La pérdida del control sobre la fruta: el riesgo invisible al exportar
Por Sebastián Osman, socio de Dante Legal y encargado del área de Comercio Internacional Frutícola.
Una de las grandes preocupaciones de los exportadores frutícolas es cosechar fruta con buena calidad y condición. Sin embargo, la siguiente fase, la exportación, la cual suele generar menos preocupación, también trae riesgos que pueden significar pérdidas, e incluso la quiebra.
Luego del embarque en el transporte internacional, pasa algo relevante de lo que el exportador no siempre se encuentra del todo consciente: se pierde el control sobre la fruta. Una vez embarcada, la fruta pasa a estar en manos del transportista y luego del recibidor, dos actores sobre los que el exportador tiene poca o ninguna influencia.

En esta línea, así como hay que prepararse con anticipación para cosechar fruta de buena calidad y condición, también es necesario anticiparse a problemas con el transporte internacional y en el mercado de destino, aplicando medidas preventivas antes del embarque en origen.
Exportar fruta de manera segura
A continuación explico, de manera resumida y sujeta a mayor profundidad en artículos futuros, algunos de los elementos que considero indispensables para exportar de manera segura y protegida:
1) Relación con recibidores: la columna vertebral de las medidas preventivas con recibidores viene dada por los contratos. No tienen que ser largos, con un documento de dos o tres páginas es suficiente. De hecho, en algunos casos, y bajo ciertas condiciones, hasta una factura proforma o una orden de compra puede hacer el trabajo.
Los elementos esenciales a acordar en el contrato son:
- Tipo de transacción: se debe señalar si la transacción es a precio fijo, libre consignación, mínimo garantizado o Price After Sale.
- Inspección en destino: se le debe indicar claramente al recibidor cómo realizar la inspección de la fruta al recibirla y darle un plazo acotado para hacerlo.
- Ley aplicable: considerando que el exportador y el recibidor están en países distintos, siempre habrá espacio para discutir cuál es la ley a aplicar, ¿la del exportador o la del recibidor? Esto se debe acordar y, en particular, se aconseja utilizar normativa internacional para evitar inconvenientes.
- Solución de controversias: posiblemente este sea el elemento más relevante. Si el recibidor no paga y no hay contrato, el exportador normalmente deberá demandar en destino, pero por los altos costos de los juicios y sus largos plazos (entre 4 y 6 años), muchas veces no vale la pena y se termina asumiendo la pérdida. Para evitar eso, se recomienda pactar arbitraje, por ejemplo, ante la International Chamber of Commerce, ya que ésta es una vía que reduce costos y tiempo (suele durar alrededor entre 9 a 12 meses). La idea no es demandar, sino prevenir, ya que, si el recibidor sabe que el exportador puede presionar de una manera rápida y económica, éste lo pensará dos veces antes de no pagar.
2. Relación con transportistas: una parte relevante del riesgo ocurre mientras la fruta está en tránsito internacional. Fallas de frío, retrasos u otros eventos pueden afectar la condición y valor de la fruta.
Muchos exportadores cuentan con seguros, pero un problema recurrente es que los reclamos no se gestionan bien. Hay falta de documentación, se pierde evidencia y se incumplen plazos.
Entre las medidas a tomar con los transportistas se encuentran:
- Controles de calidad en origen y destino;
- Presentación de cartas de protesto al transportista;
- Invitación oportuna al transportista y a la aseguradora (en caso de haberla) para que inspeccione la carga en destino;
- Establecer gestión documental apropiada; y,
- Iniciar los claims a transportistas y aseguradoras (en caso de haberla) en tiempo y forma.
Frente a la pérdida del control sobre la fruta una vez embarcada, las medidas preventivas con recibidores y transportistas representan el camino a una exportación segura y protegida. Sin embargo, estas medidas no son suficientes si los procesos internos del exportador no garantizan su ejecución. La protección real, el blindaje, exige que procesos y medidas funcionen como un engranaje, esto es, ordenados, consistentes y ejecutables.
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