Recubrimiento comestible podría extender la vida postcosecha hasta 20 días
La industria frutícola chilena enfrenta un desafío crítico después de la cosecha: la contaminación microbiológica durante el transporte y almacenamiento. Frutas que viajan entre 30 y 60 días hacia mercados internacionales quedan expuestas a hongos y bacterias que aceleran su deterioro, generan pérdidas económicas y aumentan la dependencia de ceras y preservantes sintéticos.
En este contexto, un equipo de investigadores de la Universidad Católica del Maule (UCM) está desarrollando un innovador recubrimiento comestible para fruta de exportación que busca proteger directamente el fruto, retrasar su descomposición y aportar a la sustentabilidad del sector.
“Muchas veces el problema no está en la cosecha, sino en todo lo que ocurre después. Basta un retraso logístico o una huelga portuaria para que una fruta llegue en malas condiciones y eso significa pérdidas millonarias”, explicó el Dr. Cristian Valdés, director del proyecto.
Una solución desde la economía circular
La iniciativa, financiada por el Fondo de Innovación para la Competitividad (FIC) del Maule, se basa en la obtención de kefirano, un biopolímero natural extraído del kéfir (también conocido como “yogurt de pajaritos”), con propiedades antimicrobianas y bioactivas.
A diferencia de los recubrimientos tradicionales, este desarrollo apuesta por un enfoque distinto: “La idea fue pensar el problema desde otra lógica: no agregar más envases, sino proteger directamente el fruto con algo que sea seguro, comestible y sustentable”, señaló Valdés.
Para su elaboración, el equipo utiliza dos residuos abundantes en regiones frutícolas: descartes de fruta y suero lácteo de la industria quesera. Estos subproductos sirven como fuente de nutrientes para el crecimiento de consorcios microbiológicos provenientes de gránulos de kéfir, desde donde se extrae el kefirano.
“Estamos trabajando con residuos que hoy no tienen un destino claro y los estamos transformando en materia prima de alto valor. Eso es economía circular aplicada”, enfatizó el académico de la UCM.
El resultado es una lámina delgada —similar a un bioplástico— que se adhiere directamente a la superficie del fruto, es 100% biodegradable y puede consumirse junto con la fruta sin alterar significativamente su sabor ni apariencia.
Más vida útil y menos pérdidas
Uno de los principales atractivos de esta innovación es su potencial para extender la vida postcosecha. Según estimaciones preliminares del equipo, el recubrimiento podría aportar hasta 20 días adicionales de conservación, lo que tendría un impacto directo en la competitividad exportadora.
“Si logramos ganar incluso dos o tres semanas de vida postcosecha, el impacto exportador es enorme, especialmente para un país como Chile que depende fuertemente de este sector”, destacó Valdés.
Además de reducir el crecimiento microbiano y retrasar la pudrición, el kefirano presenta propiedades bioactivas reportadas en estudios científicos, incluyendo efectos antimicrobianos, antiinflamatorios y potencial anticancerígeno.
“El kefirano no solo protege; es un biopolímero con propiedades funcionales que abren la puerta a alimentos con mayor valor agregado”, agregó el investigador.
Próximos pasos
Actualmente, el proyecto se encuentra en una etapa avanzada de investigación, con los procesos de cultivo, extracción y caracterización del kefirano en curso. Las siguientes fases contemplan: formulación final del recubrimiento, pruebas piloto en distintas frutas, evaluaciones sensoriales y de desempeño, y escalamiento tecnológico y transferencia a la industria
“Nuestra meta es dejar esta tecnología en un punto en que pueda ser transferida a la industria. Queremos que esto se use, que tenga impacto real y que nazca desde el Maule hacia el mundo”, concluyó el Dr. Valdés.
*Fotografías Universidad Católica del Maule (UCM).



