Resiliencia, la eterna clave de la fruticultura focalizada en la exportación

16 Febrero 2016

Por Karina Buzzetti. Ingeniera agrónoma, Magíster y Doctora en Ciencias de la Agricultura

foto karina buzzettiDebido a la crisis que afectó la rentabilidad del rubro de las pomáceas, en julio del año pasado BBC Mundo difundía la noticia sobre la destrucción de 200 millones de kilos de manzanas y peras en Argentina, situación previsible si consideramos que, desde al menos una temporada atrás ya se hablaba de la crisis económica en Rusia y su efecto en los mercados latinoamericanos. En Chile por su parte el rubro se ve igualmente afectado, forzando a los agricultores a reinventarse buscando variedades más competitivas, mejora en la calidad de fruta e incluso, navegando en las difíciles aguas de la agricultura orgánica al sur del mundo, zona que, víctima del clima y su propia geografía, representa un gran desafío alcanzar los altos estándares de calidad y sanidad requeridos.

Por otro lado el rubro de uva de mesa también ha mostrado sus vaivenes y desafíos. Este rubro incluye una competencia entre países como Chile, Perú, Sudáfrica, Australia, Brasil y Argentina; los que hoy deben convivir con la fruta guardada del hemisferio norte que se comercializa hasta principios de enero, compitiendo entonces con la producción más temprana del hemisferio sur, mientras por otro lado influye la competencia de fruta de India, Egipto y otros, que acceden a los mercados en la parte media y tardía. El fenómeno del niño-y su variación a niño Godzilla- ha golpeado fuertemente la producción de este y otros frutales en Sudamérica, lo cual se ha sumado al replanteamiento de la rentabilidad del sector.

Por lo anterior no es de extrañar el desánimo que hoy se respira entre países focalizados en la exportación de fruta. Mientras la dinámica de la demanda exige cada vez parámetros de calidad y seguridad alimentaria mayores, la parte productora se replantea cómo subsistir y por supuesto, ser exitosos. Afortunadamente, para algunos países productores el tipo de cambio y la falta de oferta por la merma en rendimientos es una noticia favorable, aunque esto no siempre es constante.

Entonces, para subsistir y más aún, para triunfar, la resiliencia es y ha sido la clave del éxito en la agricultura. Hoy se conoce que los requerimientos planteados por los principales mercados importadores en cuanto a sustentabilidad e inocuidad ya no dan marcha atrás, y, que tanto el clima como sus consecuencias, parecen no facilitar el camino. El mundo exige prácticas más sustentables de producción, retomando la importancia del Manejo Integrado de Plagas, abriendo una oportunidad mayor al desarrollo de programas de manejo orgánico tal y como en Francia, Alemania y algunos otros países de Europa se discute y realiza desde los años ´80s. En esta línea no es de sorprender que empresas tradicionalmente químicas ya lleven años invirtiendo en desarrollo de productos más selectivos, fomentando los procesos de bajo riesgo y el uso de “tecnologías limpias”.

Mientras la adopción de tecnologías como el uso de coberturas plásticas es una de las herramientas que hoy se maneja, las nuevas líneas de trabajo avanzan mucho más lejos, desarrollando programas de tratamientos de bajo impacto ambiental por uso de productos selectivos en menor dosis asociados a nuevas tecnologías de aplicación; uso de nuevas variedades y nuevos sistemas de conducción; aumento en la eficiencia del uso del agua en los procesos productivos, y por supuesto, mayor capacitación como parte de un proceso de fidelización y optimización de la mano de obra.

En un mundo en el cual la tecnología ha permitido la comunicación casi instantánea, mantenerse aplicando las mismas técnicas que hace 20 años y esperar el triunfo no es opción. En este ámbito, la agricultura no es ajena y se ha convertido en uno de los más hermosos desafíos para aquellos que estén dispuestos a innovar y a mantenerse continuamente alertas al aprendizaje.

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