La temporada de uva de mesa chilena 2025–2026 se encuentra en la recta final, con pocos envíos aún por concretarse, dejando entrever una industria que ha sabido adaptarse a un entorno desafiante.
Factores como la autorregulación productiva, el avance del recambio varietal y una relación más equilibrada con los mercados internacionales han permitido sortear un escenario que, en sus inicios, parecía complejo.
Portalfruticola.com conversó con el presidente de Uvanova, Rafael Rodríguez, y el gerente comercial del Programa de Uva de Mesa de Exportadora Subsole S.A., Andro Vidal, quienes coincidieron en que el negocio está entrando en una etapa distinta: menos enfocada en grandes replantes y más orientada a perfeccionar la productividad, la condición y la consistencia comercial.

Los especialistas concordaron en que el inicio de la campaña generó optimismo entre los productores. Las condiciones climáticas durante la primavera fueron favorables y permitieron un buen desarrollo vegetativo de los parrones.
“Fue una primavera bastante benevolente. Los parrones crecieron bien en general y había buenas expectativas productivas”, explicó Rodríguez.
Sin embargo, las primeras cosechas en el norte comenzaron a mostrar señales de advertencia. A medida que avanzaba la temporada, los productores detectaron que el volumen real de fruta no estaba alcanzando las estimaciones iniciales.
Según detalló el presidente de Uvanova, uno de los factores que influyó fue una floración más extensa de lo habitual, situación que generó racimos visualmente atractivos, pero con menor peso efectivo.
Rodríguez señaló que “la flor estuvo un poco más larga de lo que queríamos. Las bayas venían bonitas, con buen calibre, pero algo más disparejas, y eso terminó engañando el peso del racimo”.
Las primeras estimaciones del Comité de Uva de Mesa proyectaban exportaciones cercanas a las 66,5 millones de cajas. Posteriormente, las cifras comenzaron a corregirse a la baja: primero a poco más de 64 millones y luego a cerca de 62 millones de cajas antes de las lluvias de marzo.

“Las lluvias afectaron fuertemente a la región de O’Higgins, sobre todo al sector sur, y eso terminó de hacer caer los volúmenes”, sostuvo Rodríguez.
Hasta la semana 17, Chile acumulaba aproximadamente 57 millones de cajas exportadas, reflejando una campaña considerablemente menor a la proyectada al inicio.
Desde la mirada exportadora, Vidal describió esos días como un momento complejo para la industria. "Fue un evento mayor ya que fueron dos lluvias de gran magnitud desde la región de O'Higgins al sur. Posteriormente a esos días, se bajaron cosechas completas, había huertos perdidos y fruta dañándose rápidamente”, recordó.
Vidal indicó que el impacto no fue homogéneo. Empresas y campos con una mayor presencia productiva al norte de la región de O'Higgins tuvieron afectaciones relativamente menores, mientras que productores ubicados en zonas más al sur enfrentaron pérdidas mucho más severas.
A pesar de la reducción de volúmenes y de la incertidumbre inicial, la temporada mostró un comportamiento comercial relativamente positivo en Estados Unidos, principal destino para la uva chilena.
Uno de los elementos más valorados por la industria fue la complementariedad que se produjo entre las exportaciones de Perú y Chile. Rodríguez explicó que ambos países lograron abastecer distintas ventanas comerciales sin provocar una saturación importante del mercado. “Las curvas de oferta fueron muy complementarias. Nunca hubo un exceso semanal que desordenara el mercado”, señaló.

Para Chile, esa situación resulta especialmente relevante porque permite posicionarse como proveedor estratégico durante marzo, abril y parte de mayo, período en el que Perú reduce considerablemente su presencia.
Sin embargo, el mercado estadounidense también evidenció cambios estructurales importantes en las preferencias de consumo.
Las variedades verdes continúan ganando terreno de forma acelerada, mientras las rojas y negras pierden participación.
“Antes el mercado estaba con cerca de 50% de variedades blancas y 45% de rojas. Hoy estamos más cerca de 60% de blancas, 35% rojas y apenas un 2% o 3% de negras”, indicó Rodríguez.
Vidal confirmó que esa tendencia obligó a exportadores e importadores a ajustar estrategias comerciales durante la temporada.
“Hubo momentos donde los importadores nos pidieron frenar variedades rojas y negras porque el consumo estaba mucho más enfocado en verdes”, comentó.
Uno de los conceptos que ambos voceros mencionaron fue la “autorregulación”.
Tras las complicaciones comerciales de campañas anteriores —especialmente las asociadas a sobrestock y deterioro de calidad— gran parte de la industria decidió restringir voluntariamente la fruta exportada.
“La industria se autorreguló. Se dejaron fuera variedades y calidades que no daban el estándar”, explicó Vidal.
Esto permitió que la fruta chilena ingresara de manera más ordenada al mercado estadounidense, evitando presiones excesivas sobre los precios.
“Los importadores quedaron golpeados por la temporada anterior y hoy mandan señales mucho más claras sobre qué fruta necesita y cuál no”, añadió.

Si existe un consenso transversal dentro de la industria, es que el gran proceso de reconversión genética ya está prácticamente completado.
Las variedades tradicionales, que durante décadas dominaron la oferta chilena, están desapareciendo. “Thompson Seedless y Superior prácticamente ya están fuera. En su reemplazo, variedades patentadas como Sweet Globe, Autumncrisp y Allison lideran la oferta exportadora”, afirmó Rodríguez.
Para Vidal, la nueva genética dejó de ser una ventaja competitiva y pasó a ser una condición mínima para seguir participando en el negocio. “Si no estás con nueva genética, simplemente no te alcanza para abastecer los mercados más competitivos”, sostuvo.
Ambos ejecutivos coincidieron en que la gran revolución varietal ya ocurrió. Lo que viene es consolidar las variedades que funcionan.
Con el recambio varietal, la industria comienza a ver otros desafíos. Los expertos indicaron que el foco está en lograr una oferta más homogénea y consistente, ante las complejidades logísticas y fitosanitarias que enfrenta Chile.
Rodríguez explicó que “hay productores que lo están haciendo muy bien, pero todavía existen casos donde la condición es más variable y eso genera problemas en destino”.
Uno de los factores más complejos continúa siendo la fumigación obligatoria para Estados Unidos, proceso que añade presión a la cadena logística y a la vida útil de la fruta.
Rodríguez dijo: “Tenemos que mejorar cosecha, packing, postcosecha y logística para ser más consistentes como país”.
A juicio de Vidal, la estrategia agronómica actual está más enfocada en perfeccionar el manejo técnico de las variedades de uva de mesa existentes y evaluar nuevas alternativas varietales, aunque con cautela, ya que equivocarse resulta muy costoso para los productores y predios.
Sobre el potencial de desarrollo del sector, indicaron que el fuerte costo de establecer nuevos huertos está moderando el ritmo de expansión varietal.
Vidal explicó que plantar una hectárea de uva puede costar cerca de US$30 mil, cifra que aumenta considerablemente si se incorporan coberturas plásticas u otras tecnologías. “Equivocarse con una variedad hoy es extremadamente caro”, señaló.
Por ello, las empresas están avanzando con mayor prudencia y priorizando decisiones basadas en experiencia comprobada y demanda consolidada.
El ejecutivo de Subsole señaló que “todos estamos atentos a las nuevas variedades, pero ahora las decisiones son mucho más cuidadosas”.
Aunque el cierre definitivo de la temporada aún está en desarrollo, la sensación predominante dentro de la industria es que el negocio de la uva chilena comienza lentamente a encontrar un nuevo equilibrio.
La fuerte reconversión varietal, la adaptación a las nuevas preferencias del retail y la complementariedad con otros orígenes parecen haber estabilizado parcialmente una industria que durante años convivió con sobreoferta, retornos deprimidos y altos niveles de incertidumbre.
En esa línea, Rodríguez concluyó que “ya hicimos una muy buena reestructuración de nuestra oferta. Ahora el desafío es seguir mejorando calidad, condición y consistencia”.
*Imágenes referenciales.
Noticia relacionada:
Expertas urgen destrabar el Systems Approach para recuperar competitividad de la uva chilena
El 12 de agosto de 2026, el Centro de Conferencias Monticello, Chile, acogerá una nueva edición de la Global Grape Convention. Organizado por Yentzen Group, Frutas de Chile, Provid, Global Grape Group y México Table Grapes, el evento reunirá a destacados expertos internacionales en una jornada imperdible de contenidos estratégicos, tendencias clave y análisis de alto nivel para anticiparse a los desafíos del mercado. La convención se posiciona como una plataforma única para conectar con compradores, distribuidores, exportadores y líderes del retail, generando oportunidades reales de negocio y fortaleciendo redes en un entorno altamente especializado.
Más información
events@yentzengroup.com
https://www.