Agricultor ecológico alemán desarrolla un robot deshierbe láser para 8 hectáreas diarias sin herbicidas
Una granja orgánica alemana desarrolló un robot deshierbe láser autónomo que elimina malezas con precisión milimétrica.
- Deshierbe manual, cuello de botella.
- Agricultura ecológica, sin herbicidas.
- Escasez de mano de obra.
- Costes laborales al alza.
- Láser y visión artificial.
- Precisión milimétrica.
- Menos suelo alterado.
El deshierbe manual sigue siendo una de las tareas más duras, lentas y caras de la agricultura. En producción ecológica, donde los herbicidas químicos no son una opción, esta realidad se vuelve todavía más cruda. La combinación de escasez de mano de obra, salarios crecientes y presión económica está llevando a muchas explotaciones al límite. No es una cuestión de eficiencia. Es de supervivencia.

Ese contexto empujó a Rainer Carstens, director del grupo Westhof Bio, en el norte de Alemania, a buscar una salida poco convencional. Su explotación destinaba más de 190.000 € al año solo a eliminar malas hierbas de forma manual. Una cifra difícil de sostener, incluso para una empresa consolidada en el sector ecológico.
Un legado familiar transformado por la innovación
Westhof no es una startup tecnológica. Es una explotación familiar situada en Dithmarschen, Schleswig-Holstein, en manos de la familia Carstens desde 1972. Cuando Rainer tomó el relevo en 1978, trabajaba apenas 60 hectáreas con cultivos convencionales como trigo, remolacha azucarera o patata.
El giro llegó con una suma de factores personales y colectivos. Problemas de salud en su padre, el nacimiento de sus hijos y, sobre todo, el impacto del accidente de Chernóbil en 1986. A partir de ahí, la transición hacia la agricultura ecológica fue tanto una decisión productiva como ética. Menos química. Más responsabilidad. Y más preguntas incómodas sobre cómo producir alimentos sin degradar el entorno.
Hoy, Westhof Bio Group cultiva unas 1.200 hectáreas junto a su socio Paul-Heinrich Dörscher y opera la única planta alemana de congelado exclusivamente ecológico, procesando solo hortalizas certificadas. Zanahorias, coliflor, brócoli, guisantes, espinacas, col rizada, hinojo, chirivía y patata salen de sus campos para abastecer mercados que exigen volumen, regularidad y trazabilidad.

La crisis del deshierbe en la agricultura ecológica
El control de malas hierbas es uno de los principales costes en agricultura ecológica. No es nuevo. Pero la situación se ha agravado. Los sistemas ecológicos suelen presentar mayor presión de adventicias que los convencionales y requieren intervenciones frecuentes y precisas. Tradicionalmente, eso significaba más personas agachadas durante horas.
Las cifras hablan solas. Más de una cuarta parte de los agricultores está explorando tecnologías de automatización, y más de la mitad se centra específicamente en el deshierbe. No por moda, sino por necesidad. En 2024, los costes laborales agrícolas crecieron alrededor de un 7 %, mientras que los ingresos netos del sector caían más de un 17 %. En frutas y hortalizas, la mano de obra puede suponer hasta el 40 % de los costes de producción.
Menos gente dispuesta a trabajar en el campo. Más exigencias. Márgenes más estrechos. El modelo tradicional ya no encaja.
Desarrollo del sistema de deshierbe láser Naiture
La respuesta de Carstens no fue comprar tecnología existente. Fue impulsarla desde cero. En 2008 contactó con la Fachhochschule Westküste, en Heide, para explorar un sistema de control de malas hierbas sin químicos, automatizado y viable en condiciones reales de campo.
El proyecto avanzó despacio, como suelen hacerlo las ideas que funcionan. Más de una década de pruebas, ajustes y aprendizaje. El desarrollo estuvo liderado por Vitali Czymmek, con un pie en la investigación universitaria y otro en la ingeniería aplicada. En 2018, la iniciativa dio el salto al mercado con la creación de Naiture GmbH & Co. KG, integrada en el grupo Westhof y con las patentes ya en su poder.

No se trataba de un prototipo de laboratorio. Se buscaba algo que pudiera trabajar de verdad, con barro, viento, luz cambiante y plantas que no siempre crecen como en los manuales.
Cómo funciona la tecnología
El prototipo más reciente, operativo desde la primavera de 2025, funciona como un remolque autónomo acoplado a un tractor. Tres sistemas trabajan de forma coordinada.
Primero, cámaras de alta resolución capturan imágenes continuas del cultivo. No fotos sueltas. Un flujo constante de datos. Un ordenador embebido, optimizado para bajo consumo, procesa esa información en tiempo real mediante modelos de inteligencia artificial entrenados para distinguir cultivo y mala hierba.
Cuando el sistema detecta una adventicia, entra en juego el láser. Un escáner con micro-espejos dirige el haz con precisión milimétrica, apuntando al centro de crecimiento de la planta no deseada. No remueve el suelo. No daña el cultivo vecino. Simplemente detiene el crecimiento donde duele.
La potencia, 200 vatios, es solo parte de la ecuación. Lo clave es la exactitud. Energía bien dirigida. Ni más ni menos.
Rendimiento y eficiencia
Para que el sistema sea útil, debe trabajar a una velocidad compatible con la realidad agrícola. Entre 0,5 y 1 km/h, cada mala hierba debe eliminarse en menos de 40 a 150 milisegundos, según su tamaño y estado de desarrollo. No hay margen para dudas.
Con un ancho de trabajo de 6 metros, el robot puede cubrir entre 6 y 8 hectáreas diarias. Muy por encima del rendimiento manual. Estudios publicados en AgriEngineering confirman una alta tasa de acierto, con impacto ambiental mínimo y capacidad de trabajo continuo.
Carstens lo resume sin grandilocuencia: la tecnología no sustituye la experiencia del agricultor, pero se convierte en una herramienta clave para gestionar la complejidad creciente del campo actual.
Contexto global y tendencias del mercado
Lo que ocurre en Westhof no es un caso aislado. El mercado de control inteligente de malas hierbas crece con fuerza, impulsado por la falta de mano de obra, el encarecimiento de insumos y la presión regulatoria sobre herbicidas. Las malas hierbas resistentes ya se documentan en más de 70 países, un síntoma claro de que el modelo químico tiene límites.
Empresas de distintos países exploran soluciones similares: láser, visión artificial, aprendizaje profundo. Cada una con enfoques distintos, pero con un objetivo común: producir alimentos sin depender de químicos ni de trabajos manuales extremos.
Camino hacia la comercialización
El sistema Naiture sigue siendo un prototipo avanzado, pero la intención es clara. Convertirlo en un producto comercial a partir de la próxima campaña. La ventana temporal es corta. La necesidad, urgente.
Westhof demuestra que la innovación no siempre nace en grandes corporaciones tecnológicas. A veces surge en una explotación familiar que ya ha apostado por la neutralidad energética, generando su propia electricidad con solar, eólica y biogás. Todo encaja. Producción, energía y tecnología alineadas.
Potencial
Este tipo de tecnología abre la puerta a una agricultura ecológica más viable económicamente, sin renunciar a sus principios. Permite mantener precios más estables, reducir la dependencia de mano de obra escasa y mejorar las condiciones de trabajo.
A medio plazo, sistemas así pueden integrarse con agricultura de precisión, rotaciones más diversas y estrategias de bajo impacto. No es una solución mágica. Pero sí una pieza importante para que producir alimentos sanos, locales y respetuosos con el entorno deje de ser un lujo y vuelva a ser una opción real.
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