionada (100–200 kg/ha de N total según análisis de suelo), aplicando parte en pre-siembra y el resto en cobertera.
  • Fósforo (P): Crítico para el enraizamiento, la nodulación y la colonización micorrízica. Niveles levemente bajos de P movilizan mayor crecimiento radicular como adaptación. Dosis típica: 30–80 kg/ha de P₂O₅ en banda de siembra. Precaución: altos niveles de P pueden inhibir la colonización por micorrizas arbusculares.
  • Potasio (K): Mejora la resistencia al marchitamiento y la movilidad radicular. Dosis media recomendada: 50–100 kg/ha de K₂O.
  • Calcio (Ca): Esencial para la elongación de la raíz. Su ausencia detiene rápidamente el crecimiento radicular. En suelos ácidos, el encalado provee Ca y contrarresta toxicidades de aluminio.
  • Magnesio (Mg): Apoya la función clorofílica; sus deficiencias también restringen el sistema radicular.

4.2 Micronutrientes y corrección de pH

El boro (B) es fundamental en los meristemas radiculares; su deficiencia limita el número de pelos absorbentes. El zinc (Zn) se moviliza eficientemente a través de micorrizas y mejora el vigor general de las raíces. El molibdeno (Mo) resulta clave para la fijación biológica de nitrógeno en leguminosas.

La corrección del pH mediante encalado (2–5 t/ha de cal agrícola para elevar el pH un punto) es una práctica fundamental en suelos ácidos, ya que mejora la disponibilidad de casi todos los nutrientes y potencia las condiciones para una salud radicular óptima.

5. Rotación de cultivos y cobertura vegetal

La rotación de cultivos diversifica los tipos de raíces y los exudados en el suelo, rompiendo ciclos de patógenos radiculares y equilibrando el perfil de nutrientes. Incluir leguminosas (trébol, veza, habas) como cultivos de cobertura o en rotación fija nitrógeno mediante rizobios, reduciendo la dependencia de fertilizantes sintéticos y enriqueciendo el suelo para los cultivos siguientes.

Las cubiertas vegetales (braquiaria, avena, lupino) crean un colchón que protege el suelo, mejora su estructura y promueve raíces finas superficiales. Al incorporarse como cobertura muerta, añaden materia orgánica que beneficia el potencial radical de los cultivos siguientes. Esta práctica se recomienda cada 1–3 años según el sistema productivo.

6. Enmiendas orgánicas y fertilización biológica

Las enmiendas orgánicas (compost, estiércol, vermicompost, biochar) mejoran la estructura física del suelo y liberan nutrientes lentamente, creando condiciones ideales para el desarrollo radicular. Aplicar compost a razón de 5–20 t/ha aumenta la porosidad del suelo, la capacidad de retención de agua y provee nitrógeno y microelementos de liberación progresiva.

El humus y los ácidos húmicos presentes en estas enmiendas estimulan la vida microbiana benéfica en la rizósfera, creando un entorno favorable para que el potencial radical se exprese plenamente. Los suelos con alto contenido de materia orgánica retienen significativamente más humedad y nutrientes que los suelos degradados, comparación que resulta especialmente relevante en condiciones de estrés climático.

7. Polímeros superabsorbentes (hidrogeles)

Los polímeros superabsorbentes son una herramienta tecnológica cada vez más utilizada para mejorar la disponibilidad hídrica en la rizósfera y, con ello, el potencial radical. Basados generalmente en poliacrilato de potasio, estos materiales absorben y retienen agua cientos de veces su peso, liberándola gradualmente a las raíces durante periodos de déficit hídrico.

Recientemente se han desarrollado polímeros biodegradables como el TanniGel, de origen natural, que retiene entre 250–300 g de agua por gramo de polímero y la libera gradualmente durante aproximadamente dos semanas en cultivos como tomate y lechuga. En suelos arenosos, TanniGel puede incrementar la retención de agua hasta 10 veces respecto a suelos sin aditivo, favoreciendo directamente el desarrollo radicular en condiciones de baja capacidad de retención.

7.1 Condiciones de uso y dosis

  • Dosis orientativa: 1–10 kg/ha mezclados en la capa superficial al preparar el surco o en el hoyo de plantación.
  • Cultivos recomendados: Hortalizas intensivas (pimiento, pepino, tomate), frutales jóvenes plantados en verano, semilleros y cultivos en zonas semiáridas.
  • Ventaja ambiental: Los polímeros biodegradables (como TanniGel) no generan microplásticos en el suelo, a diferencia de los sintéticos convencionales.
  • Riesgos: El costo de los productos biodegradables es moderado-alto por ser tecnología emergente. Los polímeros sintéticos no biodegradables pueden contaminar el suelo a largo plazo.

8. Microorganismos benéficos: micorrizas e inoculantes

El uso de microorganismos promotores del desarrollo radicular representa uno de los avances más importantes de la agronomía moderna. Estos organismos establecen simbiosis o asociaciones con las raíces que amplían su capacidad de absorción, mejoran la nutrición mineral y aumentan la resistencia a estreses bióticos y abióticos, potenciando de forma significativa el potencial radical de los cultivos.

8.1 Micorrizas arbusculares

Las micorrizas arbusculares (MA) son hongos que se asocian con casi el 80% de las plantas cultivadas. Forman hifas que exploran un volumen de suelo entre 10 y 100 veces mayor que las raíces solas, transfiriendo fósforo (P), nitrógeno (N) y micronutrientes como zinc (Zn) y hierro (Fe) a la planta. A cambio, la planta aporta hasta el 20% de los azúcares que fotosintetiza al hongo, siendo una simbiosis mutuamente beneficiosa.

Las micorrizas arbusculares pueden aumentar la absorción de P hasta un 30–50% en suelos pobres. Estudios en campo reportan que la inoculación de frijol con micorrizas incrementó hasta un 45% la biomasa aérea y mejoró el rendimiento entre un 13 y un 18% más que los testigos sin inocular. La colonización micorrízica también mejora la salud radicular al inducir resistencia frente a patógenos como Fusarium y Phytophthora.

  • Dosis: 1–3 kg/ha de inóculo comercial (cepas de Glomus spp.) al trasplante o en el sustrato de siembra.
  • Condición clave: Funcionan mejor en suelos de bajo contenido de P; fertilizaciones fosfóricas excesivas inhiben la simbiosis.
  • Ejemplos comerciales: Mycoral®, MycoApply®, Corriz-AM® (con componente micorrízico).

8.2 Rizobacterias promotoras del crecimiento (PGPR)

Las rizobacterias PGPR (Plant Growth Promoting Rhizobacteria) son bacterias benéficas que habitan la rizósfera e incrementan el desarrollo radicular mediante mecanismos directos e indirectos. Entre los géneros más estudiados se encuentran Rhizobium, Azospirillum, Azotobacter, Bacillus y Pseudomonas.

Sus mecanismos de acción incluyen: fijación biológica de nitrógeno (Rhizobium en leguminosas fija 50–100 kg N/ha), solubilización de fosfatos mediante la liberación de ácidos orgánicos, y producción de fitohormonas como auxinas y citocininas que estimulan directamente el crecimiento radicular.

  • Dosis: 5–10 g de inoculante sólido por kg de semilla para leguminosas; 200–500 mL/ha de inoculante líquido en cereales y hortalizas.
  • Precauciones: Aplicar frescos y en condiciones adecuadas (temperatura entre 5–30°C, pH suelo neutro). La salinidad y ciertos pesticidas pueden afectar la supervivencia de los microorganismos introducidos.

9. Bioestimulantes y enraizadores

Los bioestimulantes radiculares son sustancias naturales o extractos que estimulan el crecimiento de raíces sin aportar necesariamente nutrientes específicos. Su acción sobre el potencial radical se basa en la modulación hormonal, la activación microbiana y la mejora de la permeabilidad celular en los tejidos radiculares.

9.1 Auxinas y fitohormonas sintéticas

Las aplicaciones de ácido indolbutírico (AIB) favorecen la formación de raíces de anclaje primarias, mientras que el triptófano (precursor natural de auxinas) estimula pelos absorbentes y raíces laterales, incrementando la superficie efectiva de absorción. Dosis habitual: solución al 0,1–0,2% de AIB para inmersión de esquejes o incorporación al agua de trasplante.

9.2 Extractos de algas marinas y aminoácidos

Los extractos de algas marinas (especialmente Ascophyllum nodosum) contienen fitohormonas naturales, macronutrientes en trazas y polisacáridos que promueven el desarrollo radicular y la actividad microbiana en la rizósfera. La arginina, como precursora de poliaminas, y las saponinas vegetales mejoran directamente la permeabilidad radicular. Dosis orientativa: 0,5–2 L/ha en fase vegetativa o al trasplante.

El enraizante comercial Corriz-AM®, aplicado vía suelo a 3 L/ha, duplicó la colonización micorrízica en ensayos con tomate y lechuga, demostrando cómo los bioestimulantes pueden actuar sinérgicamente con microorganismos benéficos para potenciar el sistema radicular.

10. Aplicación específica a tipos de cultivos

Las estrategias para mejorar el potencial radical deben adaptarse a la morfología y fisiología radicular de cada tipo de cultivo. A continuación se presenta una síntesis por grupo de cultivo:

  • Cultivos extensivos (cereales, maíz, sorgo, girasol): Se benefician especialmente de la labranza de conservación, el manejo fraccionado de riego y la fertilización balanceada de N y P. El uso de micorrizas y Azospirillum mejora la nutrición en suelos de baja fertilidad. La rotación con leguminosas (soja, frijol) aporta nitrógeno fijado naturalmente.
  • Hortalizas (tomate, lechuga, pimiento, brásicas): Dado que el desarrollo radicular en estas especies es intenso pero superficial, se recomiendan sustratos bien aireados, mulching orgánico y riego por goteo periódico. Los bioestimulantes en trasplante potencian el sistema radicular inicial. Micorrizas y bacilos benéficos reducen la incidencia de enfermedades de raíz (fusariosis, Pythium).
  • Forrajes (alfalfa, praderas): Requieren suelos sueltos en profundidad (a veces subsolado para romper capas duras). La incorporación regular de estiércol o compost promueve raíces profundas y persistentes. En lluvias escasas, el hidrogel o acolchado ayudan en pastos recién implantados.
  • Frutales (cítricos, paltos, nogales): Benefician de riego por goteo medido, acolchado orgánico y micorrizas en plantines jóvenes. El encalado correcto es clave en suelos ácidos para favorecer la expansión del sistema radicular de los árboles. Se aplican fertilizantes fraccionados incluyendo Ca y Mg.
  • Oleaginosas (soja, canola): Como leguminosas de gran escala, se inoculan con Rhizobium específico para aprovechar el nitrógeno atmosférico. La siembra en labranza mínima con rastrojo y el fósforo en banda en siembra impulsan las raíces iniciales.
  • Leguminosas de grano (frijol, arveja, trébol): El control del pH mediante cal agrícola es vital porque el boro y el calcio bajos limitan los nódulos radiculares. La rotación con cereales y abonos verdes aumenta el nitrógeno residual para cultivos siguientes.

11. Tabla comparativa: prácticas, dosis, beneficios y costos

potencial radical

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12. Recomendaciones prácticas e indicadores de salud radicular

Para implementar estas prácticas eficazmente se recomienda planificar ensayos piloto ajustando en función de resultados. Antes de comenzar es imprescindible realizar un análisis de suelo que incluya pH, materia orgánica y disponibilidad de nutrientes, para definir las dosis correctas de fertilizantes y cal. En plazos cortos conviene iniciar con el 10–20% de la superficie bajo nuevas prácticas, comparando con parcelas testigo y midiendo tanto la respuesta radicular como el rendimiento final.

Los criterios clave para monitorear la salud radicular son:

  • Inspección visual de raíces: Las raíces saludables son blancas, firmes y con abundantes pelos absorbentes. Raíces ennegrecidas o blandas indican estrés hídrico por encharcamiento. Raíces muy delgadas y blancas sin pelos revelan deficiencia de agua o nutrientes.
  • Pruebas de penetración: El uso de penetrómetro permite detectar capas compactadas que impiden el desarrollo radicular en profundidad. Resistencias superiores a 2 MPa representan un freno significativo para la mayoría de los cultivos.
  • Infiltración de agua: Una prueba de infiltración rápida indica buena porosidad; suelos que retienen o encharchan señalan drenaje deficiente e hipoxia radicular potencial.
  • Indicadores químicos: Monitorear pH (objetivo 6,0–6,8 para la mayoría de cultivos), conductividad eléctrica y materia orgánica. Complementar con análisis foliares para detectar deficiencias que impacten el sistema radicular.
  • Microbiología de suelos: En sitios piloto, cuantificar propágulos de micorrizas mediante tinción radicular o recuentos de inoculante para evaluar la implantación real de los microorganismos aplicados.

13. Preguntas frecuentes sobre el potencial radical de las plantas

¿Qué es el potencial radical y por qué es importante en agricultura?

El potencial radical es la capacidad del sistema radicular de una planta para absorber agua, nutrientes y generar una base estructural sólida en el suelo. Un alto potencial radical permite explorar mayor volumen de suelo, mejorar la eficiencia en el uso de insumos, tolerar estreses como sequía o salinidad, y obtener mayores rendimientos. Es considerado la base de la salud y productividad de cualquier cultivo.

¿Qué microorganismos mejoran el desarrollo radicular de los cultivos?

Los microorganismos más efectivos para mejorar el desarrollo radicular son las micorrizas arbusculares (hongos que amplían la absorción de P y N) y las rizobacterias PGPR como Rhizobium (fijación de N en leguminosas), Azospirillum (estimula enraizamiento en cereales), Bacillus y Pseudomonas (solubilizan fosfatos y producen auxinas). Su aplicación mediante inoculantes comerciales puede incrementar rendimientos entre un 13 y un 45% según el cultivo.

¿Cuáles son los síntomas de un sistema radicular deficiente?

Los principales síntomas de un sistema radicular deficiente son: raíces ennegrecidas o blandas (encharcamiento y asfixia), raíces blanquecinas sin pelos absorbentes (estrés hídrico o nutricional), escasa ramificación lateral (deficiencia de fósforo o calcio), y raíces cortas y gruesas que no penetran en profundidad (compactación del suelo). La presencia de raíces decoloradas con lesiones también puede indicar infección por patógenos como Fusarium o Pythium.

¿Qué bioestimulantes son más efectivos para mejorar el enraizamiento?

Los bioestimulantes radiculares más utilizados son los extractos de algas marinas (Ascophyllum nodosum), los aminoácidos como arginina y triptófano (precursor de auxinas), y los enraizadores a base de ácido indolbutírico (AIB). También destacan los ácidos húmicos y fúlvicos, que mejoran la disponibilidad de nutrientes y estimulan la microbiota del suelo. En ensayos de campo, productos como Corriz-AM® han duplicado la colonización micorrízica al aplicarse combinados con inoculantes.

¿Cómo afecta la labranza al potencial radical de los cultivos?

La labranza convencional (volteo profundo) puede compactar las capas inferiores del suelo y degradar la materia orgánica, lo que con el tiempo limita el potencial radical. En cambio, la labranza de conservación o siembra directa preserva la estructura del suelo, mantiene la biota microbiana activa y puede reducir hasta un 30–50% la pérdida de humedad superficial, creando condiciones más favorables para raíces profundas y vigorosas.

14. Brechas de conocimiento y líneas de investigación futura

A pesar del avance significativo en el conocimiento sobre el potencial radical de los cultivos, existen áreas que requieren mayor investigación. Entre las principales brechas identificadas se encuentran:

  • La interacción sinérgica o antagónica entre distintas prácticas combinadas (p.ej., micorrizas + hidrogeles + bioestimulantes en un mismo sistema de cultivo).
  • La necesidad de protocolos claros de dosis y aplicación para bioinsumos en escalas comerciales, especialmente en diferentes tipos de suelo (arenoso, arcilloso, franco).
  • El desarrollo y validación de cepas microbianas nativas de cada región, que podrían ofrecer ventajas locales frente a inoculantes comerciales de procedencia internacional.
  • La respuesta genética del cultivo al manejo radicular: el desarrollo de variedades con raíces más eficientes adaptadas a condiciones de baja fertilidad o estrés hídrico.
  • La cuantificación precisa de los beneficios económicos de cada práctica de mejora del potencial radical en diferentes sistemas productivos y condiciones climáticas.
  • El uso de nuevas tecnologías (imágenes radiculares, sensores de humedad, inteligencia artificial) para mejorar el monitoreo de la salud radicular a escala de campo.

La optimización del sistema radicular es un desafío multidisciplinario que abarca agronomía, microbiología, nutrición vegetal y biotecnología. La transferencia efectiva de conocimientos a los agricultores, combinada con la experimentación práctica adaptada a condiciones locales, será determinante para la sostenibilidad y productividad de los sistemas agrícolas del futuro.

Conclusión

El potencial radical de las plantas es uno de los pilares más subestimados de la productividad agrícola. Como hemos revisado a lo largo de este informe, existen numerosas estrategias agronómicas eficaces para mejorar el desarrollo radicular: desde la elección del sistema de labranza y el manejo del riego, hasta la aplicación de microorganismos benéficos, bioestimulantes, enmiendas orgánicas y polímeros superabsorbentes.

La evidencia científica disponible indica que prácticas como la inoculación con micorrizas arbusculares, el uso de rizobacterias PGPR o la corrección del pH mediante encalado pueden traducirse en incrementos de rendimiento significativos y en mejoras sostenidas de la salud radicular del suelo. Al mismo tiempo, prácticas de bajo costo como la labranza de conservación y el mulching orgánico generan beneficios acumulados que se reflejan en la productividad de mediano y largo plazo.

La clave para maximizar el potencial radical de cualquier cultivo reside en combinar de manera racional estas herramientas, adaptarlas a las condiciones específicas de cada suelo y sistema productivo, y mantener un monitoreo continuo de los indicadores de salud radicular. Un sistema radicular vigoroso es, en definitiva, la base invisible sobre la cual se construye la sostenibilidad y la rentabilidad de la agricultura moderna.

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