Claves para entender y controlar el demurrage y detention en la cadena logística
Por Rafael Guarda Martínez, abogado-consultor, RG Consultant.
En la industria frutícola invertimos enormes esfuerzos en producir, embalar y enviar fruta a mercados lejanos. Sin embargo, cada temporada surge un enemigo silencioso que puede transformar una operación sana en una sin margen: los sobrecostos por demurrage y detention.
Muchos exportadores se encuentran con estos montos recién en las liquidaciones finales, sin claridad sobre su origen ni posibilidad de analizarlos. Lo más delicado es que, en una gran parte de los casos, estos cargos son inevitables y no proceden cuando la demora no depende del importador o su agente en destino. 
El fundamento del demurrage y el detention es conocido: evitar que los contenedores queden inmovilizados. Ambos cargos nacieron para promover eficiencia y movimiento dentro de la cadena logística. Su objetivo es incentivar que el usuario del contenedor lo retire o lo devuelva dentro de los plazos establecidos. Es un principio económico simple: dinamismo. Pero esta lógica funciona solo cuando quien recibe el contenedor tiene capacidad real para actuar. Si el retiro o la devolución no dependen de su voluntad y se ven afectados por factores externos (congestión portuaria, falta de turnos, bloqueos operativos, indisponibilidad real del contenedor, inspecciones obligatorias, etc.), entonces el cobro pierde su justificación.
La autoridad marítima de Estados Unidos, la FMC, ha sido clara al respecto: el demurrage solo es razonable cuando incentiva el flujo de carga. Si el cliente no puede retirar la unidad por causas ajenas a su control, el cobro no incentiva nada y, en consecuencia, no es válido.
Además, la FMC ha señalado que no corresponde facturar demurrage ni detention a partes que no figuren en el Bill of Lading o no formen parte del contrato de transporte. A pesar de ello, en la práctica sigue siendo común que agentes, que muchas veces no tienen vínculo contractual con el transportista, terminen enfrentando estos cobros.
A esto se suma una práctica que afecta particularmente a la fruta fresca: el pago bajo presión. En muchos puertos, los recibidores son advertidos de que, si no se pagan todos los cargos, el contenedor no será entregado. Frente a un producto perecible, donde el tiempo de retiro influye directamente en la condición y el precio de venta, la alternativa es prácticamente inexistente. Se paga para liberar la carga, aunque el cobro sea improcedente y meses después, ese monto aparece descontado de la liquidación del exportador, quien no tuvo responsabilidad en la demora ni oportunidad de debatir los cargos.
El impacto económico puede ser significativo en contenedores refrigerados donde las tarifas diarias suelen ser altas y basta una semana de espera para afectar la rentabilidad completa de un embarque. Estos costos aparecen en el tramo final del viaje, cuando la fruta es más vulnerable y la ventana comercial es más estrecha. Y como llegan tarde, sin trazabilidad ni información suficiente, resulta difícil evaluar si corresponden o no. En un mercado con competencia fuerte y márgenes ajustados, estos sobrecostos pueden cambiar el resultado de una temporada completa.
Pero este problema no es inevitable. Hoy existen herramientas tecnológicas capaces de monitorear la cadena logística en tiempo real, entregando información precisa sobre disponibilidad efectiva de los contenedores, eventos que debieron detener el conteo, rendimiento de cada puerto y comportamiento histórico de cada cliente o recibidor. La tecnología permite anticipar riesgos, validar cobros, detectar inconsistencias y tomar decisiones comerciales basadas en datos, no en intuiciones ni explicaciones tardías.
Con información confiable se puede negociar free time de manera más estratégica, elegir destinos y navieras más eficientes, evaluar la gestión de los recibidores y actuar antes de que aparezcan costos inesperados. La eficiencia logística ya no depende solo de experiencia o relaciones comerciales: depende de la capacidad de medir y gestionar lo que ocurre desde que la fruta sale de origen hasta que se entrega en destino. En un negocio donde cada detalle importa, contar con trazabilidad operativa es una ventaja competitiva real.
El debate global sobre demurrage y detention avanza hacia una regla común: estos cobros deben ser razonables, transparentes y aplicarse únicamente cuando cumplen su propósito original. No pueden transformarse en un mecanismo de recaudación automática ni en un castigo para quienes no tuvieron participación en la demora. La fruta compite por su calidad, condición y confianza, y necesita operar en cadenas logísticas justas y eficientes.
Para el exportador, el mensaje es directo: no todo cobro es válido. Es fundamental exigir información, revisar la trazabilidad, comprender las verdaderas causas de la demora y apoyarse en herramientas tecnológicas que permitan tomar decisiones informadas. La rentabilidad no solo se construye en la producción y la venta: también se protege controlando cada eslabón de la cadena logística; y entre esos eslabones, pocos tienen un impacto tan silencioso y decisivo como el demurrage y el detention.
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