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Resumen ejecutivo Las micorrizas son asociaciones simbióticas entre hongos del suelo y raíces vegetales que, cuando se gestionan correctamente, amplían la zona de exploración radicular y mejoran la nutrición, el estado hídrico y la resiliencia del cultivo. Los meta-análisis más sólidos reportan incrementos promedio de rendimiento de 16–23 % en condiciones de campo, con rangos desde −8 % hasta +85 % según el contexto. La respuesta depende del tipo de suelo, el nivel de fósforo disponible, la calidad del inoculante y el manejo general del sistema productivo. Usar micorrizas no garantiza automáticamente mayor cosecha: requiere diagnóstico, selección correcta y aplicación técnica.
1. Introducción: ¿qué son las micorrizas y por qué importan en la agricultura moderna?
La agricultura contemporánea enfrenta el desafío de producir más con menos insumos, conservar la salud del suelo y adaptarse a condiciones climáticas cada vez más impredecibles. En ese contexto, las micorrizas han ganado protagonismo como una herramienta de base biológica capaz de mejorar la eficiencia nutricional, la tolerancia al estrés hídrico y, en muchos casos, el rendimiento final del cultivo.
El término micorriza proviene del griego mykes (hongo) y rhiza (raíz) y describe una simbiosis mutualista entre hongos del suelo y las raíces de la gran mayoría de plantas vasculares. En esta asociación, el hongo coloniza la raíz —en algunos casos penetrando las células corticales, en otros formando estructuras externas— y extiende su micelio hacia el suelo, explorando un volumen de sustrato mucho mayor del que la raíz sola podría alcanzar. A cambio, la planta suministra al hongo carbohidratos fotosintéticos, generando un intercambio mutuamente beneficioso.
Desde el punto de vista agrícola, las micorrizas arbusculares (MA o AMF, por sus siglas en inglés) son las de mayor relevancia, ya que colonizan la inmensa mayoría de los cultivos de importancia económica: cereales, leguminosas, hortalizas, frutales y plantas perennes tropicales. Su aplicación como bioinoculante —tanto en forma de inóculos producidos localmente como de productos comerciales— representa hoy una de las áreas de mayor crecimiento dentro de la agricultura biológica y la agricultura de precisión.
Sin embargo, el entusiasmo no debe superar al rigor. La evidencia científica muestra que la respuesta a la inoculación con hongos micorrízicos arbusculares es altamente variable: puede traducirse en aumentos sustanciales de rendimiento, pero también en efectos nulos o incluso negativos. Este artículo revisa los fundamentos técnicos, la evidencia cuantitativa disponible, los protocolos de aplicación y los criterios económicos que deben guiar cualquier decisión de adopción, con énfasis en el contexto latinoamericano.
2. Tipos de micorrizas relevantes en agricultura
2.1 Endomicorrizas y micorrizas arbusculares (AMF)
Las endomicorrizas se caracterizan porque el hongo penetra el interior de las células corticales de la raíz. Dentro de este gran grupo, las micorrizas arbusculares son, con diferencia, las más importantes para la agricultura. Forman estructuras denominadas arbúsculos —ramificaciones altamente subdivididas dentro de la célula vegetal— que constituyen el principal sitio de intercambio de nutrientes entre el hongo y la planta. En muchas especies también se forman vesículas, estructuras de almacenamiento lipídico.
Los hongos micorrízicos arbusculares pertenecen al filo Glomeromycota y son simbiontes obligados: no pueden completar su ciclo de vida sin una planta hospedante. Esta característica los hace más difíciles de producir en masa que los hongos saprofitos, lo que explica los frecuentes problemas de calidad en los inoculantes comerciales.
Una advertencia técnica fundamental: no todos los cultivos forman micorrizas arbusculares. Familias como las Brassicaceae (Brassica oleracea, colza, rábano, mostaza) y las Chenopodiaceae presentan estatus no micorrízico o relaciones atípicas. Inocularlas con AMF tiene escasa o nula lógica agronómica y puede resultar en un gasto injustificado.
2.2 Ectomicorrizas y sus aplicaciones
Las ectomicorrizas forman un manto externo alrededor de la raíz y una red intercelular denominada red de Hartig, sin penetrar las células vegetales. Son características de muchos árboles forestales de zonas templadas (pinos, encinas, hayas, eucaliptos) y resultan especialmente relevantes para plantaciones forestales, viveros de árboles y sistemas agroforestales específicos. Su importancia directa para cultivos anuales es menor que la de las AMF, aunque en sistemas silvopastoriles o de reforestación productiva su uso puede estar justificado.
3. Mecanismos de acción: por qué las micorrizas funcionan y por qué a veces no
Entender los mecanismos que subyacen a la respuesta micorrízica es clave para predecir cuándo esta tecnología puede ser efectiva y cuándo es probable que no genere beneficios. Los principales mecanismos documentados son:
Mejora en la absorción de fósforo (P). El micelio externo de las AMF puede explorar poros del suelo inaccesibles para las raíces y transportar fósforo hacia la planta mediante transportadores específicos. Este es el mecanismo más consistente y mejor documentado en la literatura, especialmente en suelos con baja a moderada disponibilidad de P. En meta-análisis de trigo y cereales, el P disponible en el suelo es uno de los principales moduladores de la magnitud de respuesta.
Absorción de nitrógeno (N), zinc (Zn) y otros micronutrientes. En trigo, la inoculación con hongos micorrízicos aumentó de forma significativa la absorción de P, N y Zn, vinculándose con mayor rendimiento de grano. En condiciones de temporal (agricultura de secano), también se observaron incrementos en la concentración de P y N en parte aérea.
Mejora del estado hídrico y tolerancia a sequía. La red hifal puede mejorar el contacto raíz-suelo, la conductividad hidráulica y la eficiencia de uso del agua. Este mecanismo es especialmente relevante en sistemas de secano o bajo déficit hídrico moderado, y explica por qué los promedios de respuesta tienden a ser mayores en sistemas con estrés hídrico.
Interacción con el microbioma y tolerancia a patógenos de suelo. Un estudio a gran escala en 54 campos de maíz en Suiza demostró que la abundancia de hongos patógenos del suelo predijo una parte importante del éxito de la inoculación con micorrizas arbusculares. Esto abre la posibilidad de usar diagnósticos de microbioma para decidir si inocular o no.
Costos metabólicos y trade-offs. Las micorrizas requieren carbono fotosintético del hospedero (entre 4 y 20 % de los fotoasimilados, según el sistema). Si el suelo ya ofrece P y agua en abundancia —o si hay alta colonización nativa activa— el beneficio neto puede ser neutral o incluso negativo. Esta es una razón estructural de la alta variabilidad observada en campo: en suelos fértiles y bien irrigados, la simbiosis puede convertirse en una "carga" para la planta sin retorno proporcional.

Gráfico N°1. Rangos observados de aumento de rendimiento con micorrizas por tipo de cultivo y sistema. Fuente: elaboración propia a partir de meta-análisis y estudios de campo citados en el artículo.
Como se muestra en el Gráfico N°1, los rangos de incremento de rendimiento por efecto de las micorrizas varían ampliamente entre cultivos y sistemas. Los valores más moderados y consistentes corresponden a cereales de temporal, mientras que los extremos positivos se observan en casos específicos como cacao bajo condiciones de alta limitación y protocolo de aplicación muy ajustado.
4. Evidencia científica y meta-análisis sobre incrementos de rendimiento con micorrizas
4.1 Síntesis de meta-análisis y rangos cuantitativos
La literatura científica sobre micorrizas arbusculares en agricultura es extensa, pero los meta-análisis —que agregan y sintetizan resultados de múltiples ensayos de campo— ofrecen la perspectiva más robusta sobre qué se puede esperar en la práctica.
Agricultura de temporal (secano, múltiples cultivos). Wu y col. (2022) realizaron un meta-análisis bajo condiciones de agricultura de temporal y estimaron un aumento promedio del rendimiento del 23 % (IC 95 %: 16–30 %). Los tamaños de efecto abarcaron desde −8 % hasta +85 %, con aproximadamente el 76 % de los efectos siendo positivos. Para cultivos de grano, el intervalo reportado fue de 14–29 %; para cultivos no-grano, de 10–60 % (aunque con menor tamaño de muestra). Los cultivos fijadores de nitrógeno tendieron a responder más (29,4 % vs. 20,4 %).
Cereales (siete cultivos, inoculación en campo). Zhang y col. (2019) reportaron un incremento promedio de +16 % en rendimiento de grano en un meta-análisis de inoculación en campo para siete cereales, con el efecto modulado por el pH del suelo y reducido en cultivares liberados después de 1950 (probablemente por la selección en condiciones de alta fertilización).
Trigo (meta-análisis 1975–2013). Pellegrino y col. (2015) estimaron un aumento de +20 % en rendimiento de grano y +25 % en índice de cosecha en ensayos de campo. La respuesta se relacionó con el porcentaje de colonización radical y estuvo fuertemente influida por la materia orgánica y el pH del suelo como determinantes del sitio.
4.2 Casos con datos cuantitativos en Latinoamérica
Maíz en los Andes ecuatorianos. En Loja (Ecuador), un ensayo de campo con maíz blanco reportó que la inoculación con hongos micorrízicos arbusculares elevó el rendimiento promedio entre 18 y 31 % (promedio: 24,5 %) respecto al testigo sin inoculación, con un rendimiento máximo de 9,82 t/ha bajo las condiciones del ensayo. El trabajo enfatizó que niveles altos de P en el suelo pueden inhibir el establecimiento de la simbiosis.
Maíz en México (coinoculación y reducción de fertilización). Un ensayo de campo en Veracruz evaluó la coinoculación con consorcios de HMA y Azospirillum brasilense junto con una reducción del 50 % de la fertilización mineral. En algunos tratamientos se reportaron incrementos del peso de grano superiores al 74 %, lo que ilustra el principio de "sostener rendimiento mientras se reducen insumos" en suelos con fósforo no detectable.
Cacao Nacional en la Amazonía ecuatoriana. Sisalima-Ortega y col. (2023) evaluaron diferentes dosis y frecuencias de aplicación de micorrizas arbusculares en cacao en etapa productiva. El tratamiento con 17.600 esporas aplicadas mensualmente logró elevar el rendimiento medio de almendra seca de 1.044,93 kg/ha (sin inoculación) a 3.282,95 kg/ha, es decir un incremento del ~214 %. Este resultado extraordinario debe leerse como evidencia localizada —condiciones de sitio, historial de manejo y diseño del ensayo influyen decisivamente— y no como resultado promedio generalizable.
Café en Perú. En la región Amazonas, Vallejos-Torres y col. (2019) reportaron efectos positivos de la inoculación con consorcios de HMA combinados con compost sobre variables de desarrollo de café a 295 días (altura, número de ramas, micelio extraradical, colonización), evidenciando una sinergia importante entre materia orgánica y actividad micorrízica en sistemas de perennes.
4.3 Forrajes: respuestas potencialmente altas
En alfalfa, un estudio publicado en Frontiers (2022) reportó que la inoculación con consorcios de AMF aumentó el rendimiento de forraje en +68 %, el contenido de N en +147 % y el de P en +182 %, con una persistencia de efectos de al menos dos años. Esto es relevante porque en perennes forrajeras la simbiosis dispone de más tiempo para establecer redes hifales estables y funcionales. En sistemas ganaderos, una evaluación con maíz y sorgo forrajero demostró que la inoculación con reducción del 50 % del N resultó en mayor rentabilidad (+670 € y +732 €/ha respectivamente) y mejor eficiencia energética, sin afectar el rendimiento lechero del ganado.
5. Consideraciones agronómicas: cuándo favorecen y cuándo inhiben las micorrizas
La respuesta micorrízica es el resultado de la interacción cultivo × suelo × manejo × inoculante. Los principales determinantes documentados son:
Disponibilidad de fósforo y estrategia de fertilización. En general, las respuestas más marcadas a la inoculación con micorrizas arbusculares se esperan cuando el P disponible es bajo a moderado. Niveles excesivos de P en el suelo pueden inhibir el establecimiento y la colonización, reduciendo significativamente la respuesta. En el ensayo andino de maíz, en meta-análisis de trigo y en el de cereales, el fósforo disponible es identificado sistemáticamente como uno de los moduladores críticos.
pH y materia orgánica del suelo. En trigo, el pH y la materia orgánica aparecen como las variables de sitio que mejor explican las diferencias de respuesta entre ensayos. En perennes, las enmiendas orgánicas (compost, lombricompost) pueden favorecer tanto la actividad micorrízica como la biología del suelo en general, creando un efecto sinérgico.
Disturbio del suelo y continuidad de hospederos. Las redes hifales de micorrizas y los propágulos en el suelo se ven favorecidos por prácticas que reducen el disturbio físico y mantienen cobertura vegetal continua. La labranza profunda y frecuente fragmenta las redes establecidas y reduce el inóculo efectivo. Mantener coberturas vivas o residuos en superficie, reducir la frecuencia de labranza y adoptar rotaciones con cultivos hospedantes contribuye a potenciar la micorrización nativa.
Rotación de cultivos y cultivos no hospedantes. Rotar con especies no micorrízicas (como muchas Brassicaceae) durante períodos prolongados puede agotar el inóculo nativo de AMF efectivo. Por el contrario, rotaciones que incluyen gramíneas, leguminosas y coberturas vivas tienden a sostener y enriquecer la red micorrízica del suelo.
Interacción con el microbioma y presencia de patógenos. La presencia de hongos patógenos del suelo condiciona la respuesta a la inoculación con micorrizas. En ensayos a gran escala en Suiza, los indicadores del microbioma del suelo —especialmente la abundancia relativa de patógenos— fueron los mejores predictores del éxito de la inoculación, superando a variables físico-químicas del suelo como predictores individuales.
6. Protocolos prácticos de inoculación, compatibilidad y control de calidad
6.1 Tipos de inoculantes y criterio práctico de selección
Existen tres grandes familias de formulaciones de inoculantes micorrízicos disponibles para uso agrícola:
Inóculos "crudos" o sustrato-basados. Mezclas de suelo, raíces colonizadas y esporas producidas localmente. Son comunes en programas técnicos y pueden funcionar bien cuando se gestionan correctamente, pero su estandarización y almacenamiento son desafiantes.
Inóculos producidos en sistemas controlados. Producidos en macetas con plantas trampa o sistemas más controlados. Ofrecen mayor control sobre la concentración de propágulos; su limitación es el costo y la necesidad de trazabilidad.
Productos comerciales. Disponibles en polvos, gránulos, geles o líquidos. Aquí el punto más crítico es la viabilidad de los propágulos. Un estudio global que evaluó 28 inoculantes comerciales encontró resultados preocupantes: en suelo esterilizado (condición de prueba estándar), el 84 % de los inoculantes no produjo colonización detectable, lo que sugiere ausencia de propágulos viables en la mayoría de los productos evaluados. En suelo no esterilizado, la respuesta en biomasa fue igualmente escasa. Esta evaluación obliga a exigir fichas técnicas completas, datos de propágulos viables por gramo y evidencia de ensayos locales antes de cualquier compra a gran escala.
6.2 Momento y método de aplicación de micorrizas
La regla agronómica más robusta es que el inoculante debe quedar en contacto temprano con la raíz joven. Si el producto queda distribuido en el suelo pero lejos de las raicillas activas, el resultado tiende a ser pobre independientemente de la calidad del inoculante.
Tratamiento de semilla / recubrimiento. Útil en cereales y leguminosas. En maíz en Veracruz, se humedeció la semilla, se usó un adherente natural y se mezcló el inóculo, logrando impregnación efectiva del consorcio micorrízico. Este método asegura que el hongo está presente desde la germinación.
En la línea de siembra (in-furrow) o banda cerca de semilla. Adecuado para grano en siembra mecanizada. En el estudio suizo de 54 campos de maíz, el inoculante se mezcló con suelo en el surco (~5 % v/v), reubicando la semilla sobre esa mezcla, asegurando el contacto inmediato.
En trasplante. Para hortalizas, viveros y perennes, la aplicación al cepellón, como "root dip" o incorporada en el sustrato, es la forma más eficiente. En café en Perú, la inoculación en trasplante combinada con compost se asoció con mayor colonización y desarrollo a los 295 días.
Aplicaciones periódicas al suelo en perennes. En cacao en la Amazonía ecuatoriana, se compararon aplicaciones únicas, trimestrales y mensuales. La aplicación mensual de 17.600 esporas fue la que generó la mayor respuesta productiva, lo que sugiere que en perennes con suelos degradados o alta competencia microbiológica puede ser necesario un aporte sostenido.
6.3 Compatibilidad con fertilización y agroquímicos
Fertilización fosfatada. Evitar sobrefertilizar con P al inicio del ciclo cuando se busca maximizar la colonización micorrízica. Ajustar según análisis de suelo y mantener el P disponible en rangos bajos a moderados durante las primeras semanas posteriores a la siembra o trasplante.
Nitrógeno y manejo integrado. La evidencia aplicada en sistemas forrajeros muestra que la reducción de fertilización nitrogenada al 50 %, combinada con inoculación, puede mantener rendimientos y mejorar la rentabilidad. El N en exceso no inhibe directamente la colonización de micorrizas, pero puede alterar la dinámica de dependencia.
Fungicidas y curasemillas. El efecto sobre la viabilidad del inoculante depende de la molécula específica y la dosis. Es prudente consultar la etiqueta del producto biológico respecto a compatibilidades y, de ser posible, diseñar un ensayo local comparativo antes de integrar el bioinoculante en programas de curasemilla convencionales.
Flujo de decisión resumido para adoptar micorrizas en campo:
1. ¿El cultivo es hospedante AMF? → Si no: no inocular, explorar otras alternativas biológicas.
2. ¿Hay diagnóstico de suelo (pH, P disponible, MO, historial)? → Si no: realizarlo primero.
3. ¿Las condiciones favorecen respuesta (P bajo, estrés hídrico, suelo degradado)? → Si no: priorizar manejo que favorezca AMF nativas (coberturas, menos disturbio, rotación).
4. ¿Hay AMF nativas funcionales? → Si hay dudas: micro-ensayo en tiras antes de escalar.
5. Seleccionar inoculante con evidencia de propágulos viables, aplicar temprano en contacto con raíz y ajustar fertilización fosfatada.
6. Evaluar colonización, componentes de rendimiento y relación beneficio/costo antes de escalar.
6.4 Tabla comparativa de inoculantes comerciales con datos disponibles

Nota: disponibilidad, composición y precios pueden cambiar. Fechas de consulta implícitas: 2024–2026. Siempre solicitar ficha técnica actualizada y verificar propágulos viables.
7. Análisis económico, riesgos y recomendaciones paso a paso para productores
Marco económico mínimo. Una evaluación costo-beneficio operativa puede hacerse con cuatro variables: rendimiento base (Y₀, en t/ha), precio del producto (Pₚ, en US$/t), incremento esperado (Δ %, basado en evidencia local) y costo total (inoculante + aplicación − posibles ahorros en fertilizante). El beneficio bruto esperado = Y₀ × Pₚ × (Δ %/100). La decisión básica: si el beneficio bruto supera el costo, la tecnología se justifica económicamente.
Ejemplo conceptual: con un costo total de 40 US$/ha, rendimiento base de 6 t/ha y precio de 200 US$/t, el punto de equilibrio es una mejora de apenas ~3,3 %. En ese escenario, incluso incrementos modestos pueden justificar la inversión; sin embargo, si el sistema ya tiene alta colonización nativa o P elevado, el beneficio real puede acercarse a cero.
En sistemas de perennes de alto valor como el cacao, el caso ecuatoriano muestra que el potencial de retorno puede ser extraordinario bajo condiciones específicas. Sin embargo, las aplicaciones repetidas (mensuales) implican costos operativos que deben computarse, y la consistencia del incremento entre años debe evaluarse antes de escalar.
Riesgos y limitaciones que deben declararse. En 54 campos de maíz en Suiza, el rango de respuesta fue de −12 % a +40 %. En el meta-análisis de temporal, los efectos abarcaron desde −8 % hasta +85 %. Esto significa que "multiplicar" rendimiento no es el resultado típico de usar micorrizas: puede ocurrir en casos puntuales, pero la expectativa técnica razonable es una ganancia moderada con un riesgo real de no respuesta. Otros riesgos clave incluyen la calidad del inoculante (con tasas de fallo muy altas en el mercado), la competencia con micorrizas nativas en suelos con buena biología, y la incompatibilidad con altos aportes de P o ciertos fungicidas.
Recomendación práctica paso a paso:
1) Verificar si el cultivo es hospedante AMF. 2) Diagnosticar el sitio: pH, P disponible, materia orgánica, textura, historial. 3) Evaluar si basta con manejo (coberturas, menor disturbio) o si conviene inocular. 4) Si se inocula, exigir evidencia de calidad: especie(s), concentración de propágulos viables, fecha y condiciones de almacenamiento. 5) Aplicar temprano y con contacto radicular directo. 6) Ajustar fertilización fosforada según análisis. 7) Implementar micro-ensayo en finca (mínimo 3 repeticiones) antes de escalar.
8. Preguntas frecuentes sobre micorrizas para aumentar la producción agrícola
¿Qué son las micorrizas y cómo ayudan a la producción agrícola?
Las micorrizas son asociaciones simbióticas entre hongos del suelo y raíces de plantas. El hongo extiende su micelio hacia el suelo, ampliando la zona de exploración radicular y mejorando la absorción de agua y nutrientes —especialmente fósforo— a cambio de carbohidratos fotosintéticos de la planta. En agricultura, esto puede traducirse en mayor rendimiento, mejor tolerancia a la sequía y menor dependencia de fertilizantes minerales, aunque la respuesta depende del contexto edáfico y del manejo.
¿Cuánto puede aumentar el rendimiento con micorrizas?
Los meta-análisis reportan incrementos promedio de entre 16 % y 23 % en condiciones de campo bajo agricultura de secano, con rangos que van desde −8 % hasta +85 % dependiendo del cultivo, el suelo y el manejo. En cultivos perennes como el cacao, bajo condiciones específicas, se han documentado aumentos superiores al 200 %. Sin embargo, la expectativa técnica razonable para la mayoría de sistemas es una mejora moderada, con riesgo real de respuesta nula si las condiciones no son favorables.
¿Todos los cultivos responden a la inoculación con micorrizas?
No. Familias como las Brassicaceae (col, brócoli, rábano, colza, mostaza) no forman asociaciones con hongos micorrízicos arbusculares, por lo que inocularlas tiene escasa lógica agronómica. También las Chenopodiaceae presentan relaciones atípicas. Los mejores resultados se obtienen en cereales, leguminosas, frutales y plantas perennes tropicales con suelos de baja a moderada disponibilidad de fósforo.
¿Cómo se aplican correctamente las micorrizas?
El principio fundamental es asegurar contacto temprano entre el inoculante y la raíz joven. Los métodos más efectivos son: tratamiento de semilla (recubrimiento con inoculante), aplicación en la línea de siembra (in-furrow), y aplicación al cepellón o sustrato de trasplante en el caso de hortalizas y perennes. Aplicar el producto al voleo sin garantizar ese contacto suele resultar en respuestas pobres independientemente de la calidad del inoculante. Además, se recomienda evitar sobredosis de fósforo en las primeras semanas, ya que puede inhibir la colonización.
¿Cómo se evalúa la calidad de un inoculante micorrízico comercial?
Un estudio global que evaluó 28 inoculantes comerciales encontró que el 84 % no generó colonización detectable en suelo esterilizado, lo que sugiere ausencia de propágulos viables en la mayoría de los productos. Para evaluar la calidad, se deben solicitar: especie(s) de hongos declaradas, concentración de propágulos viables por gramo o mililitro, fecha de producción y condiciones de almacenamiento recomendadas. Idealmente, el proveedor debe ofrecer evidencia de ensayos locales o resultados de colonización en bioensayos estándar.
9. Conclusión
Las micorrizas arbusculares representan una herramienta valiosa y respaldada por evidencia científica sólida para mejorar la eficiencia nutricional, la tolerancia al estrés hídrico y, en muchos casos, el rendimiento de los cultivos. Los meta-análisis disponibles indican incrementos promedio de entre 16 y 23 % bajo condiciones de campo y secano, con una amplia variabilidad que refleja la naturaleza compleja de la interacción planta-hongo-suelo-manejo.
Sin embargo, usar micorrizas no equivale automáticamente a aumentar la producción. La respuesta depende críticamente del nivel de fósforo disponible en el suelo, el pH, la materia orgánica, el historial de labranza, el tipo de cultivo y —de manera muy relevante— la calidad y viabilidad del inoculante utilizado. Las evaluaciones globales de productos comerciales muestran que los problemas de viabilidad son frecuentes, lo que hace del control de calidad un paso irrenunciable antes de cualquier inversión a escala.
La estrategia más efectiva combina dos rutas complementarias: el manejo de prácticas que favorezcan las micorrizas nativas (coberturas vivas, reducción del disturbio del suelo, rotaciones con hospedantes) como primer escalón, y la inoculación con productos de calidad verificada como segunda opción cuando el diagnóstico del sitio lo justifica. El micro-ensayo local con seguimiento de colonización, componentes de rendimiento y relación beneficio/costo es la herramienta más valiosa para tomar decisiones de escalamiento con base técnica sólida.
En el contexto latinoamericano, donde muchos suelos presentan limitaciones de fósforo, alta variabilidad climática y condiciones de temporal, las micorrizas arbusculares tienen un potencial particular que merece ser explorado con rigor, prudencia y adaptación local.
10. Referencias
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