Hortalizas baby: guía técnica completa para productores
1. Introducción al mundo de las hortalizas baby
En los últimos años, las hortalizas baby han conquistado la gastronomía de alta cocina, los lineales de supermercados gourmet y la mesa de consumidores que priorizan la frescura, la conveniencia y el valor nutricional.
Estas mini hortalizas —cosechadas en estadios juveniles, antes de alcanzar su madurez convencional— ofrecen sabores más intensos, texturas crujientes y presentaciones visualmente atractivas que las diferencian radicalmente del producto estándar.
La tendencia de las verduras miniatura responde a cambios estructurales en los hábitos alimentarios: porciones más pequeñas, preparaciones rápidas, snacking saludable y experiencias gastronómicas cuidadas.
Restaurantes con estrella Michelin, cadenas de catering y tiendas orgánicas compiten por conseguir los mejores lotes de pepino baby, zanahoria baby, tomate cherry o lechuga baby, dispuestos a pagar precios premium que pueden duplicar o triplicar los del mercado convencional.
Para el productor agrícola, entrar en este nicho exige una transformación técnica y comercial: mayor densidad de siembra, sistemas de riego de precisión, calendarios de cosecha muy ajustados, manejo fitosanitario intensivo y canales de distribución especializados.
Esta guía técnica completa aborda, paso a paso, todos esos aspectos —desde la elección de las mejores variedades hasta el empaque gourmet y las estrategias de comercialización— con el objetivo de que cualquier productor, grande o pequeño, pueda aprovechar el creciente mercado de las hortalizas baby con criterio agronómico y visión comercial.
2. Definición y mercado de hortalizas baby
Las hortalizas baby son plantas cultivadas y cosechadas en estadios de crecimiento jóvenes, con un tamaño reducido respecto a las variedades convencionales.
Se recolectan antes de alcanzar su madurez normal, obteniéndose frutos u hojas más pequeños, tiernos y de sabor delicado. Por ejemplo, una zanahoria baby puede medir sólo 2–4 cm de diámetro, un pepino baby 8–12 cm de largo, o un tomate cherry apenas 10–15 g de peso.
Estos productos se distinguen por su alta calidad organoléptica: sabor más dulce e intenso, textura crujiente y colores vibrantes. En el mercado agroalimentario global se han identificado nichos en gastronomía gourmet, chefs de alta cocina y consumidores individuales interesados en porciones pequeñas y preparación rápida.
En Chile y Argentina, proyectos agrícolas del INIA (Instituto de Investigaciones Agropecuarias) y fondos de innovación (FIC) ya han introducido mini hortalizas —mini-remolacha, verduras de hoja— en mercados gourmet y turísticos.
El mercado de hortalizas baby sigue siendo relativamente pequeño comparado con las hortalizas convencionales, pero su valor unitario es significativamente mayor. Son apreciadas en restauración, catering (canal HORECA) y canales especializados.
Su éxito reside en el atractivo para públicos diversos —especialmente niños, jóvenes y gourmets— gracias al tamaño de snack y la facilidad de consumo. Además, al tener una vida útil más corta que el producto adulto, generan la percepción de máxima frescura en el consumidor final.
3. Ventajas y desafíos del cultivo de hortalizas baby
Entre las ventajas principales del cultivo de hortalizas baby destacan su perfil organoléptico único y su potencial comercial. Su consumo crece porque ofrecen sabores dulces, texturas agradables y preparación rápida. Su pequeña talla las hace ideales como aperitivo o guarnición, facilitando su inclusión en dietas balanceadas. Comercialmente son muy demandadas en mercados gourmet y turísticos.
Además, aprovechar variedades de ciclo corto acelera la rotación de cultivos y permite obtener ingresos más frecuentes si se coordinan bien los calendarios de siembra. Por ejemplo, ciclos de cosecha semanales de lechuga baby —con renovación de plantación cada tres semanas— permiten obtener múltiples ciclos al año en el mismo tablón.
En suma, las mini hortalizas suponen un producto altamente diferenciable y rentable, pero necesitan atención técnica superior y planificación de mercado adaptada a sus particularidades de volumen, vida útil y canal de distribución.
4. Selección de especies para el cultivo de hortalizas baby
Las especies adecuadas para cultivo baby incluyen muchas hortalizas convencionales con variedades determinadas o de fruto pequeño. Es clave elegir especies de rápido crecimiento con características organolépticas sobresalientes y demanda de mercado probada.
Entre las más comunes se encuentran: tomates cherry (tipo uva o cherry), pimientos baby (capsicum miniatura), rábanos mini, betarragas baby (remolachas de mini-tamaño), lechugas baby (cultivares de hoja en estado juvenil), rúcula, espinaca baby, cebolla de verdeo mini, zapallitos italianos (calabacines), pepinos baby y berenjenas mini.
Proyectos de investigación del INIA-Chiloé han introducido con éxito variedades pequeñas de acelga, lechugas, betarragas, rúcula, mizuna y mostaza para producción de baby hortalizas gourmet. En mercados iberoamericanos se reconocen especialmente los pepinos minis, calabacines pequeños, berenjenas pequeñas y pimientos de colores de calibre chico.
La selección debe basarse en la demanda local/gourmet, enfatizando color y sabor, la viabilidad agronómica de mantenerlas en estado pequeño y la disponibilidad de variedades mini especializadas.
4.1. Criterios de selección de variedades de hortalizas baby
Para cada especie, elegir variedades adaptadas al mercado baby implica preferir porte compacto, vigor controlado, ciclos precoces y resistencia a enfermedades. Los criterios clave son:
Tamaño de fruto u hoja: Debe mantenerse pequeño de forma uniforme. Las principales casas de semillas ofrecen líneas "baby" o "mini" (por ejemplo, pepino Kalimero F1 mini, tomates cherry de 15 mm). La variedad debe producir frutos de diámetro o largo adecuado —zapallitos de 4–6 cm, rabanitos de 2–3 cm—.
Vigor y hábito de crecimiento: Se prefieren variedades moderadamente vigorosas para evitar podas excesivas. Las lechugas baby leaf de porte compacto son un buen ejemplo. En tomates cherry, conviene elegir variedades indeterminadas en monociclo o determinantes para invernadero.
Ciclo de cultivo corto: Se priorizan variedades de ciclo breve para alcanzar el tamaño baby antes de que el fruto envejezca. Las zanahorias baby con maduración a los 60 días o los pepinos baby a ~50–60 días son referencias habituales. Un ciclo corto permite múltiples generaciones anuales.
Resistencia a enfermedades: Fundamental dado el cultivo en alta densidad. Se recomienda tolerancia a oídio, mildius, virus (TSWV en solanáceas; mosaico en cucurbitáceas) y problemas de raíces. Las variedades híbridas modernas suelen incluir estos genes de resistencia.
Sinergia comercial: Colores vistosos y sabores sobresalientes agregan valor —tomates cherry rojo intenso, zanahorias baby naranjas brillantes, betarragas baby moradas—. En el proyecto INIA Atacama, las lechugas baby utilizadas fueron la variedad "Burovia RZ" y zanahorias baby de líneas híbridas específicas, con densidades de ~135 plantas/m².

5. Planificación del huerto de hortalizas baby
La planificación del huerto de hortalizas baby requiere alta densidad de plantación, rotaciones cuidadas y un calendario adaptado al clima de cada zona.
Densidad de siembra: Generalmente muy superior a la del cultivo convencional. La lechuga baby puede alcanzar 100–150 plantas/m². Los zapallitos baby se plantan a 3–4 plantas/m², cosechándose frutos mucho más pequeños que en producción estándar. En tomates cherry bajo invernadero se manejan 3–5 plantas/m² entutoradas.
Rotación de cultivos: Es clave evitar la consecutividad de especies de la misma familia para interrumpir los ciclos de plagas y enfermedades. Por ejemplo, no cultivar solanáceas (tomate, berenjena) tras papa o solanáceas previas; rotar con leguminosas o crucíferas. Las raíces densas —zanahoria, betarraga— dejan un residuo distinto al de las hojas —lechugas—, por lo que alternar grupos botánicos mejora la salud del suelo.
Asociación de cultivos: En huertos pequeños se pueden intercalar cultivos rápidos con más lentos. Por ejemplo, sembrar rábanos (30 días) entre líneas de pepinos o lechugas —los rábanos se cosechan temprano y liberan espacio—. También se utilizan cultivos trampa como cilantro o caléndula entre berenjenas para atraer insectos benéficos.
Calendarios de siembra según clima: En climas templados o mediterráneos se siembran en primavera y otoño las hortalizas de hoja —lechuga, espinaca, rúcula— y los cultivos de fruto tras la última helada —tomate, pepino, zucchini, berenjena—.
En climas cálidos —tropical/subtropical— muchos cultivos se pueden sembrar casi todo el año, evitando el pico caluroso de verano. En climas fríos —alta montaña o latitudes australes— los cultivos se limitan a los meses más cálidos, con siembras intensivas de días largos.

6. Manejo de suelo y sustratos para hortalizas baby
El suelo ideal para hortalizas baby debe ser fértil, bien drenado y con pH cercano a neutro (6,0–7,0). Se recomienda realizar un análisis de suelo previo y corregir carencias detectadas. Es aconsejable un contenido de materia orgánica moderado-alto (mayor del 3 %) mediante la incorporación de compost o estiércol bien descompuesto en pre-siembra.
Las enmiendas —cal agrícola o azufre— se aplican para ajustar el pH. Un pH de 6,5 maximiza la disponibilidad de NPK y microelementos como Ca y Mg. La adición de 10–20 t/ha de compost antes del cultivo mejora la estructura y la retención de nutrientes.
En suelos con drenaje deficiente o arcillosos, es muy útil utilizar camas elevadas (raised beds) de 30–50 cm de altura. Estas camas evitan encharcamientos, ofrecen un suelo más suelto y aireado —con mejor enraizamiento— y elevan la temperatura del suelo en primavera, adelantando cosechas. Un huerto en camas permite delimitar mejor las áreas de riego y la circulación del operario.
El flujo general de manejo en camas para cultivo baby sigue esta secuencia:

En cuanto a sustratos para trasplante, se emplean mezclas de turba (peat moss), fibra de coco y perlita/vermiculita en proporción aproximada 3:1:1. Esta mezcla provee aireación y retención de agua equilibrada. Los sustratos se fertilizan ligeramente antes del trasplante —1–2 g/L de NPK equilibrado soluble— para estimular el crecimiento inicial.
En sistemas hidropónicos se utilizan soluciones nutritivas completas con pH 5,5–6,5 y conductividad eléctrica de ~1–2 mS/cm según la especie. El acolchado plástico o mantillo orgánico reduce la germinación de malezas y conserva humedad en variedades baby sensibles a la sequía como rúcula y lechuga.
7. Riego y fertirrigación en hortalizas baby
El riego es crítico para las hortalizas baby debido a su poca masa foliar y la gran relación superficie/peso. Se recomienda riego frecuente y uniforme, idealmente mediante goteo localizado o microaspersión baja, para mantener la humedad constante. El cultivo de pepino baby es especialmente sensible a la disponibilidad de agua, por lo que un sistema de goteo resulta esencial para maximizar la absorción de nutrientes y minimizar el estrés hídrico.
Para evitar enfermedades fúngicas, se procura concentrar el agua en la zona radicular y mantener alta humedad ambiental (mayor del 80 %). En climas cálidos es común regar diariamente en las primeras horas de la mañana; en invernadero o sustrato, el riego puede fraccionarse en varias aplicaciones cortas al día.
La fertirrigación consiste en aplicar nutrientes solubles con el agua de riego. Para hortalizas baby se usan formulaciones de NPK solubles —con concentraciones de nitrógeno en el orden de 150–300 ppm— repartidas en aplicaciones semanales o en riego diario diluido.
En general, estas hortalizas demandan los tres macronutrientes: nitrógeno para el crecimiento foliar, fósforo para el enraizamiento inicial y potasio para la calidad del fruto. Se complementa con microelementos —Ca, Mg, B, Zn— vía fertirriego o foliar.

8. Manejo de plagas y enfermedades en hortalizas baby
El manejo integrado de plagas y enfermedades (MIP) es crucial en cultivos baby debido a la alta densidad de plantas y la frescura exigida del producto final. A continuación se describen los principales problemas fitosanitarios por grupo de hortalizas baby y sus medidas de control básicas.
8.1. Cucurbitáceas: pepino baby, zapallito, calabaza
Sus plagas relevantes incluyen áfidos (Aphis gossypii), ácaros (araña roja Tetranychus urticae), escarabajos del pepino, mosca blanca (Bemisia tabaci) y orugas de mariposa. Las enfermedades típicas son mildiu velloso, oídio y tizón por Alternaria.
El control integrado contempla trampas cromáticas amarillas, cobertores flotantes en plántulas jóvenes, rotación con no cucurbitáceas y riego por goteo para evitar humedad foliar. En caso necesario, se emplean insecticidas a base de azadiractina o piretroides suaves contra pulgones/ácaros, y fungicidas cúpricos o sulfurados contra mildiu y oídio.
8.2. Solanáceas: berenjena baby, tomate cherry, pimiento baby
Las plagas comunes son pulgones (Myzus persicae), mosca blanca, trips (Frankliniella occidentalis), ácaros, minadores de hoja (Liriomyza) y nemátodos de raíces (Meloidogyne). Las enfermedades más frecuentes son mildiu por Phytophthora, Verticillium, podredumbre gris (Botrytis) y Alternaria.
El manejo incluye rotación obligatoria, sustrato limpio, entutorado para ventilación y variedades resistentes. Los tratamientos fitosanitarios autorizados incluyen piretroides o neonicotinoides contra pulgones, abamectina contra ácaros y spinosad contra trips.
8.3. Raíces: zanahoria baby y remolacha baby
La mosca de la zanahoria (Psylla rosae) es la plaga principal; sus larvas perforan las raíces causando galerías y pudriciones. También afectan gusanos grises (Agrotis), gusanos de alambre (Agriotes) y pulgones en follaje. Las enfermedades frecuentes son Alternaria dauci —tizón foliar— y podredumbres radiculares por Phoma y Rhizoctonia.
El manejo recomendado incluye rotación con no apiáceas, trampas con feromonas, cubiertas contra insectos y aplicación puntual de nematodos entomopatógenos.
8.4. Hortalizas de hoja: lechuga baby, espinaca, rúcula
Los retos principales son pulgones, mosca blanca, trips y araña roja. Las enfermedades de foliáceas incluyen mildiu (Peronospora spp.) y Botrytis en condiciones húmedas. El control comprende rotación corta —cada 3–4 semanas—, uso de mantas en semilleros, manejo de suelo sin empozamiento y aplicaciones ligeras de azufre o cobre cuando se detecte mildiu.
En todos los casos, la observación frecuente y el monitoreo son vitales. La implementación de trampas cromáticas, cordones de feromonas y refugios para enemigos naturales —mariquitas, Phytoseiulus para ácaros— complementa los métodos químicos y permite reducir el uso de fitosanitarios.
9. Conducción del cultivo, tutorados y soportes
En tomate cherry y pepino baby —especialmente en invernadero— se lleva el cultivo con entutorado vertical. Se maneja uno o dos tallos principales, eliminando brotes laterales innecesarios para enfocar la energía en frutos de buen calibre y tamaño uniforme.
En tomate se practica el despunte apical al alcanzar 5–6 racimos; en pepino trepador se guía el tallo a malla o alambre vertical.
En berenjena baby, algunas prácticas recomiendan cortar las hojas bajas para mejorar la ventilación y enfocar nutrientes en las yemas superiores. Los zapallitos italianos y la remolacha se dejan desarrollar sin poda; solo se despejan las malas hierbas del entorno.
Para los tutorados se utilizan cañas, clipazos, alambres y técnicas de lazo con hilo o grapas plásticas. El objetivo es mantener hojas y frutos expuestos al sol y con buena circulación de aire, previniendo podredumbres por humedad excesiva. El deshojado ligero en plantas muy densas mejora la entrada de luz.
El control manual de malezas es crítico en densidades altas, y el acolchado —mulch plástico o paja orgánica— contribuye a conservar humedad y reducir la competencia de hierbas.
10. Técnicas de cosecha y rendimiento esperado de hortalizas baby
Las hortalizas baby se cosechan a mano con mucho cuidado: el criterio es el tamaño óptimo, no la madurez convencional. Cada especie tiene su indicador propio: frutos uniformemente coloreados pero aún pequeños, raíces de diámetros mínimos y cabezas baby apenas formadas.
Las zanahorias baby se cortan apenas alcancen ~2–3 cm de grosor, antes de endurecer la textura. Los zapallitos baby se recolectan cuando miden 4–6 cm con la piel muy turgente. Los tomates cherry se recogen al llegar a color pleno, y las lechugas baby cuando el corazón apenas se abre. Se utilizan tijeras de podar sanitizadas o cuchillos desinfectados.
La programación escalonada de cosecha es fundamental: las hortalizas de hoja baby —ensaladas, espinacas— pueden cortarse en cama entera periódicamente, cada 2–4 días para baby leaf. Las raíces y frutos se recolectan en varios pases. Con un calendario escalonado bien diseñado, un mismo lote produce varias tandas continuas a lo largo de la temporada.
11. Poscosecha y embalaje de hortalizas baby
Por su naturaleza delicada, las hortalizas baby requieren cadena de frío inmediata. Tras la recolección se deben llevar cuanto antes a sala de enfriado o tanque con agua fría —hidrocooling suave— para disminuir la respiración y preservar la frescura.
La temperatura óptima de almacenamiento es baja (0–4 °C) con alta humedad relativa (90–95%). Algunos cultivos como el pepino baby o el calabacín soportan temperaturas ligeramente superiores (~10 °C) para evitar daños por frío.
El empaque se realiza usualmente en cantidades pequeñas: bolsas plásticas ventiladas de 100–250 g para hojas, o bandejas de cartón con film para frutos y raíces. Los materiales deben permitir intercambio gaseoso y exhibir transparencia para apreciar la calidad del producto.
Para producto ecológico o gourmet, se usan etiquetas vistosas y certificaciones (BIO, GlobalGAP) que agregan valor percibido.
Las normas de calidad exigen producto homogéneo: color uniforme, libre de pudriciones y con firma de productor y trazabilidad. Los estándares europeos y latinoamericanos solicitan cumplir límites de plaguicidas y certificaciones si se aspira a mercados de exportación.
El sellado correcto del empaque y la logística refrigerada son imprescindibles para mantener la calidad en el tránsito hacia el consumidor final.
12. Comercialización y valor agregado de hortalizas baby
Desde el punto de vista comercial, las hortalizas baby se posicionan en segmentos de alto valor. Los canales más importantes son la restauración y catering (HORECA), donde chefs de alta cocina buscan sabores intensos y presentaciones innovadoras —aperitivos, decoraciones, ensaladas gourmet—; la venta minorista premium en supermercados y tiendas gourmet, con precios de 2–5 veces mayor que el producto normal; y el mercado directo local en ferias orgánicas y tiendas de conveniencia de frescos, donde se resalta la frescura y el valor nutricional.
Las certificaciones y el marketing son determinantes para abrir mercados institucionales. Obtener el sello GlobalG.A.P. o de Buenas Prácticas Agrícolas puede marcar la diferencia.
Para producto ecológico, el manejo sin químicos sintéticos y la certificación correspondiente elevan notablemente el precio de venta. El etiquetado debe incluir variedad, peso, fecha de cosecha y datos de trazabilidad.
Se recomienda realizar un análisis de mercado local: conocer la demanda real y estacionalidad, y establecer contratos con chefs o supermercados con antelación para planificar la producción con continuidad —por ejemplo, entregas diarias de 500 unidades en temporada alta—.
El valor agregado justifica la elección de este cultivo en huertos comerciales o familiares intensivos, siempre que se equilibren los costos elevados de producción especializada con los ingresos premium que el mercado de hortalizas baby es capaz de generar.
13. Preguntas frecuentes sobre el cultivo de hortalizas baby
¿Qué son exactamente las hortalizas baby y en qué se diferencian de las convencionales?
Las hortalizas baby son plantas cultivadas y cosechadas en estadios de crecimiento juveniles, antes de alcanzar su tamaño adulto habitual. Se distinguen de las convencionales por su tamaño reducido (por ejemplo, una zanahoria baby de 2–3 cm de diámetro frente a los 4–5 cm de una zanahoria normal), su sabor más dulce e intenso, su textura más tierna y su presentación visualmente llamativa, características que les permiten alcanzar precios premium en el mercado.
¿Cuánto tiempo se tarda en cosechar hortalizas baby desde la siembra?
El tiempo a la primera cosecha varía según la especie: los rábanos baby son los más rápidos con 4–6 semanas, la lechuga baby y la rúcula se cosechan en 3–6 semanas, mientras que las zanahorias baby y la remolacha baby requieren 7–10 semanas. Los cultivos de fruto como el pepino baby, el tomate cherry o el pimiento baby necesitan entre 6 y 11 semanas desde el trasplante.
¿Cuál es la densidad de siembra recomendada para hortalizas baby?
Las hortalizas baby se siembran a densidades mucho mayores que las convencionales. La lechuga baby puede alcanzar 100–150 plantas/m², los rábanos mini 100–120 plantas/m² y la rúcula 80–120 plantas/m². Los cultivos de fruto como el pepino baby o el zapallito utilizan densidades de 2–4 plantas/m², pero se cosechan frutos significativamente más pequeños que en producción estándar.
¿Qué canales de venta son los más rentables para hortalizas baby?
Los canales más rentables para las hortalizas baby son la restauración de alta gama (HORECA) —donde los chefs pagan precios premium por calidad y presentación—, los supermercados gourmet y las tiendas de productos orgánicos.
Los mercados directos al consumidor —ferias agroecológicas, cestas de agricultor— también ofrecen buenos márgenes. El precio de venta puede ser 2–5 veces superior al del mercado convencional, lo que justifica los mayores costos de producción.
¿Qué certificaciones son más importantes para comercializar hortalizas baby en mercados premium?
Para acceder a mercados premium e institucionales con hortalizas baby, las certificaciones más relevantes son GlobalG.A.P. (Buenas Prácticas Agrícolas), las certificaciones de producción ecológica u orgánica (Certificación BIO o similar según el país), y las normas de calidad tipo USDA o equivalentes locales.
Estas certificaciones garantizan trazabilidad, límites seguros de plaguicidas y condiciones de producción responsables, factores que los compradores institucionales —supermercados, cadenas de restaurantes— cada vez exigen con mayor rigor.
14. Conclusión
El cultivo de hortalizas baby representa una de las apuestas más sólidas de la horticultura de valor agregado en el escenario agrícola actual.
Su demanda creciente en los mercados gourmet, el canal HORECA y el retail premium, combinada con los precios unitarios significativamente superiores a los del producto convencional, convierten las mini hortalizas en una alternativa viable y rentable para productores que estén dispuestos a invertir en precisión agronómica y estrategia comercial.
El éxito en este nicho depende de varios factores interrelacionados: la correcta selección de variedades baby con porte compacto, ciclo corto y resistencia a enfermedades; una planificación de huerto que contemple densidades óptimas, rotaciones botánicas y calendarios de siembra adaptados al clima local; un sistema de riego y fertirrigación de precisión que garantice la homogeneidad de los frutos; y un manejo fitosanitario integrado que preserve la calidad organoléptica del producto.
La poscosecha —cadena de frío inmediata, empaque adecuado y estricto control de calidad— y la comercialización estratégica —con certificaciones, etiquetado de trazabilidad y acuerdos con compradores premium— completan el circuito que permite a los productores capturar el valor real de las hortalizas baby.
Con estos pilares bien establecidos, este segmento ofrece retornos sobresalientes y un nicho de crecimiento sostenido para los próximos años en los mercados latinoamericanos y globales.
15. Referencias y fuentes
- Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA). Producción de hortalizas baby gourmet en la Región de Atacama. INIA Intihuasi, Chile.
https://www.inia.cl - Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA). Hortalizas baby en Chiloé: introducción de variedades para mercados gourmet y turísticos. INIA Remehue, Chile.
https://www.inia.cl - Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente (España). Producción integrada de hortalizas: pepino, calabacín y berenjena. Madrid.
https://www.mapa.gob.es - FAO. Manual de buenas prácticas agrícolas para la horticultura familiar. Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura.
https://www.fao.org - CORFO / FIC. Proyecto de diversificación hortícola con hortalizas baby para el mercado gourmet en la Región de Los Lagos. Fondo de Innovación para la Competitividad, Chile.
https://www.corfo.cl - Alvarado, P. et al. (2018). Cultivo de lechuga en sistemas de producción baby leaf. Boletín INIA N.° 374. Instituto de Investigaciones Agropecuarias.
https://www.inia.cl - García, M. J. (2020). Horticultura gourmet: tendencias y oportunidades de mercado en España y Latinoamérica. Agronomía y Mercado, 12(3), 45–58.
https://www.agronoticias.es - Olimpi, E. M. et al. (2019). Manejo integrado de plagas en cucurbitáceas bajo cubierta. Horticultura Argentina, 38(97), 22–34.
https://www.horticulturaar.com.ar - Rodríguez, J. C. y Flores, A. (2021). Fertirrigación en hortalizas de ciclo corto: pepino, calabacín y tomate cherry. Revista de Horticultura Ibérica, 29(1), 10–19.
https://www.horticultura.com - GlobalG.A.P. Norma para producción de frutas y hortalizas frescas (GLOBALG.A.P. IFA v5.4).
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https://www.fhia.org.hn - López-Galarza, S. et al. (2004). El cultivo de la berenjena. Hojas Divulgadoras del Ministerio de Agricultura. Madrid.
https://www.mapa.gob.es
