Tehuelche, Chamamé y Rosalinda, los nuevos duraznos argentinos que llegan al mercado
En noviembre de 2025, los cultivares de durazno Tehuelche INTA, Chamamé INTA y Rosalinda INTA hicieron su debut comercial en el mercado argentino de la mano de un productor local, marcando un nuevo hito en el trabajo de mejoramiento varietal del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria de Argentina (INTA).
Desde el INTA explicaron que estas variedades de durazno forman parte de un registro de 30 cultivares desarrollados por la oficina del instituto en San Pedro en 2017, cuyos nombres buscan reflejar la identidad nacional al aludir a bailes populares, comunidades originarias, ríos y mujeres relevantes de Argentina.
El proceso de inserción comercial de estos materiales comenzó a tomar forma en 2021, tras la firma de un convenio de cooperación con la Cámara de Productores y la Cámara de Productores y Empacadores de la zona norte de Buenos Aires.
En ese marco, cuatro empresas establecieron parcelas de prueba con cinco variedades de cada uno de los 30 cultivares para evaluar su comportamiento en campo, mientras que otras dos optaron por implantar montes a escala comercial bajo una modalidad específica de acceso al material.

La apuesta por nuevo material genético en duraznos
Hoy, aproximadamente el 80% de las variedades cultivadas en el noreste de Buenos Aires corresponde a materiales introducidos, evaluados o registrados por el INTA San Pedro desde el inicio de sus actividades en fruticultura.
Actualmente, el equipo técnico trabaja en la renovación de este listado, incorporando cultivares que integran los aprendizajes acumulados durante décadas de investigación y producción frutícola en la región.
Uno de los productores que decidió apostar por esta renovación varietal es precisamente quien está llevando estos duraznos al mercado. No se trata de un gran productor, destacó el INTA, sino de un fruticultor que debía renovar su monte y optó por probar materiales innovadores, priorizando atributos como la fecha de cosecha, las características de la planta y, especialmente, el color y tamaño de la fruta.
“Para que una nueva variedad llegue al mercado, lleva tiempo. Primero, los productores deben elegirla; luego deben producirse las plantas —que no existen en stock, sino que se generan según la superficie a implantar— y, finalmente, una vez en campo, hay que esperar entre dos y tres años para la primera cosecha”, señalaron desde el equipo técnico del INTA.
*Fotografías Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria de Argentina (INTA) / Imagen principal corresponde a la variedad Rosalinda INTA.
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