Filoxera y Carmenère: cómo una catástrofe vitícola europea ayudó a conservar en Chile una variedad de Burdeos

La historia de la filoxera y la Carmenère no es solo la de una plaga: es la historia de cómo una crisis sanitaria en Francia, sumada a un error de identificación de más de un siglo en Chile, terminó salvando una variedad bordelesa que hoy es la seña de identidad del vino chileno.

Resumen ejecutivo: la relación entre filoxera y Carmenère suele resumirse con una frase simple —la filoxera destruyó la Carmenère en Francia y Chile la salvó— pero la evidencia histórica y genética permite una lectura más precisa. La filoxera, un insecto norteamericano introducido en Europa en el siglo XIX, no eliminó selectivamente a la Carmenère: destruyó masivamente los viñedos europeos de Vitis vinifera plantados a pie franco y obligó a reconstruir la viticultura mediante injertos sobre portainjertos americanos resistentes.

Esa reconstrucción funcionó como un filtro varietal que dejó fuera a cultivares de comportamiento agronómico exigente, como la Carmenère. Chile, en cambio, nunca desarrolló una población establecida de filoxera, de modo que el material bordelés introducido antes de la crisis —incluida la Carmenère, confundida durante décadas con Merlot— pudo seguir propagándose a pie franco hasta su redescubrimiento ampelográfico en 1994 y su confirmación genética en 2001.

1. Introducción: una plaga, una reconstrucción y una variedad casi perdida

Pocas historias vitícolas combinan tantos elementos de azar, ciencia y geografía como la de la filoxera y Carmenère. Por un lado, un insecto microscópico originario de Norteamérica que, al viajar oculto en material vegetal, provocó en el siglo XIX una de las mayores catástrofes agrícolas de la historia europea.

Por otro, una variedad de uva tinta originaria del Médoc bordelés que, tras esa catástrofe, prácticamente desapareció de los registros franceses y sobrevivió, sin que nadie lo supiera con certeza, en los viñedos de un país al otro lado del mundo.

Durante más de cien años, en Chile se cultivó Carmenère bajo el nombre de Merlot, sin que productores ni enólogos sospecharan que se trataba de una variedad distinta. La razón de fondo por la que esto fue posible tiene un nombre preciso: la filoxera nunca se estableció en el territorio chileno.

Este artículo reconstruye, con base en fuentes históricas, ampelográficas y genéticas, cómo se entrelazaron ambas historias, por qué la narrativa popular de que Chile salvó a la Carmenère necesita matices, y qué lecciones deja este caso para la conservación de la diversidad genética de la vid.

2. Qué es la filoxera y cómo llegó a destruir los viñedos europeos

La filoxera es un insecto hemíptero de la familia Phylloxeridae, hoy clasificado científicamente como Daktulosphaira vitifoliae. Es originario de Norteamérica, donde las distintas especies de Vitis nativas coevolucionaron con el insecto durante milenios y desarrollaron mecanismos de tolerancia.

El problema apareció cuando, a mediados del siglo XIX, material vegetal americano transportó de forma inadvertida al insecto hasta Europa, donde la vid europea, Vitis vinifera, no contaba con una resistencia radicular comparable.

2.1 Biología y ciclo de vida de la filoxera

La biología de la filoxera ayuda a entender por qué resultó tan difícil de controlar. Sobre especies americanas de Vitis puede completar un ciclo muy plástico, con formas que se alimentan de raíces y otras que se alimentan de hojas, alternando generaciones partenogenéticas con una fase sexual.

En la vid europea comercial, en cambio, predomina el ciclo radicular: las ninfas se alimentan de raíces jóvenes y provocan nodosidades y, sobre tejido más desarrollado, tuberosidades que alteran la función de la raíz y favorecen infecciones secundarias. El resultado es pérdida de vigor, estrés hídrico, caída de productividad y, finalmente, la muerte de la planta.

Su dispersión natural es relativamente lenta, pero el movimiento de material vegetal, suelo y maquinaria la acelera de forma decisiva. Una vez que la plaga se establece en un territorio, es extremadamente difícil y costoso erradicarla, lo que explica por qué la prevención y la cuarentena siguen siendo, más de siglo y medio después, la primera línea de defensa.

2.2 De Norteamérica a Europa y Sudamérica: la cronología de una plaga global

En Francia se documentaron los primeros focos de decadencia de vides en la región del Gard desde 1863. En 1868, el botánico Jules-Émile Planchon y sus contemporáneos vincularon de forma definitiva la presencia del insecto en las raíces con la enfermedad, dando inicio a una controversia científica sobre si el insecto era causa o consecuencia del deterioro de la planta.

La interpretación causal terminó imponiéndose experimentalmente, y la crisis se extendió durante décadas, obligando a rehacer buena parte del viñedo francés.

La expansión de la filoxera no se limitó a Europa. Australia confirmó su presencia cerca de Geelong, en Victoria, en 1877. En Argentina, distintas fuentes históricas sitúan su introducción en 1878, mediante plantas infestadas procedentes de Marsella.

Uruguay también desarrolló una viticultura injertada sobre portainjertos resistentes tras la llegada del insecto. Chile, en contraste, siguió una trayectoria distinta: la base de datos de distribución de la Organización Europea y Mediterránea para la Protección de las Plantas (EPPO) incluye a Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Perú, Uruguay y Venezuela entre los países sudamericanos con presencia confirmada del insecto, pero no incluye a Chile.

Esta ausencia, más que cualquier otro factor aislado, es la clave para entender por qué la historia de la Carmenère chilena tomó un camino tan distinto al francés.

3. Carmenère: origen bordelés, identidad y declive en Francia

La Carmenère es originaria del viñedo de Burdeos. La literatura histórica citada por el ampelógrafo chileno Philippo Pszczólkowski señala que la variedad participó del prestigio del Médoc y que tuvo una presencia mayor antes de la crisis de la filoxera.

Genéticamente, los análisis realizados en Montpellier la identifican como descendiente de un cruce entre Cabernet Franc y Gros Cabernet, lo que la sitúa dentro de la misma gran familia varietal bordelesa que el Merlot —que a su vez desciende de Cabernet Franc y Magdeleine Noire des Charentes— y que el Côt o Malbec.

3.1 Características ampelográficas de la Carmenère

Reconocer a la Carmenère en el campo requiere fijarse en varios rasgos distintivos. Sus hojas jóvenes son brillantes, revolutas y de color rojo-anaranjado con manchas bronceadas; durante la floración, los filamentos estaminales aparecen característicamente arrugados; las hojas adultas son circulares, generalmente de cinco lóbulos, con un seno peciolar ligeramente superpuesto.

Sus racimos son pequeños y sus bayas de tamaño medio. Se trata de una planta vigorosa pero poco fértil en las yemas basales, lo que obliga a podarla larga, y es especialmente susceptible a la coulure —el corrimiento o mal cuajado de las flores— bajo condiciones climáticas adversas durante la floración.

En Chile se observó, además, que la Carmenère alcanza la madurez notablemente después que el Merlot y el Côt o Malbec. Esta diferencia fenológica resultó clave para explicar, de forma retrospectiva, por qué plantas que se suponían de una misma variedad se comportaban de manera desigual dentro de un mismo cuartel: cosechar Carmenère con el calendario de un supuesto Merlot favorecía la aparición de notas herbáceas asociadas a pirazinas, un rasgo que hoy se reconoce como parte de la identidad sensorial de la variedad.

3.2 Por qué la filoxera terminó marginando a la Carmenère en Francia

Conviene precisar la relación causal entre filoxera y Carmenère: no existe evidencia experimental sólida de que la variedad fuera intrínsecamente mucho más susceptible a la filoxera que otras Vitis vinifera. Lo decisivo no fue una vulnerabilidad biológica especial, sino lo que ocurrió después de la destrucción de los viñedos.

Al reconstruir el viñedo mediante injertos sobre portainjertos americanos resistentes, los productores franceses pudieron —y debieron— decidir qué variedades merecía la pena volver a plantar. Una variedad de rendimiento irregular, maduración exigente y alta susceptibilidad a la coulure tenía menos probabilidades de ser replantada que cultivares más fiables como el Merlot o el Cabernet Sauvignon.

Por eso resulta más preciso interpretar a la filoxera como causa directa de la destrucción del viñedo antiguo, y como causa indirecta —mediante la replantación selectiva que la siguió— de la casi desaparición productiva de la Carmenère en Francia. Cuando el ampelógrafo Cazeaux-Cazalet la describió en la Ampélographie de Viala y Vermorel, publicada en 1901, la variedad ya se cultivaba de forma escasa, reducida a algunas hileras dispersas entre plantas de Cabernet.

4. Chile, el reservorio accidental: cómo la Carmenère sobrevivió a pie franco

Mientras la filoxera transformaba para siempre el mapa varietal europeo, Chile seguía un camino completamente distinto. La clave de esta divergencia no fue la resistencia genética de las plantas chilenas, sino un hecho geográfico y fitosanitario: la plaga nunca llegó a establecerse en el país.

4.1 La llegada de material francés a Chile antes de la crisis filoxérica

La introducción de variedades francesas en Chile comenzó en las primeras décadas del siglo XIX y se intensificó hacia mediados de ese siglo. El naturalista Claudio Gay introdujo alrededor de setenta variedades francesas e italianas para la colección agronómica de Santiago desde 1830, y la renovación del viñedo chileno con cepas francesas se aceleró en la década de 1850, un proceso tradicionalmente asociado a la figura de Silvestre Ochagavía.

Investigaciones históricas más recientes, sin embargo, muestran que ese proceso de modernización había comenzado antes de esa fecha simbólica, y que la introducción específica de la Carmenère no está documentada con precisión: atribuirla a un envío concreto de 1851 debe entenderse como una hipótesis tradicional y no como un hecho probado documentalmente.

Lo relevante para la historia de la filoxera y Carmenère es que este material bordelés llegó a Chile antes de que la crisis filoxérica transformara Burdeos, y que, a diferencia de lo ocurrido en Argentina —donde fuentes históricas sitúan la introducción de la plaga en 1878, procedente de Marsella— Chile nunca tuvo que enfrentar una reconstrucción forzada de su viñedo.

4.2 Un siglo de identidad equivocada: la confusión con el Merlot

Durante más de un siglo, la Carmenère chilena se cultivó, se vendimió y se vinificó bajo una identidad equivocada: la de Merlot. Esta confusión no fue exclusiva de Chile. En observaciones ampelográficas preliminares también se llegó a plantear que parte del material dudoso podía corresponder a Cabernet Franc, variedad de la que la Carmenère desciende genéticamente, lo que explica cierta similitud morfológica entre ambas.

No existe, en cambio, evidencia comparable de una confusión sistemática entre Carmenère y Malbec, aunque el Côt o Malbec sí formó parte del complejo más amplio de identificaciones varietales erróneas que caracterizó al viñedo chileno del siglo XX.

La consecuencia paradójica de este error fue protectora: al considerarse simplemente una variante irregular de Merlot, la Carmenère no fue arrancada por considerársela inútil, como sí ocurrió con buena parte del material varietal marginal en la Francia posfiloxérica.

5. El redescubrimiento de la Carmenère chilena (1979-2001)

La secuencia que llevó al redescubrimiento de la Carmenère en Chile se extendió a lo largo de más de dos décadas. En 1979, el ampelógrafo francés Denis Boubals advirtió que buena parte del supuesto Merlot chileno no correspondía realmente a esa variedad. Claude Valat reiteró esas dudas en 1991.

Finalmente, el 24 de noviembre de 1994, el ampelógrafo Jean-Michel Boursiquot identificó de forma visual a la Carmenère en la viña Carmen, en Alto Jahuel, poniendo fin a más de un siglo de confusión varietal.

La confirmación definitiva llegó por vía genética. El estudio de Hinrichsen et al. (2001), publicado en el American Journal of Enology and Viticulture, analizó 93 vides procedentes de cinco viñedos chilenos originalmente plantados como Merlot mediante marcadores de microsatélites o SSR.

Los perfiles moleculares coincidieron con los de Merlot o Carmenère de acuerdo con la identificación visual previa, confirmando de manera independiente que se trataba de dos genotipos distintos. Dos marcadores en particular, VVMD28 y VVMD31, resultaron especialmente útiles para distinguir la Carmenère del Merlot, y este último marcador también permite diferenciarla del Cabernet Franc.

La institucionalización de la nueva identidad varietal fue casi inmediata. En 1996, Viña Carmen llegó a comercializar un vino bajo el sinónimo histórico Grande Vidure; en 1997 aparecieron ya vinos etiquetados directamente como Carmenère, y el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) exigió que las superficies plantadas fueran certificadas ampelográficamente y correctamente inscritas, iniciando la corrección del catastro vitícola nacional.

Filoxera y Carmenère

6. Manejo y control de la filoxera: lecciones para la viticultura actual

Comprender la biología de la filoxera es indispensable para diseñar estrategias de manejo eficaces, especialmente en un país como Chile, donde la ausencia histórica de la plaga es un activo fitosanitario que debe protegerse activamente.

  • Portainjertos resistentes o tolerantes: injertar Vitis vinifera sobre material derivado de especies americanas como V. riparia, V. rupestris y V. berlandieri sigue siendo la medida más eficaz y duradera contra la filoxera, aunque no implica inmunidad universal frente a nuevos biotipos del insecto.
  • Cuarentena y material certificado: impedir el movimiento de insectos en raíces, suelo y material de propagación es la herramienta más crítica para países con zonas libres de filoxera, como Chile.
  • Tratamientos de desinfestación del material vegetal: el uso de agua caliente y protocolos fitosanitarios específicos antes del movimiento o plantación de material reduce el riesgo de introducción.
  • Condiciones edáficas menos favorables: suelos muy arenosos o sujetos a inundación pueden reducir el establecimiento radicular de la filoxera, aunque esto nunca debe interpretarse como garantía absoluta de ausencia.
  • Limpieza de maquinaria y control del suelo: evitar el traslado de suelo y restos vegetales entre cuarteles y regiones es una medida preventiva especialmente relevante en zonas todavía libres de la plaga.

El fracaso posterior de portainjertos que parecían resistentes, como el AXR#1 en California, es un recordatorio de que la resistencia a la filoxera debe gestionarse como un carácter biológico sujeto a evolución, y no como una solución permanente.

7. La Carmenère hoy: de variedad olvidada a emblema vitícola de Chile

La historia de la filoxera y Carmenère tiene hoy consecuencias productivas muy concretas. El Catastro Vitícola del Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) correspondiente al año 2024 registra a la Carmenère entre las variedades de mayor superficie plantada a nivel nacional, con cifras en torno a las 9.500 hectáreas, muy por encima de las apenas 78 hectáreas que Plantgrape —la base de datos oficial francesa gestionada por INRAE, IFV e Institut Agro Montpellier— registraba en Francia en 2018.

El contraste no podría ser más elocuente: una variedad que en su país de origen quedó reducida a un puñado de hileras conservadas con fines patrimoniales se convirtió, en Chile, en una de las variedades tintas más cultivadas del país y en la base de la identidad enológica nacional, con vinos que combinan notas herbáceas características —asociadas a las pirazinas propias de la variedad— con perfiles frutales, especiados y de gran estructura tánica.

8. Lecciones para la conservación genética de variedades de vid

El caso de la filoxera y Carmenère deja lecciones que trascienden la anécdota histórica y resultan directamente aplicables a la gestión del patrimonio genético vitícola.

  • Conservar variedades no equivale a conservar nombres: durante más de un siglo, Chile conservó biológicamente a la Carmenère mientras la clasificaba administrativamente como otra cosa. Ampelografía, registros de campo y marcadores moleculares deben trabajar de forma conjunta y continua.
  • Las crisis sanitarias generan cuellos de botella genéticos, no solo biológicos: la filoxera eliminó plantas susceptibles en Europa, pero fue la reconstrucción posterior la que determinó qué variedades y clones se multiplicaron. Estudios de diversidad clonal han encontrado una variabilidad genética relativamente limitada entre accesiones chilenas, francesas e italianas de Carmenère, lo que sugiere una historia de propagación a partir de un acervo genético acotado.
  • La bioseguridad debe ser proporcional al riesgo: mientras Argentina, Perú, Brasil y Uruguay figuran entre los países sudamericanos con presencia confirmada de filoxera según la EPPO, Chile continúa fuera de esa lista. Mantener esa condición exige controles estrictos de trazabilidad, certificación fitosanitaria y manejo de suelo y maquinaria en todo material vegetal importado.
  • El material antiguo y los viñedos mixtos tienen valor patrimonial: muestrear plantaciones antiguas antes de su arranque, combinar marcadores SSR con genotipado genómico de mayor resolución y documentar el origen geográfico de cada accesión son prioridades para bancos de germoplasma y programas de mejoramiento.

Sería un error concluir que la Carmenère sobrevivió en Chile porque fuera resistente a la filoxera. No existe evidencia que sustente esa idea. Sobrevivió, fundamentalmente, porque la plaga que forzó la reconstrucción del viñedo europeo nunca llegó a establecerse en territorio chileno, y porque la propagación vegetativa continua —bajo un nombre equivocado— mantuvo vivo un patrimonio genético que en su lugar de origen estuvo a punto de perderse.

9. Preguntas frecuentes sobre filoxera y Carmenère

¿Qué es la filoxera y por qué fue tan destructiva para la vid europea?

La filoxera es un insecto originario de Norteamérica que se alimenta de las raíces de la vid. Al llegar a Europa en el siglo XIX transportado en material vegetal, atacó a Vitis vinifera, una especie sin resistencia radicular equivalente a la de las vides americanas, lo que provocó la muerte masiva de viñedos plantados a pie franco.

¿Por qué la Carmenère casi desapareció en Francia?

No porque fuera especialmente vulnerable a la filoxera, sino porque, al reconstruir el viñedo mediante injertos tras la crisis, los productores franceses priorizaron variedades más fiables. La Carmenère, de rendimiento irregular y alta susceptibilidad a la coulure, quedó marginada del proceso de replantación.

¿Cómo llegó la Carmenère a Chile y por qué sobrevivió allí?

Llegó junto con otras variedades bordelesas durante la modernización del viñedo chileno de mediados del siglo XIX, antes de la crisis filoxérica europea. Sobrevivió porque la filoxera nunca se estableció en Chile, lo que permitió que las vides europeas se mantuvieran a pie franco y se siguieran propagando sin interrupción.

¿Cuándo y cómo se identificó correctamente la Carmenère en Chile?

El ampelógrafo francés Jean-Michel Boursiquot la identificó visualmente el 24 de noviembre de 1994 en Alto Jahuel, tras dudas planteadas ya en 1979 y 1991. La confirmación genética llegó en 2001, mediante análisis de marcadores de microsatélites que distinguieron claramente su perfil molecular del de Merlot.

¿Cuánta superficie de Carmenère existe hoy en Chile en comparación con Francia?

El Catastro Vitícola del SAG de 2024 registra alrededor de 9.500 hectáreas de Carmenère en Chile, mientras que Plantgrape reportaba apenas 78 hectáreas en Francia en 2018, una diferencia que refleja el giro histórico de la variedad hacia su nuevo centro productivo.

10. Conclusión

La historia de la filoxera y Carmenère es, en el fondo, una historia sobre cómo la biogeografía, el azar administrativo y la ciencia terminan decidiendo el destino de un recurso genético agrícola.

La filoxera no eligió a la Carmenère como blanco especial: destruyó el viñedo europeo en su conjunto y fue la reconstrucción posterior, selectiva por necesidad, la que dejó a esta variedad al margen en su tierra de origen.

Chile, libre de la plaga, ofreció sin proponérselo el escenario exacto para que esa misma variedad sobreviviera durante generaciones, escondida bajo una identidad equivocada, hasta que la ampelografía y la genética moderna la devolvieron a su nombre verdadero.

Hoy, la Carmenère es mucho más que una curiosidad histórica: es la variedad tinta emblemática de la viticultura chilena, con una superficie que multiplica muchas veces la que sobrevive en Francia. Pero su historia también funciona como advertencia.

La condición que permitió esta conservación accidental —la ausencia de filoxera en Chile— no es un hecho garantizado para siempre, sino un estado fitosanitario que exige vigilancia constante.

Proteger ese estatus, documentar la diversidad clonal existente y seguir estudiando el patrimonio genético heredado de los viñedos antiguos son, en conjunto, la mejor forma de honrar una historia que comenzó con una catástrofe en Europa y terminó consolidando una identidad vitícola al otro lado del mundo.

11. Referencias

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