El cambio productivo que impulsa el renacimiento de la frambuesa chilena
La industria de la frambuesa en Chile está escribiendo un nuevo capítulo en su historia. Luego de décadas marcadas por el auge, la posterior caída productiva y una serie de dificultades estructurales, el sector comienza a vivir una recuperación impulsada por inversión, innovación y un cambio profundo en su modelo productivo.
Para conocer más detalles, Antonio Domínguez, presidente de la Asociación Internacional de Frambuesas, habló con Portalfruticola.com sobre el nuevo escenario que, combina aprendizaje, adaptación y nuevas oportunidades.
Indicó que “Chile fue un actor relevante en los años 90, llegando a posicionarse como uno de los principales productores mundiales. Sin embargo, con el tiempo comenzaron a aparecer problemas que hicieron caer los volúmenes de producción de manera sostenida”.
Domínguez explicó que, entre las principales causas del retroceso, se encuentra la pérdida de productividad en los huertos tradicionales de frambuesa, debido a que durante años los pequeños agricultores reprodujeron sus propias plantas sin condiciones sanitarias óptimas, lo que derivó en una progresiva degeneración genética.
“Esto redujo los rendimientos desde potenciales de 10 a 12 toneladas por hectárea a apenas 5 o 6 mil kilos”, dijo.

El sector de la frambuesa ha debido enfrentar otras problemáticas, como la escasez de mano de obra, el envejecimiento de la población rural y mayores exigencias en materia de inocuidad alimentaria. “La frambuesa es un cultivo delicado; se cosecha una a una. Si no hay condiciones higiénicas adecuadas, existe riesgo de contaminación, y eso termina impactando a exportadores y procesadores”.
Como resultado, Chile pasó de producir cerca de 60 mil toneladas en su mejor momento a tocar fondo hace apenas un par de años, con volúmenes en torno a las 16 a 18 mil toneladas.
El punto de quiebre
El presidente de la Asociación Internacional de Frambuesas mencionó que el escenario comenzó a cambiar hace aproximadamente cinco años. Frente a una demanda internacional creciente y a problemas productivos en países competidores, ha surgido una nueva ola de inversiones en Chile.
El ejecutivo especificó que se trata de proyectos de mayor escala, con superficies extensas y orientados a la cosecha mecanizada, los cuales se están implementando principalmente entre las regiones de La Araucanía y Los Lagos.
La nueva etapa del cultivo en Chile se encuentra enfocada en mejorar la inocuidad de la mano de la mecanización, que permite operar con menor dependencia de trabajadores.
Además, indicó que los nuevos proyectos utilizan material genético certificado, lo que ha permitido mejorar los rendimientos de la frambuesa .

Domínguez acotó que actualmente en Chile se estima que existen entre 1.000 y 1.200 hectáreas nuevas bajo este modelo, con rendimientos proyectados de hasta 15 toneladas por hectárea. Esto podría traducirse en un aumento de más de 15 mil toneladas adicionales en la producción nacional.
“En 2025, Chile alcanzó entre 26 y 28 mil toneladas, considerando exportaciones, consumo interno y procesamiento. Con la entrada en régimen de estos nuevos proyectos, la industria podría acercarse a las 40 mil toneladas en el corto plazo”, señaló.
Cambio en el mapa productivo
La transformación de la industria también ha sido geográfica y varietal. El cultivo se ha desplazado hacia el sur del país, donde las condiciones climáticas son más favorables frente al calentamiento global.
“El sur ofrece temperaturas más adecuadas y menor estrés climático. Chile tiene, además, una ventaja comparativa importante gracias a la influencia del océano Pacífico, que actúa como regulador térmico”, indicó el ejecutivo.
En paralelo, puntualizó que se está produciendo un recambio varietal. La tradicional variedad Heritage, predominante durante décadas, está siendo reemplazada o complementada por otras como Meeker y nuevas variedades internacionales que presentan mejor rendimiento, mayor dulzor y mejor adaptación a la cosecha mecanizada.
Este cambio también impacta en la calidad del producto final, elevando el estándar de la oferta chilena en los mercados internacionales.
Equilibrio productivo, mercados y oportunidades
Otro de los cambios de la industria se observa en la participación de los productores: antes, cerca del 70% de la producción de frambuesas estaba en manos de pequeños productores; se proyecta que llegue a alrededor del 50%.
No obstante, Domínguez enfatizó que la agricultura familiar campesina seguirá siendo clave. “No van a desaparecer, pero deberán adaptarse a estándares más exigentes, especialmente en inocuidad. La vara subió y todos tendrán que alinearse”.
El principal destino de la frambuesa chilena sigue siendo Norteamérica, especialmente Estados Unidos, seguido por Australia y, en menor medida, Europa. Cerca del 60% a 70% de la producción se destina al congelado, que es el foco de la industria.

El consumo interno, en tanto, representa entre 3.000 y 4.000 toneladas, mientras que una fracción menor se utiliza para jugos concentrados y otros subproductos.
En el escenario global, el ejecutivo señaló que Chile enfrenta menos riesgos que otros competidores. “Países como Serbia y Polonia han visto caer significativamente su producción debido a problemas estructurales similares a los que tuvo Chile, lo que abre una ventana de oportunidad para el país”.
Fue claro al decir que “la demanda sigue creciendo. Es un producto saludable, valorado por los consumidores. Además, se están abriendo nuevos mercados potenciales como China e India”.
A pesar del optimismo y de los nuevos aires que vive el sector, los desafíos no se detienen. Al respecto, Domínguez mencionó la incertidumbre en políticas arancelarias, especialmente en Estados Unidos, y la volatilidad de los precios internacionales.
“El último año los precios subieron cerca de un 40%, lo que es bueno en el corto plazo, pero puede afectar la demanda. Cuando un producto se encarece demasiado, el consumidor opta por alternativas más baratas”.
Finalmente concluyó diciendo: “Estamos en un segundo aire. Hay confianza, hay condiciones y hay una ventana clara. Pero esto es a mediano plazo: hay que hacer las cosas bien y no abandonar ante un mal año”.
*Fotografías gentileza de Antonio Domínguez.
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