Crisis en el Estrecho de Ormuz amenaza la seguridad alimentaria global y eleva costos agrícolas
El economista jefe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), Máximo Torero, advirtió que la crisis e interrupción del corredor comercial del Estrecho de Ormuz está generando uno de los mayores shocks recientes en los flujos globales de materias primas, con efectos directos en la agricultura, los mercados internacionales y la seguridad alimentaria.
Durante una conferencia en Naciones Unidas, el experto señaló que el tránsito de buques por esta vía estratégica cayó más de un 90% en pocos días tras la escalada del conflicto. Este corredor moviliza cerca del 35% del petróleo mundial, una quinta parte del gas natural licuado y hasta el 30% de los fertilizantes comercializados globalmente.
“Esto no es solo un shock energético, es un impacto sistémico sobre los sistemas alimentarios”, afirmó Torero, destacando que la región del Golfo concentra casi la mitad del comercio mundial de azufre, insumo clave para la producción de fertilizantes fosfatados.
Fertilizantes al alza y presión sobre productores: consecuencias en la crisis
El impacto de la crisis ya se refleja en los costos agrícolas. Los precios de los fertilizantes han registrado fuertes incrementos, con la urea de Medio Oriente subiendo 19% en la primera semana de marzo y la egipcia hasta 28%.
Según la FAO, si la crisis se prolonga, los precios globales de fertilizantes podrían ubicarse entre 15% y 20% por sobre los niveles habituales durante el primer semestre de 2026.
En este escenario, los agricultores enfrentan un doble golpe: mayores costos de insumos y alzas en los combustibles, lo que encarece toda la cadena productiva, desde el riego hasta el transporte. Como consecuencia, se prevé una reducción en el uso de fertilizantes o un cambio hacia cultivos menos intensivos en insumos.
Impacto productivo y riesgos para 2026
Torero explicó que incluso reducciones moderadas en el uso de fertilizantes pueden generar caídas significativas en los rendimientos, especialmente en países con bajos niveles de aplicación.
Si bien un escenario de interrupción de corto plazo podría ser absorbido por el mercado —gracias a stocks globales aún suficientes—, una crisis prolongada por más de tres meses podría afectar las decisiones de siembra para 2026.
En ese caso, se anticipan menores rendimientos en cultivos clave como trigo, arroz y maíz, junto con una posible expansión de cultivos fijadores de nitrógeno como la soya y mayor presión por la demanda de biocombustibles.
El impacto no será uniforme. Entre los países más vulnerables destacan Sri Lanka y Bangladesh, en plena temporada arrocera, además de India, Egipto y Sudán. En África Subsahariana, Somalia, Kenia, Tanzania y Mozambique enfrentan altos riesgos debido a su dependencia de fertilizantes importados, y grandes exportadores como Brasil podrían ver afectada su producción, con consecuencias para la oferta global.
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Frente a este escenario, la FAO hizo un llamado a una respuesta internacional coordinada. En el corto plazo, recomienda habilitar rutas comerciales alternativas, apoyar financieramente a países importadores y asegurar el acceso a crédito para productores.
A mediano y largo plazo, plantea la necesidad de diversificar el origen de fertilizantes, fortalecer reservas estratégicas e impulsar una agricultura más eficiente y sostenible, incluyendo el desarrollo de tecnologías como el amoníaco verde.
La duración de la crisis será clave para determinar su impacto final, pero las señales actuales ya anticipan un escenario de mayor volatilidad y presión sobre los sistemas alimentarios globales.
*Material original proporcionado por la FAO, editado por Portalfruticola.com.
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