Columna de Opinión: La tarea pendiente de la investigación agronómica en Chile, por Marina Gambardella

19 Noviembre 2019

Por Marina Gambardella, Profesora Asociada Jornada Completa, Departamento de Fruticultura y Enología; Facultad de Agronomía e Ingeniería Forestal, Pontificia Universidad Católica de Chile

El desafío de los agricultores hoy en día, es obtener altos rendimientos, junto con proporcionar al mercado un producto de alta calidad, que sea inocuo para la salud humana y que cumpla con las exigencias del consumidor moderno.

Además, cada vez con más urgencia se requiere que las tecnologías de producción sean respetuosas con el medio ambiente, y que se disminuya rápidamente los altos niveles de contaminación que la agricultura tradicional viene produciendo por décadas.

Es imperativo trabajar hacia una agricultura sustentable. Esta tarea es cada vez más compleja y pone a prueba la capacidad humana que debe redoblar los esfuerzos orientados a desarrollar nuevo conocimiento científico y tecnológico, proporcionando herramientas eficaces para lograr estos desafíos de la agricultura moderna.

La investigación científica es sin duda un elemento esencial en este proceso. En nuestro país, los recursos destinados a la ciencia históricamente han sido muy deficitarios, lo cual frecuentemente es abordado por los científicos quienes se han manifestado en distintas instancias para exigir al estado, mayores aportes y mejores condiciones de trabajo.

Sin embargo, en el mundo agrícola, un sector aún más olvidado es el de la investigación aplicada. Aquella investigación orientada específicamente a resolver los problemas urgentes de los sistemas productivos actuales.

Si bien existen algunos esfuerzos notables de personas que al interior de instituciones públicas (centros de investigación y universidades) o bien en empresas privadas, han realizado grandes avances, en general el nivel tecnológico de los diferentes cultivos, especialmente aquellos asociados a la pequeña agricultura familiar campesina, se caracteriza por tener un bajo nivel tecnológico.

Y es justamente en este sector, donde se requiere de más apoyo ya que lograr buenos resultados económicos a partir de pequeñas superficies, es aún más complejo.

En nuestro país, los riesgos asociados a la producción agrícola en pequeña escala se han incrementado a tal punto que en muchas ocasiones se ha producido su inviabilidad, dejando sin sustento a miles de familias campesinas.

No es sólo cuestión de aumentar los recursos financieros destinados a este ámbito, que sin lugar a duda se requieren, ya que las razones que determinan este nivel de atraso son múltiples y complejas. Algunos de estos factores se relacionan con los mecanismos en cómo se organiza la investigación aplicada en Chile.

Normalmente, los fondos públicos son proporcionados a través de fondos concursables de corta duración, lo que no se adapta adecuadamente a la naturaleza de los sistemas agrícolas.

Existen numerosos ejemplos en los cuales el desarrollo de una línea de trabajo se ha visto interrumpido por la falta de continuidad en los subsidios; y no solo se pierde un conocimiento relevante en algún tema específico, sino que también capital humano altamente especializado.

Muchas veces también se pierde material biológico de alto valor, como ha ocurrido con grandes colecciones de germoplasma de especies de importancia. El sistema de subsidio a la investigación aplicada a través de fondos concursables debe ser solo complementario a un sistema de instituciones de investigación sólidas, capaces de abordar programas de largo plazo en las diferentes regiones del país.

Pero entre estos múltiples factores, es importante mencionar el rol de las Universidades, quienes, a través de sus Facultades de Agronomía, están llamados a proporcionar nuevos profesionales capacitados para enfrentar el día a día de los problemas en el campo.

Es también la labor de estas instituciones, realizar investigación aplicada al sector agrícola nacional, de tal forma de proporcionar nuevas y mejores soluciones. Sin embargo, sin temor a equivocarme, los investigadores de las Facultades de Agronomía en los últimos años, han dirigido sus mayores esfuerzos hacia una investigación de más largo plazo, abordando problemas de la ciencia básica.

Se ha perdido la mirada hacia problemas locales, ejerciendo el rol público que deben tener. Este enfoque es una clara consecuencia de la exigencia que las Universidades han impuesto a sus académicos, en cuanto a desarrollar investigación de relevancia internacional, medida a través de sistemas de impacto cada vez más sofisticados.

Por supuesto que los altos estándares internacionales de los científicos chilenos, logrados a pesar de los escasos recursos, no solo son motivo de orgullo, sino que también tienen un efecto positivo en el desarrollo de las capacidades científicas del país.

Pero es también necesario pasar a la etapa siguiente, y poner estas grandes capacidades al servicio del país, especialmente al servicio de tantos agricultores quienes son pilares fundamentales del desarrollo regional.

Para ello, se requiere realizar ajustes en todos los niveles del sistema universitario, y también cambios culturales que probablemente sean los más difíciles de abordar.

Los investigadores deberán mejorar la interacción con las comunidades agrícolas y así generar una conversación permanente que permita identificar los problemas de mayor relevancia.

Además, se requiere una mirada interdisciplinaria que pone a prueba el sistema de evaluación personalizada, siendo esta la base de los sistemas de promoción universitaria. En estos momentos que el país enfrenta procesos profundos de cambio, también es necesaria una mirada crítica a cómo estamos enfrentando el desarrollo agrícola del país desde las instituciones de investigación.

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