El shock en el suministro de fertilizantes repercute en los mercados agrícolas globales
En nuestra serie «En gráficos», nos esforzamos por contar algunas de las historias que están marcando al sector, en esta oportunidad, cómo las situación en el Estrecha de Hormuz está afectando al mercado de los fertilizantes. No dude en consultar los demás artículos haciendo clic aquí.
Los flujos globales de fertilizantes se han ajustado drásticamente tras las interrupciones en el Estrecho de Ormuz, una ruta clave para las exportaciones de nitrógeno y azufre, fundamentales para la producción agrícola.
El cierre de la vía oceánica ha detenido cerca de la mitad de las exportaciones globales de urea, impulsando los precios en casi un 30% en las últimas semanas. Los fertilizantes nitrogenados como la urea se aplican justo antes de la siembra, lo que deja a los agricultores con poco margen para retrasar o adaptar sus decisiones.
“Si nos hubieran preguntado antes cuál es el peor escenario posible para los fertilizantes, sería exactamente este evento en esta época del año”, señaló Josh Linville, de StoneX, una empresa estadounidense de servicios financieros.
La disrupción se está extendiendo a lo largo de toda la cadena de suministro. La producción de fertilizantes depende en gran medida del gas natural, y varios grandes productores, entre ellos India, Pakistán y China, enfrentan restricciones a medida que se ajusta la oferta de gas. Al mismo tiempo, las exportaciones de azufre, clave para los fertilizantes fosfatados, también se han visto afectadas, intensificando la presión sobre la disponibilidad global.
Incluso los países con fuerte producción interna siguen expuestos. Según un artículo publicado por NPR, Estados Unidos importa aproximadamente el 18% de sus fertilizantes nitrogenados para cubrir la demanda estacional y se espera que enfrente un déficit cercano a 2 millones de toneladas de urea esta primavera.

Falta de fertilizantes, decisiones complejas
Con una oferta incierta y costos en alza, los agricultores se ven obligados a tomar decisiones complejas. Algunos podrían cambiar hacia cultivos menos intensivos en fertilizantes, mientras que otros podrían reducir la superficie sembrada.
“No hay muchas respuestas fáciles para este problema”, afirmó Veronica Nigh, economista jefe del Fertilizer Institute, aludiendo a las limitaciones estructurales en la producción y las cadenas de suministro.
Incluso si se reanudan los flujos comerciales, se espera que la recuperación tome tiempo. La producción de fertilizantes opera con una capacidad ociosa limitada, y reconstruir las cadenas de suministro podría tardar meses.
Las implicancias van más allá de la agricultura. Los fertilizantes son un insumo fundamental en la producción de alimentos, y disrupciones de esta magnitud aumentan el riesgo de menores rendimientos y una menor disponibilidad de alimentos en los próximos meses.
Si bien la inseguridad alimentaria suele asociarse a las importaciones de alimentos, también está estrechamente vinculada al acceso a insumos agrícolas esenciales. Por ello, las interrupciones en el suministro de fertilizantes podrían afectar la producción, los rendimientos y la disponibilidad de alimentos. Además, esta situación está elevando los costos de transporte y comercio.
Las tarifas de flete para buques petroleros han aumentado más de un 90% desde finales de febrero. Los precios del combustible marítimo casi se han duplicado, mientras que las primas de seguros por riesgo de guerra se han disparado, con algunas aseguradoras retirando completamente su cobertura para embarcaciones que operan en el Golfo Pérsico.
Como resultado, los armadores se ven obligados a suspender tránsitos o absorber costos de seguros significativamente más altos, con primas que se han multiplicado varias veces por viaje. Estos mayores costos de transporte y seguros se trasladan a los precios de los fertilizantes y, en consecuencia, a la producción y exportaciones agrícolas.
Según la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el aumento en los costos de los fertilizantes influye en las decisiones de siembra, incluyendo la elección de cultivos y la superficie total plantada, además de afectar el uso de insumos y los rendimientos, con impactos que se materializan en el tiempo.
La situación actual ilustra cómo las disrupciones vinculadas a conflictos pueden transmitirse a través de mercados de materias primas interconectados. Energía, fertilizantes y alimentos están estrechamente vinculados mediante la producción y el comercio, lo que implica que restricciones en un sector pueden afectar rápidamente a otros, con consecuencias para la seguridad alimentaria, el comercio y el desarrollo.
La magnitud de estos efectos dependerá de cuánto tiempo persistan las disrupciones. Las tendencias actuales apuntan a una presión creciente en los mercados de materias primas y en las cadenas de suministro.
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