Exportaciones de arándanos chilenos superan proyecciones y consolidan giro hacia nuevas variedades
La industria chilena del arándano finalizó la temporada en la semana 10, marcada por una etapa de recuperación y profundos cambios estructurales, debido al retorno al crecimiento de las exportaciones y una acelerada reconversión varietal.
No olvidemos que el sector enfrentó varios años de retroceso, cuando los envíos pasaron de cerca de 120.000 toneladas a un mínimo de 86.000, sin embargo, logró revertir la tendencia y cerrar la temporada 2025-2026 con resultados por sobre lo esperado.
Según cifras otorgadas por el Comité de Arándanos de Frutas de Chile, las exportaciones alcanzaron 92.900 toneladas, lo que representa un incremento del 2,7% respecto a la temporada anterior. Aunque se trata de un crecimiento moderado, confirma un punto de inflexión para la industria, que ya había mostrado señales positivas en la temporada anterior.
El director ejecutivo del Comité, Andrés Armstrong, explicó a Portalfruticola.com que este desempeño se sustenta principalmente en el avance de la genética, que ha comenzado a reemplazar progresivamente a las variedades tradicionales. “Estamos creciendo con la nueva genética, mientras que la genética tradicional sigue bajando en volumen”, señaló.
En concreto, las nuevas variedades de arándanos registraron un aumento del 14%, mientras que las tradicionales cayeron un 1%, manteniendo la tendencia que ya se había observado en la temporada anterior. Como resultado, las nuevas variedades pasaron a representar el 24% del total exportado, frente al 21% del ciclo previo.
Este proceso de transformación no solo responde a una estrategia productiva, sino también a una necesidad competitiva, ya que la industria ha tenido que adaptarse a un escenario global más exigente, marcado por la irrupción de nuevos actores, como Perú, México y Marruecos, y consumidores más demandantes en términos de calidad, condición y experiencia de consumo.
Un cambio estructural en la industria del arándano
La reconversión varietal se está desarrollando a lo largo de todo el país, desde la Región de Coquimbo hasta Los Lagos, con distintas realidades según la zona.
De acuerdo con la gerente técnica del Comité, Julia Pinto, el proceso se puede ver desde la zona norte y centro del país, en particular, en las regiones de Coquimbo, Valparaíso y O’Higgins, con variedades de bajo requerimiento de horas frío.
En regiones como Maule, Ñuble y Biobío —que concentran gran parte de la superficie productiva— coexisten plantaciones nuevas con variedades tradicionales como Legacy y Duke. Sin embargo, también se observa un importante dinamismo en nuevos proyectos y en la incorporación de genética más moderna.
En tanto, en la zona sur —La Araucanía, Los Ríos y Los Lagos— el proceso avanza de manera más heterogénea, aunque destaca el caso de Los Ríos, donde la adopción de nuevas variedades es más intensa. En Los Lagos, en cambio, tras una caída en la producción para fresco, comienzan a aparecer señales de reactivación con la incorporación de nueva genética.
“En todas las zonas productivas hay proyectos de nuevas variedades, desde aquellas de bajo requerimiento de horas frío hasta otras de alto requerimiento. Esto permitirá mejorar la oferta a lo largo de toda la temporada”, explicó Pinto.
Además, se observa una creciente integración entre producción y exportación, así como una mayor disposición de los productores a reemplazar variedades tradicionales por nuevas alternativas, atraídos por su mejor desempeño en calidad, condición de viaje y aceptación en los mercados.
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Europa toma el liderazgo
Analizando los mercados de destino, Armstrong dijo que Europa se consolidó como el principal receptor de arándanos chilenos, concentrando el 50% de los envíos con un total de 46.768 toneladas, lo que representa un crecimiento del 20% respecto al año anterior.
Dentro del continente, Países Bajos e Inglaterra lideraron las importaciones, con incrementos de 25% y 5%, respectivamente.
En contraste, Estados Unidos, que históricamente había sido el principal destino, pasó al segundo lugar, con una participación del 37% y una caída del 13% en los volúmenes.
Según Armstrong, este retroceso se explica por factores arancelarios y comerciales que afectaron la competitividad del producto chileno. “La temporada pasada Europa y Estados Unidos tenían participaciones similares, cercanas al 43%. Este año Europa creció y Estados Unidos cayó de manera importante”, precisó.
En el caso de Asia, los envíos disminuyeron en un 7%, principalmente por la baja en China, donde la creciente producción local y la fuerte competencia de Perú han reducido el espacio para la fruta chilena. No obstante, otros mercados asiáticos mostraron un comportamiento positivo, destacando Taiwán y Corea del Sur, con aumentos de 84% y 11%, respectivamente.
Por su parte, América Latina continúa posicionándose como un mercado emergente. Aunque aún representa cerca del 2% de las exportaciones totales, registró un crecimiento de 11,7%, con Argentina y Brasil concentrando el 88% de los envíos regionales.

Calidad, logística y desafíos
La temporada también estuvo marcada por condiciones particulares que influyeron en el comportamiento de la oferta. Un adelanto en la producción, asociado a factores climáticos, permitió que la temporada finalizara antes de lo habitual, en la semana 10.
Asimismo, problemas productivos en otros países generaron un “espacio” en el mercado hacia el final del ciclo chileno, lo que permitió exportar fruta —principalmente de variedades tradicionales— que en condiciones normales no habría tenido cabida en el segmento fresco.
Sin embargo, esta situación también tuvo efectos negativos. Armstrong reconoció que parte de esa fruta no llegó en las mejores condiciones, lo que impactó el cierre de la temporada. “No es lo que estamos impulsando como industria ni lo que proyectamos a futuro”, afirmó.
Frente a este escenario, el sector ha reforzado su estrategia logística, priorizando servicios más rápidos y seguros para reducir los tiempos de tránsito y asegurar una mejor condición de llegada, incluso por sobre consideraciones de costo.
En paralelo, se retomaron las acciones promocionales, esta vez con foco en América Latina, con el objetivo de impulsar el consumo en mercados con alto potencial de crecimiento, como Argentina, Brasil y el propio mercado interno.
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El impulso del consumo y el orgánico
Otro aspecto relevante es el crecimiento del consumo global de arándanos, impulsado en parte por la mejora en la calidad del producto gracias a la nueva genética. Según Armstrong, el consumo históricamente estaba concentrado en un grupo reducido de consumidores, pero esta situación está cambiando.
“La combinación de una mayor demanda con un mejor producto está teniendo un impacto positivo en los precios y en la expansión del consumo hacia nuevos segmentos”, indicó.
En este contexto, el segmento orgánico también muestra un avance significativo. Durante la temporada 2025-2026, las exportaciones de arándanos orgánicos crecieron cerca del 10%, aumentando su participación del 18% al 20% del total.
Proyección de mediano plazo
Pese a los avances, la industria reconoce que el proceso de transformación aún está en desarrollo. Existe una superficie importante de nuevas plantaciones que todavía no entra en plena producción, lo que anticipa un impacto más visible en las próximas temporadas.
“Se está empezando a ver el efecto de este cambio, pero lo más relevante aún está por venir. Hay muchas hectáreas nuevas que todavía no producen, por lo que este proceso se va a seguir profundizando”, señaló Armstrong.
En esa línea, el ejecutivo destacó que la experiencia chilena está siendo observada por otros países productores, que enfrentan desafíos similares en términos de competencia y reconversión.
Así, aunque el crecimiento reciente ha sido acotado —cercano al 5% en la temporada anterior y alrededor de 3% en la actual—, la industria apuesta a un desarrollo sostenido basado en innovación genética, mejora de calidad, eficiencia logística y diversificación de mercados.
Finalmente, Armstrong concluyó: “El futuro del arándano chileno no estará en el volumen, sino en la capacidad de ofrecer un producto competitivo, consistente y adaptado a las nuevas exigencias del mercado global”.






