Producción orgánica: Brócoli y lechuga como cultivos de protección -

Producción orgánica: Brócoli y lechuga como cultivos de protección

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Producción orgánica: Brócoli y lechuga como cultivos de protección

Erich Brennan y un equipo de colaboradores de la Universidad de California-Davis iniciaron un estudio en campo de dos años que evolucionó en una investigación a largo plazo sobre cultivos orgánicos de alto valor. El proyecto, llamado “Salinas Organic Cropping Systems Trial,” se desarrolló en un campo experimental de ARS que lleva 10 años certificado como operación agrícola de producción orgánica.

Podemos obtener resultados importantes derivados de estudios de corto plazo; sin embargo, éstos no siempre capturan la variabilidad de cada año. En cambio, “la investigación a largo plazo con frecuencia proporciona resultados más confiables que son útiles para los productores,” comenta Erich Brennan, experto en horticultura del Servicio de Investigación Agrícola del USDA (ARS, por sus siglas en inglés).

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Retos en producción orgánica

Los gastos de producción para cultivos orgánicos de alto valor como brócoli y lechuga, pueden ser muy elevados, por lo que los productores buscan obtener mejores utilidades mediante una rotación anual de dos a tres cultivos.

Muchos productores mantienen los campos de cultivo yermos durante invierno debido al trabajo adicional y los gastos que representa el labrar los residuos de los cultivos de protección para incorporarlos al suelo. Asimismo, la siembra de un cultivo de protección requiere tiempo suficiente para que sus residuos se descompongan antes de sembrar cultivos de alto valor en el mismo lote.

Por esta razón, los programas de producción se pueden volver muy estrictos si el productor sufriera lluvias prolongadas durante la primavera que impidieran el labrado profundo de los cultivos de protección durante el invierno.

Trabajos de investigación

Brennan diseñó un programa de investigación a largo plazo con varias estrategias para cultivos de protección en un sistema de producción anual con brócoli y lechuga. Seis de las estrategias implicaban trabajar un cultivo de protección cada invierno; las otras dos, requerían cultivos de protección cada cuatro inviernos.

Brennan seleccionó tres cultivos de protección de invierno que se producen con frecuencia en la zona — centeno, mostaza y una mezcla de centeno-leguminosa — y los sembró a una densidad de siembra típica, y a una densidad tres veces más alta. Cabe notar que la densidad de siembra influye en la capacidad del cultivo de protección de sofocar las malezas.

Todos los sistemas recibieron las mismas cantidades de fertilizante y riego, mientras que el manejo de plagas fue el mismo en todos los casos. La cosecha y venta de los cultivos de brócoli y lechuga fueron realizadas por un agente comercializador.

Resultados de estudio: corto y largo plazo

Los resultados de Brennan indican que los tres cultivos de protección produjeron más materia seca que la cantidad de residuos de cultivo recomendada (2 t/ha) para mantener el nivel adecuado de materia orgánica en el suelo.

Los cultivos de protección de centeno-leguminosa y de centeno produjeron 25% más biomasa de materia seca que los cultivos de mostaza. Sin embargo, para obtener una supresión efectiva de maleza con los cultivos de leguminosa-centeno se requirió sembrar a una densidad del triple de lo normal, mientras que los cultivos de centeno y mostaza suprimieron la maleza adecuadamente con las densidades de siembra típicas.

“En estudios anteriores de corto plazo no observamos ninguna diferencia en la producción de materia seca entre los tres tipos de cultivos de protección. También pensábamos que siempre se requerían densidades de siembra más altas,” afirma Brennan.

“Sin embargo, en el estudio de ocho años vimos con toda claridad que la mostaza no produce tanta biomasa como los otros dos cultivos y que la mezcla centeno-leguminosa requiere la densidad más alta de siembra para que suprima la maleza de manera efectiva.” El estudio de largo plazo también proporcionó a Brennan más datos acerca de las variaciones de rendimiento que presentó cada año la mezcla centeno-leguminosa, incluyendo la razón por la que las leguminosas — que son las que representan la mayor parte del costo de las semillas — no son tan abundantes.

“Opinamos que el clima más frío de principios del ciclo agrícola va a ayudar a las leguminosas a competir con el centeno,” expresa Brennan. “Por lo tanto, si los productores están esperando un otoño seco y cálido; tal vez no deseen gastar tanto en un cultivo de protección de leguminosas; en lugar de eso, pueden decidirse por utilizar sólo centeno.”

Producción orgánica: Notas sobre el nitrógeno

Uno de los beneficios de muchos cultivos de protección es que absorben el nitrógeno del suelo, ayudando a reducir las pérdidas de nitrato en el agua freática; los arroyos y los canales. 

Cuando los productores preparan los campos para sembrar, labran con disco para mezclar los residuos del cultivo de protección en el suelo. De esa manera, el nitrógeno acumulado por el cultivo de protección se recicla una vez más en el suelo para ser absorbido por los cultivos de alto valor que se sembrarán después. Los datos de Brennan revelaron que la absorción promedio de nitrógeno a largo plazo del centeno y la mostaza no difieren de manera importante (108 y 115 kg de N/ha respectivamente).

Sin embargo, la mezcla de centeno-leguminosa acumuló nitrógeno a razón de 150 kg/ha, posiblemente debido al nitrógeno que fijan las leguminosas.

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Manejo de residuos en la producción orgánica

Los productores con frecuencia miden la calidad de los residuos de cultivos de protección por la proporción carbono/nitrógeno. Los residuos de “alta calidad” tienen coeficientes carbono/nitrógeno más bajos; por lo que los residuos se descomponen con más rapidez y pueden proporcionar nitrógeno a los cultivos de alto valor que se sembrarán después.

Sin embargo, durante los periodos húmedos de la primavera, el nitrógeno liberado rápidamente por esos residuos, puede lixiviarse por debajo de la zona radicular con más facilidad. Por otro lado, los residuos de “baja calidad” con coeficientes altos de carbono/nitrógeno pueden agotar temporalmente el nitrógeno del suelo; ya que los organismos lo utilizan para descomponer los residuos.

Brennan determinó que los coeficientes de carbono/nitrógeno de los cultivos de protección aumentaron a lo largo del invierno y siempre fueron más altos en el centeno que en los otros dos cultivos de protección.

La lenta descomposición de los residuos de baja calidad puede llegar a requerir más nitrógeno del suelo que la descomposición de los otros dos cultivos de protección; reduciendo así la cantidad de nitrógeno disponible para los cultivos de alto valor.

El científico también utiliza sus datos sobre los coeficientes carbono/nitrógeno de los cultivos, así como la producción de materia seca del cultivo de protección; para calcular las contribuciones de éste cultivo a los niveles de carbono del suelo; los cuáles fueron 30% más altos en el caso del centeno y la mezcla de centeno-leguminosa (1.4 t/ha) que en el caso de la mostaza; la cual sólo añadió 1.1 toneladas de carbono por hectárea.

El valor de su inversión en la producción orgánica

Brennan concluyó que los cultivos de centeno y de mostaza sembrados a las densidades de siembra típicas fueron los cultivos de protección con los mejores costos; que permiten aumentar al máximo la producción de materia seca y realizar el control de malezas. Sembrar 30 kilos de semilla de centeno cuesta más que sembrar 5 kilos de semilla de mostaza. Los costos de semillas para sembrar una mezcla de centeno-leguminosa a tres veces más la densidad típica (se requieren 14 kg/ha para tener una buena supresión de maleza en invierno); fueron cerca de 10 veces más altos. Por el lado de los beneficios, las leguminosas pueden ayudar a fijar nitrógeno en el suelo.

En definitiva “los productores deben decidir si merece la pena asumir el costo adicional de sembrar un cultivo de protección de centeno/leguminosa; que aportaría mayor cantidad de nitrógeno para el siguiente cultivo de alto valor; o si tiene más lógica utilizar un fertilizante orgánico peletizado a partir de pollinaza y harinas de proteínas,” explica Brennan.

“Estos hallazgos pueden ayudar a que los productores dedicados a sistemas de producción hortícola de alto valor sepan dónde invertir su dinero” concluye. “Y tal y como ocurre en los sistemas de cultivo convencionales; los cultivos de protección pueden ayudar a los productores orgánicos a mejorar la huella ambiental; prácticas sustentables que contribuyen a reducir las pérdidas de nitrógeno en el suelo; un problema que se está volviendo cada vez más importante para los productores agrícolas” en diversas regiones productoras del mundo.   

Fuente: www.hortalizas.com

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