¿Qué impactos podría generar el fenómeno de El Niño en la fruticultura chilena?

¿Qué impactos podría generar el fenómeno de El Niño en la fruticultura chilena?

El fenómeno de El Niño o La Niña se han convertido en un factor de preocupación para los productores, ya que representa diversos desafíos agronómicos. En las últimas semanas ha surgido la posibilidad de un nuevo episodio de El Niño, lo cual mantiene en alerta a distintos sectores productivos del país. 

En un contexto de incertidumbre, Portalfruticola.com conversó con Nicolás Raab, docente de climatología de la Facultad de Agronomía y Sistemas Naturales de la Pontificia Universidad Católica de Chile, quien explicó que, si bien en los últimos meses se ha observado un aumento paulatino de las temperaturas en el océano Pacífico, todavía no existen suficientes antecedentes para asegurar que se desarrollará un evento de El Niño durante la próxima temporada.

Este evento climático se caracteriza por un aumento de las temperaturas superficiales del océano Pacífico ecuatorial, lo que altera los patrones atmosféricos y modifica el comportamiento de las precipitaciones en distintas regiones del mundo.

Raab señaló que, de consolidarse el fenómeno, este no se manifestaría durante el invierno, como muchas veces se piensa, sino más bien hacia la primavera e incluso a comienzos del verano.

De acuerdo con Raab, la intensidad de este fenómeno se proyecta en función del grado de calentamiento del mar, información que es monitoreada constantemente por organismos climáticos.

Explicó que “el aumento de temperatura en el océano genera mayor evaporación y eso alimenta los sistemas frontales que llegan desde el sur, aumentando la probabilidad de precipitaciones y también su intensidad”.


¿Qué impactos podría generar el fenómeno de El Niño en la fruticultura chilena?


Otro de los efectos relevantes para la agricultura es el aumento de la isoterma cero —el nivel donde el agua pasa de estado líquido a nieve—, lo que puede provocar que las precipitaciones caigan más como lluvia que como nieve en la cordillera.

Este fenómeno tiene consecuencias hidrológicas importantes. “Cuando la isoterma está más alta, hay más agua líquida escurriendo hacia los ríos. Eso puede aumentar los caudales e incluso afectar infraestructura rural o agrícola”, acotó.

“Todavía es temprano para afirmar si tendremos un año de El Niño. Es necesario esperar hasta mayo o junio, cuando proyectamos tener un panorama más claro y mayor certeza”, señaló el académico.

Impacto de El Niño en la fruticultura

Raab dijo que el principal riesgo para la industria frutícola sería la ocurrencia de lluvias tardías, particularmente en noviembre y diciembre, “un escenario que ya se observó durante la temporada 2023-2024”.

Este tipo de precipitaciones fuera de temporada puede tener efectos directos sobre la calidad de la fruta. “Las lluvias intensas en primavera generan riesgos de pudrición y afectan la calidad del producto. En el caso de la cereza, por ejemplo, también pueden provocar partidura del fruto, lo que genera pérdidas importantes”, explicó Raab.

Ante la posibilidad de que se genere el fenómeno, el académico recomendó a los productores comenzar a evaluar medidas preventivas, especialmente en cultivos más sensibles a la lluvia en periodos cercanos a la cosecha.

“Los productores de cereza que han tenido problemas en temporadas anteriores podrían considerar la instalación de coberturas o infraestructura que permita reducir el impacto de lluvias tardías”, indicó.

Además del daño directo a la fruta, también podrían generarse otras afectaciones debido a un aumento de la humedad durante la primavera, lo que podría favorecer la aparición de enfermedades fúngicas como el oídio y otras infecciones, lo que también implicaría mayores costos de manejo para los agricultores.


¿Qué impactos podría generar el fenómeno de El Niño en la fruticultura chilena?


Disponibilidad de agua 

Cuando se habla de mayores precipitaciones, podría pensarse que es una buena noticia, pero el especialista advierte que esto no necesariamente se traduce en más recursos para riego.

En años con eventos de lluvia intensos y concentrados, gran parte del agua fluye rápidamente hacia el océano sin ser almacenada. “Desde el punto de vista agrícola, lo ideal es que el agua se acumule como nieve en la cordillera y se derrita gradualmente durante la temporada. Eso permite un equilibrio entre la evaporación y el suministro de agua para riego”, especificó.

En cambio, durante episodios de precipitaciones intensas y rápidas, ese equilibrio se rompe y el sistema hídrico pierde capacidad de regulación natural.

“En los últimos años, los eventos de El Niño han sido relativamente débiles entre las regiones de Coquimbo y Valparaíso. Los aumentos más notorios de precipitaciones se han observado desde la Metropolitana hacia el Maule y Ñuble”, señaló Raab.

No obstante, fue categórico al decir que aún es prematuro determinar con precisión qué zonas podrían verse más afectadas en caso de que el fenómeno se confirme.

Importancia del monitoreo climático

En el hemisferio sur el otoño ya se aproxima y en base a ello es de relevancia el comportamiento del invierno y su impacto en las horas de frío necesarias para cultivos frutales en dormancia, el especialista indicó que, preliminarmente, se esperaría una temporada dentro de rangos normales.

“Las temperaturas más altas asociadas al fenómeno de El Niño se manifestarían principalmente en primavera, por lo que durante el periodo de latencia de los cultivos las condiciones debieran mantenerse cercanas a los promedios históricos”, afirmó.

Esto sería particularmente relevante para especies que dependen de un adecuado acumulado de frío invernal para lograr una buena brotación y producción en la temporada siguiente.

Raab enfatizó la importancia de seguir de cerca los pronósticos estacionales emitidos por la Dirección Meteorológica de Chile, informes que se actualizan mensualmente y entregan proyecciones. “Hoy es muy difícil hacer una proyección para la temporada 2026-2027. A medida que avance el año, especialmente hacia mayo y junio, tendremos mayor claridad sobre si se desarrollará un evento de El Niño”.

Concluyó indicando que es imprudente asegurar desde ahora tanto la ocurrencia como la intensidad del fenómeno. “No podemos afirmar con certeza que será un año Niño; tampoco podemos anticipar si será un evento fuerte o débil”.


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