En Italia crece un limón tan singular como el paisaje que lo rodea
En las escarpadas laderas de la Costa Amalfitana, en Italia, crece un limón tan singular como el paisaje que lo rodea. Durante casi un milenio, los agricultores han moldeado el terreno en estrechas terrazas de piedra para plantar limoneros, olivos y vides, convirtiéndose en auténticos “agricultores volantes” por la forma en que trepan a pérgolas de madera para cosechar la fruta.
Este sistema agrícola —donde la variedad de limón Sfusato amalfitano es protagonista— combina tradición, ingeniería rural y conservación del paisaje, según el reportaje "El limón de Amalfi y su paisaje estratificado resiliente", Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
Introducido en la región durante la Edad Media por mercaderes árabes, el limón fue primero un remedio medicinal y más tarde una valiosa mercancía para el comercio marítimo. Con el tiempo, pasó a ser parte esencial de la identidad local: su pulpa dulce permite comerlo como una manzana y es la base del limoncello, el famoso licor regional.
Un sistema de terrazas para el cultivo de limón
Más que un cultivo, los limoneros representan un patrimonio vivo. Cada terraza se sostiene con muros de piedra seca de hasta siete metros de altura, construidos sin cemento para favorecer la circulación de aire y agua. Las familias campesinas mantienen el sistema de manera manual: podan siguiendo los ciclos estacionales, conducen las ramas sobre pérgolas hechas con madera de castaño y gestionan aljibes que captan agua de lluvia para los meses secos. Este entramado agrícola contribuye a evitar deslizamientos de tierra, protege la biodiversidad y genera ingresos a través del agroturismo.

©Valentino Anselmi | Vía FAO.
Pero esta tradición está en riesgo. El mantenimiento de las terrazas y pérgolas es costoso y requiere trabajo físico permanente. Muchas parcelas han sido abandonadas o vendidas en los últimos 50 años, mientras que el aumento de los costos, el cambio climático y el envejecimiento de la población agrícola ponen en duda su continuidad.
“Cuando yo era joven, lloviznaba todas las tardes de verano. Ahora puede no llover durante semanas y, cuando lo hace, cae de golpe”, cuenta Gino Amatruda, productor de tercera generación en el Valle delle Ferriere. “El sistema de terrazas ayuda a canalizar esa fuerza, pero si no se cuidan, se desmoronan. La Costa Amalfitana nunca sería la misma sin nuestras terrazas de limoneros”, agregó.
Reconocimiento de la FAO
Ante este escenario, la FAO reconoció en agosto de 2025 los huertos limoneros de la Costa Amalfitana como Sistema Importante del Patrimonio Agrícola Mundial (SIPAM), situándolos entre los paisajes agrícolas más valiosos del planeta. La designación destaca su aporte a la biodiversidad, la seguridad alimentaria y la resiliencia frente al cambio climático.
La distinción llega como un impulso para las comunidades locales. “Espero que motive a los jóvenes a regresar y continuar esta tradición”, afirma Amatruda. “La Costa Amalfitana no es solo playas; es un sistema agrícola que vive en equilibrio con la naturaleza”.
Con el reconocimiento SIPAM, la historia agrícola de Amalfi trasciende fronteras. Sus limoneros no solo producen una fruta excepcional: conservan un ecosistema, sostienen una cultura y mantienen viva una forma de agricultura que resiste al paso del tiempo.
*Fotografía principal ©Flavia Amabile | Vía FAO.
Noticia relacionada:
Viñedos entre rocas volcánicas: la sorprendente agricultura de Lanzarote



