Columna de opinión: Controladores biológicos, mercado en expansión que necesita regulación. Por Rodrigo Herrera

15 Enero 2019

Por Rodrigo Herrera, Ingeniero Agrónomo – Fitopatólogo

Se define control biológico (CB) como la reducción de la densidad de inóculo o las actividades productoras de enfermedad de un patógeno o parásito, en su estado activo o durmiente, mediante uno o más organismo, lograda de manera natural o a través de la manipulación del ambiente, del hospedero o del antagonista o por la introducción masiva de uno o más antagonistas.

Otras definiciones explicitan que existen 3 métodos de CB para llevarlo a cabo: Uso de microorganismo antagonistas; uso de sustancias naturales (por ejemplo: extractos de plantas) o modificación de la resistencia del huésped.

El uso de microrganismos antagonistas para el control de enfermedades, como es el caso más conocido el hongo Trichoderma spp, posee distintos mecanismos de control:

  • Micoparasitismo
  • Antibiosis
  • Competencia por nutrientes y espacio
  • Inducción de resistencia (efecto elicitor)

En Chile, los plaguicidas biológicos están regulados por la misma normativa para los plaguicidas químicos, el Decreto Ley 3.557 de 1980 sobre Protección Agrícola.

Los requisitos y antecedentes que se deben presentar en la actualidad para la evaluación y autorización se encuentran establecidos en la Resolución 1.557 de 2014, «considerando el principio de aplicabilidad de cada requerimiento en función de la naturaleza e intención de uso propuesto para cada plaguicida” de acuerdo con el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG).

Recientemente el SAG, ha planteado que está trabajando en la modernización de su tratamiento a los bioinsumos que incluiría una norma específica para la autorización de plaguicidas biológicos microbianos, que considera las particularidades de este tipo de insumos al momento de establecer los requisitos para su evaluación.

El proyecto de norma fue sometido a consulta pública nacional e internacional, y actualmente se encuentra en su fase final de tramitación. Propuesta que se hacía necesaria, ya que países como Colombia, Argentina y Bolivia, han realizado avances muy interesantes desde el punto de vista institucional, científico, tecnológico y de emprendimiento en los bioinsumos.

En Chile estamos atrasados, pese a que tenemos una vocación agroalimentaria, donde existe un esfuerzo en la industria. Lo que tenemos en nuestro país, es que hay una gran cantidad de iniciativas en desarrollo y el aseguramiento de la calidad de los formulados es algo que no se aborda hasta el momento.

En Chile existen al menos 70 empresas que comercializan bioproductos, 23 (34%) son productoras, 35 (50%) importan, y 12 (16%) realizan tanto la producción como la importación de un total de 389 productos, los que son clasificados según su objeto de uso en Biofertilizantes, Bioestimulantes, Biocontroladores, Bioaceleradores, Biorremediadores, y otros.

Detrás de esta iniciativa se encuentra también la Red Chilena de Bioinsumos, una entidad que desde el 2014 busca impulsar la actividad a nivel nacional, para establecer las bases de una propuesta de metodologías estandarizadas para el control de calidad en los productos biológicos utilizados en el ámbito silvoagropecuario, distinta a la aplicada en los productos químicos.

La necesidad de regularizar y estandarizar la calidad de los insumos biológicos y sobre todo los preparados vendidos como biocontroladores, se hace no sólo necesaria, sino que urgente, ya que distintos productos evaluados en laboratorio, la viabilidad y la concentración que se declaran en la etiqueta (UFC/g o ml de producto) deja mucho que desear, y sobre todo, las recomendaciones del fabricante, que sólo se justifican con el afán de vender, ya que no tienen ningún sustento técnico y que sólo hacen daño a una tecnología que bien usada, da buenos resultados, pero como toda tecnología, requiere que sea respaldada de una recomendación sería y no una simple que indique cuantas veces aplicar por temporada.

No todas las formulaciones a base de Trichoderma y/o Bacillus pueden controlar todas las enfermedades en todos los cultivos, como nos quieren hacer creer, y es lo que desprestigia esta tecnología y pone en duda su efectividad para los productores que lo han probado y no han encontrado una solución a sus problemas por una mala recomendación de uso.

Fotografía principal: Shutterstock.com

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