Bandas florales: la tecnología natural que controla el pulgón del melón en cultivos de calabazas

Tres años de ensayos del CEAF demostraron que las bandas florales pueden reducir las aplicaciones de agroquímicos contra el pulgón del melón de 15-20 por temporada a solo 4. Conoce en qué consiste esta estrategia de control biológico de conservación, qué especies vegetales la hacen funcionar y por qué representa una alternativa sustentable para el cultivo de calabazas.

La agricultura moderna enfrenta una tensión creciente: la necesidad de proteger los cultivos frente a las plagas y, al mismo tiempo, reducir la dependencia de los plaguicidas que dañan la salud de los trabajadores, contaminan el ambiente y eliminan a los insectos beneficiosos.

En este escenario, las bandas florales emergen como una solución elegante inspirada en el funcionamiento de los propios ecosistemas. Lejos de ser un recurso estético, constituyen una infraestructura ecológica diseñada con criterio científico para devolverle al campo el equilibrio biológico que la intensificación productiva le había quitado.

El Centro de Estudios Avanzados en Fruticultura (CEAF), centro científico de la Región de O'Higgins (Chile) que forma parte de los Centros Regionales ANID, validó esta estrategia tras tres años de ensayos en cultivos de calabazas.

El trabajo, liderado por el Investigador Asistente y Magíster en Ecología Aplicada Álvaro Henríquez, miembro de la Línea de Investigación Hortícola, demostró un resultado contundente: la implementación de bandas florales permitió disminuir el uso de agroquímicos contra el pulgón del melón desde 15-20 aplicaciones por temporada a solo 4.

En las secciones siguientes explicamos qué son estas franjas vegetales, cómo se diseñan, qué fauna benéfica atraen y por qué hoy se promueven como una alternativa sustentable real para la horticultura.

bandas florales

1. ¿Qué son las bandas florales?

Las bandas florales son franjas de vegetación introducidas intencionalmente en los predios agrícolas para ejercer un control biológico de conservación. En lugar de recurrir a productos químicos para combatir las plagas, se diseña una matriz de plantas que proporciona alimento —néctar y polen— y refugio a la fauna benéfica.

Esto permite reclutar, mantener y multiplicar a los enemigos naturales de las plagas, de modo que actúen como depredadores o parasitoides del pulgón del melón sin afectar al cultivo principal de calabazas.

Henríquez las define como una "tecnología natural": no requieren la fabricación de moléculas sintéticas ni su aplicación repetida, sino que aprovechan procesos ecológicos que ya existen en la naturaleza. "Son como estrategias de mitigación a la crisis ecológica que tenemos con la agricultura actualmente", explica el investigador.

La idea de fondo es sencilla pero poderosa: si se le entregan a los insectos beneficiosos las condiciones que necesitan para vivir y reproducirse cerca del cultivo, ellos mismos se encargan de mantener a raya a la plaga.

2. El problema: el pulgón del melón y la dependencia de agroquímicos

El pulgón del melón (Aphis gossypii) es una de las plagas más limitantes en las cucurbitáceas, grupo que incluye al melón, la sandía, el pepino, el zapallo italiano y, por supuesto, las calabazas. Se trata de insectos pequeños que se alimentan de la savia, debilitan a la planta, transmiten virus y excretan una melaza sobre la que prolifera la fumagina.

Su elevada tasa de reproducción hace que las poblaciones se disparen rápidamente, lo que tradicionalmente ha empujado a los agricultores a un esquema de aplicaciones frecuentes de insecticidas.

Ese esquema tiene un costo oculto. Como advierte Henríquez, los insecticidas no son selectivos: "Los insecticidas pueden afectar, por ejemplo, a las abejas que llegan a polinizar nuestras plantas de calabaza. No solamente va a atacar al bicho que no quieres, sino que a todos los demás".

El resultado es un círculo vicioso: al eliminar también a los enemigos naturales del pulgón del melón, el cultivo queda más expuesto a futuros rebrotes y aumenta la dependencia del químico. Romper ese ciclo es precisamente lo que persiguen las bandas florales.

3. Cómo funcionan las bandas florales como control biológico de conservación

3.1 El principio: reclutar, mantener y multiplicar enemigos naturales

El control biológico de conservación no consiste en liberar insectos comprados en un laboratorio, sino en crear las condiciones para que los enemigos naturales que ya habitan en el entorno se establezcan de forma permanente.

Las bandas florales cumplen ese rol al ofrecer tres recursos esenciales: alimento alternativo (néctar y polen) cuando la plaga aún no aparece, refugio frente al clima y los enemigos, y sitios de reproducción. De esta manera, cuando el pulgón del melón coloniza el cultivo de calabazas, ya existe una población robusta de depredadores y parasitoides lista para responder.

Esta lógica está respaldada por la literatura científica internacional. Estudios sobre márgenes y franjas florales en cultivos de melón han confirmado que los bordes manejados con vegetación albergan un número significativamente mayor de enemigos naturales que los márgenes sin manejo, favoreciendo el control biológico dentro del campo. Las bandas florales trasladan ese conocimiento a la práctica productiva concreta.

3.2 Beneficios para la polinización y la biodiversidad

Más allá del combate a la plaga, las bandas florales generan servicios ecosistémicos adicionales. Al sostener una floración continua, atraen y alimentan a polinizadores como las abejas, fundamentales para la cuajada de frutos en las cucurbitáceas.

También enriquecen la biodiversidad del predio, recuperan suelos y crean corredores biológicos que conectan zonas agrícolas con hábitats naturales. Al reducir drásticamente las aplicaciones químicas, esta práctica de manejo contribuye además al cuidado de la salud de los trabajadores que antes quedaban expuestos a los plaguicidas.

4. Especies vegetales clave: el diseño botánico

Para que la estrategia funcione, no basta con plantar cualquier especie. La clave está en seleccionar familias botánicas cuyas estructuras florales se adapten a la anatomía de los insectos benéficos, garantizando floración en distintas épocas del año. Un buen diseño de bandas florales combina varias familias complementarias para cubrir todo el ciclo del cultivo.

4.1 Familia Asteraceae (compuestas)

Incluye maravilla (girasol), caléndula, zinnia, cosmos, manzanilla, milenrama, liatris, gaillardia, coreopsis y equinácea. Estas plantas agrupan muchas flores pequeñas en una sola cabeza (capítulo), creando una "pista de aterrizaje" amplia y estable.

Por qué convienen: sus nectarios son poco profundos y expuestos, lo que resulta vital para que insectos pequeños con aparatos bucales cortos —como chinitas y microavispas— puedan acceder fácilmente al alimento.

4.2 Familia Lamiaceae (aromáticas)

Romero, lavanda, menta y salvia, junto a otras como la verbena. Por qué convienen: producen flores con néctar abundante y altamente concentrado en azúcares, entregando gran cantidad de energía a los depredadores.

Además, sus fuertes aromas pueden ayudar a camuflar el cultivo principal y confundir a la plaga, sumando una barrera olfativa a la red de bandas florales.

4.3 Familia Brassicaceae (crucíferas)

Destaca el aliso (lobularia). Por qué conviene: ofrece racimos de flores diminutas con nectarios extremadamente accesibles para los parasitoides más pequeños, sumado a su gran capacidad de mantener una floración continua a lo largo de la temporada.

4.4 Plantas de apoyo y cereales (poáceas)

A las leguminosas (trébol encarnado, vicia), el trigo sarraceno y la facelia se suman cereales como maíz, avena y cebada. Estos últimos no aportan néctar, pero cumplen un rol fundamental: albergar pulgones inofensivos para la calabaza, funcionando como una "despensa" que alimenta y multiplica a los depredadores antes de que aparezca la plaga real. Esta combinación de néctar, polen y presas alternativas es lo que da solidez ecológica a las bandas florales.

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5. La fauna benéfica: observaciones del estudio de caso

A partir de las observaciones en terreno durante este estudio de caso, el equipo del CEAF constató cómo esta red vegetal atrajo a un variado ecosistema de enemigos naturales que mantuvieron al pulgón del melón a raya en distintos niveles del cultivo:

  • Insectos voladores: se observó la llegada de chinitas (tanto larvas como adultos) y crisopas operando como depredadores voraces. A su vez, se identificó la acción de microavispas que controlaron al pulgón mediante parasitismo, depositando sus huevos dentro de ellos.
  • Fauna terrestre: se registró que arañas lobo y otras especies pequeñas patrullaban la tierra y la base de las plantas en busca de alimento.
  • Aves: se destacó la presencia de especies como gorriones y queltehues, que recorrían activamente las líneas de cultivo alimentándose de insectos.

Este mosaico de depredadores y parasitoides operando en simultáneo es la mejor evidencia de que las bandas florales logran reconstruir las redes tróficas dentro del predio, ese tejido de relaciones de alimentación que mantiene naturalmente reguladas a las poblaciones de plagas.

6. Resultados, transferencia y aplicación en mejoramiento genético

El resultado más visible de tres años de ensayos fue la caída de las aplicaciones de agroquímicos de 15-20 por temporada a solo 4, sin perder el control del pulgón del melón. Esta reducción se traduce en menores costos para el agricultor, menor exposición de los trabajadores a productos peligrosos y un campo más sano y biodiverso.

Por eso, el CEAF promueve hoy esta alternativa sustentable mediante talleres territoriales dirigidos a pequeños agricultores, acercando el conocimiento científico a quienes producen alimentos.

Además, las bandas florales cumplen una función estratégica dentro de la investigación del centro: están siendo utilizadas para proteger y garantizar el éxito de la plantación de calabazas mutantes, cuyas semillas fueron irradiadas con radiación gamma.

Este trabajo se enmarca en el programa de mejoramiento genético de portainjertos de cucurbitáceas, dentro del proyecto CHI5055 en el que participa el Investigador Principal de la Línea de Investigación Hortícola del CEAF, Dr. Ariel Salvatierra, junto a la Comisión Chilena de Energía Nuclear (CChEN). Así, la misma herramienta que cuida la salud de los trabajadores y la biodiversidad protege también material genético de alto valor para la fruticultura del futuro.

Las bandas florales demuestran que es posible producir protegiendo, en lugar de producir destruyendo. Al rediseñar el entorno del cultivo para que la propia naturaleza haga el trabajo de control de plagas, esta estrategia de control biológico de conservación reduce los costos, protege la salud humana, fortalece la biodiversidad y mantiene la productividad de las calabazas.

La experiencia del CEAF con el pulgón del melón aporta una evidencia local y replicable de que la transición hacia una agricultura más sustentable no es solo deseable, sino técnicamente viable. El desafío que queda por delante es escalar este conocimiento y llevarlo a más predios, convirtiendo las franjas de flores en una pieza habitual del paisaje agrícola.

7. Preguntas frecuentes sobre las bandas florales contra el pulgón del melón

¿Qué son exactamente las bandas florales?

Son franjas de vegetación sembradas intencionalmente junto a los cultivos para atraer y mantener fauna benéfica. Ofrecen néctar, polen y refugio a los enemigos naturales de las plagas, ejerciendo un control biológico de conservación sin necesidad de químicos.

¿Cuánto reducen el uso de agroquímicos?

En los ensayos del CEAF en cultivos de calabazas, las bandas florales permitieron bajar las aplicaciones contra el pulgón del melón de 15-20 por temporada a solo 4, durante tres años de evaluación.

¿Qué plantas se usan en las bandas florales?

Se combinan familias como Asteraceae (caléndula, cosmos, manzanilla), Lamiaceae (romero, lavanda, salvia), Brassicaceae (aliso), además de leguminosas, facelia, trigo sarraceno y cereales como maíz, avena y cebada que sirven de despensa para los depredadores.

¿Qué insectos benéficos atraen?

Atraen chinitas, crisopas y microavispas parasitoides que controlan al pulgón del melón, además de arañas lobo en el suelo y aves como gorriones y queltehues que se alimentan de insectos en las líneas del cultivo.

¿Las bandas florales sirven solo para las calabazas?

No. Aunque el estudio del CEAF se centró en calabazas, el principio es aplicable a muchos cultivos. La clave está en diseñar la mezcla de especies adecuada a la plaga y a los enemigos naturales presentes en cada zona.

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8. Referencias

  1. Centro de Estudios Avanzados en Fruticultura (CEAF). Sitio institucional. Disponible en: https://ceaf.cl/
  2. Sanchez, J. A., de Pedro, L., López-Gallego, E., Pérez-Marcos, M., Ramírez-Soria, M. J., Perera-Fernández, L. G., & Atenza, J. F. (2024). How plant composition in margins influences the assemblage of pests and predators and its effect on biocontrol in melon fields. Scientific Reports, 14, 13135. Disponible en: https://www.nature.com/articles/s41598-024-63985-x
  3. CONICYT / ANID. Centro de Estudios Avanzados en Fruticultura (CEAF). Programa Regional. Disponible en: https://www.conicyt.cl/regional/2012/09/27/centro-de-estudios-avanzados-en-fruticultura-ceaf/
  4. Comisión Chilena de Energía Nuclear (CChEN). Sitio institucional. Disponible en: https://www.cchen.cl/
  5. Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). Control biológico y manejo integrado de plagas. Disponible en: https://www.fao.org/pest-and-pesticide-management/ipm/integrated-pest-management/es/

Nota: el caso descrito corresponde a los ensayos y observaciones de la Línea de Investigación Hortícola del CEAF en el marco del proyecto CHI5055 (mejoramiento genético de portainjertos de cucurbitáceas). Las referencias 2 y 5 se incluyen como respaldo científico general sobre el control biológico de conservación con franjas florales.