Cultivo del sacha inchi o maní de los incas para una salud de oro

08 Octubre 2018

El contenido de este artículo de nuestra sección de Agrotecnia fue elaborado con información proveniente de  www4.congreso.gob.pe y fue revisado y reeditado por Portalfruticola.com 

La almendra del cultivo nativo amazónico “sacha inchi” o “maní del monte” (Plukenetia volubilis L.) constituye una valiosa alternativa, para dar solución a la conocida deficiencia de proteínas en la alimentación humana, que afecta principalmente a la niñez causando daños irreparables; ya que limita no sólo la salud física, sino también la salud mental disminuyendo su capacidad de aprendizaje.

El valor de este cultivo nativo, no solamente radica en sus aspectos alimenticios, culturales e históricos, sino en su rentabilidad económica, pudiendo constituirse en un cultivo alternativo frente a otros de índole ilegal, además de contribuir a evitar la erosión de los suelos de ladera, en la ceja de selva.

TECNOLOGÍA DEL CULTIVO

Sistemas de cultivo

Al iniciar una plantación de “sacha inchi”, es posible realizar la siembra en asociación de cultivos herbáceos como soya, caupí, maní, algodón y maíz, por ejemplo.

En los campos de agricultores de la región, casi siempre se encuentra asociado con alguno de estos cultivos. Además, se le encuentra en bordes de bosques secundarios (purmas), en cañaverales, sobre cercos vivos, alambrados y como “maleza” en platanales, yucales y cultivos permanentes.

La producción de “sacha inchi” en la región, se realiza generalmente, en plantaciones asociadas o intercaladas con otros cultivos anuales, bianuales o perennes, lográndose así una utilización múltiple de los recursos disponibles. Dentro de este ámbito, el grupo familiar agrícola actúa como una unidad de producción y consumo.

Es necesario tener en cuenta los distanciamientos y los tipos de tutores cuando se realizan las asociaciones. Los distanciamientos de mayor proporción, deben utilizarse cuando éstas se realizan con cultivos perennes, de manera que no dificulten las labores de campo, permitiendo asimismo el libre ingreso de luz solar y evitar la competencia por los nutrientes del suelo. Cuando se asocia con un cultivo anual es aconsejable dejar una distancia de 50 cm alrededor de la planta y/o tutor para disminuir la competencia por los nutrientes del suelo.

 

Establecimiento de una plantación

a. Preparación del terreno

La preparación del terreno debe sustentarse en la ubicación geográfica, en la topografía y en las características de la vegetación primaria o secundaria del lugar.

Sin embargo, las nuevas plantaciones de “sacha inchi” se deberán establecer en lo posible, en áreas de bosques secundarios o “purmas”, después de un cultivo de subsistencia como el maíz, algodón, yuca, etc., o en plantaciones con otros cultivos en decadencia, abandonados o erradicados.

Además, donde las condiciones sean adecuadas, el “sacha inchi” se puede intercalar con otros cultivos permanentes como el plátano, café, etc., siempre que éstos no le den sombra.

Una vez seleccionado el terreno de vegetación secundaria o purma, resulta ventajoso que la vegetación se corte en la parte baja y luego se fraccione en trozos, para después distribuirla uniformemente y formar una capa de cobertura. Esto ayuda a controlar la proliferación de malezas, reduce la erosión y sirve de fuente de nutrientes para el suelo, una vez que se ha mineralizado.

Antes de realizar la plantación debe efectuarse el trazo del sistema de drenaje y los caminos, a fin de facilitar los desplazamientos dentro de la plantación, el ingreso de insumos, la atención de las labores culturales y salida de la cosecha.

La práctica de quemar después del desbosque total es muy criticada debido a los efectos negativos que tiene en el medio ambiente. Este inconveniente puede minimizarse realizando algunas prácticas de manejo de suelos, tales como el uso de cultivos de cobertura, entre otros.

Finalmente, también es posible sembrar el “sacha inchi” en monte virgen haciendo un “raleo” de tal manera que permita el ingreso de la luz solar. Luego seguir eliminando el monte a medida que las plantas van necesitando luz o se van sembrando los tutores. Esta práctica no es la más recomendada, pero se puede utilizar cuando la mano de obra es escasa.

b. Época de siembra

El momento oportuno de efectuar la siembra del “sacha inchi” en San Martín está condicionado, especialmente, al régimen pluviométrico. Según esto, se puede iniciar las siembras entre diciembre y marzo. Si se está utilizando almácigos, se pueden realizar entre los meses de noviembre y febrero.

Como tradicionalmente el “sacha inchi” se cultiva sin riego, se siembra generalmente al inicio de las lluvias. Una humedad adecuada del suelo es necesaria para la germinación.

En zonas donde existen problemas de enfermedades debe sembrarse al final de las lluvias para evitar el ataque de aquellas.

c. Propagación del sacha inchi

El método más adecuado de propagación en cualquier especie, depende en gran medida del tipo de material que se utilice. El “sacha inchi”, planta nativa de la región amazónica, se propaga comúnmente por semilla, aunque también se puede realizar la propagación asexual o por estacas, según ensayo preliminar realizado en la Estación Experimental El Porvenir.

En dicho ensayo se utilizaron diferentes tipos de estacas: estaca apical, estaca media y estaca basal, con un testigo de semilla botánica. La estaca basal, resultó ser el mejor material de propagación, pues tuvo un mejor prendimiento, aunque no se llegó a realizar el trasplante. Este tipo de propagación asexual, no se recomienda por su escasa efectividad.

En el método de propagación sexual, la semilla puede sembrarse directamente en el campo o en un vivero. En la siembra directa se colocan 2 semillas por hoyo y posteriormente se elimina la planta más débil, dejando la más vigorosa. Cuando las plantas están pequeñas se les debe proporcionar un poco de sombra, aprovechándose para esto la siembra de un cultivo asociado de subsistencia como maíz, yuca, frijol, algodón o el propio tutor. Se ha conseguido acelerar la germinación de 8 a 10 días haciéndose un raspado a las semillas .

La siembra en vivero puede realizarse previamente en almácigos, distribuyendo las semillas en línea, a una profundidad de 3 cm y a una distancia de 10 cm entre sí . Una vez alcanzado el estado de plántula con sus 2 hojas verdaderas se hace el repique o traslado de las más vigorosas a las bolsas plásticas de 10 x 20 cm, conteniendo tierra negra de bosque. Aquí se mantienen por un período de un mes, para luego ser trasladadas a campo definitivo para su trasplante, antes de que empiece a trepar, transcurriendo aproximadamente 45 días desde el almácigo a trasplante.

Para efectuar el trasplante, es conveniente realizar en el terreno hoyos de 30 x 30 x 30 cm, en los cuales se colocan las plántulas; previamente se retira la bolsa de plástico que la envuelve, evitando que se desmorone el sustrato que rodea a la raíz.

El plantón se instala en el hoyo de tal manera que el nivel del cuello de la planta quede al ras del suelo, colocándose la tierra superficial u orgánica en el fondo, hasta que se consiga la altura ideal aproximadamente 30 cm, y se proceda al llenado de éste usando 100 g de superfosfato triple de calcio, en mezcla con la tierra y haciendo ligeras presiones en el suelo para no dejar espacios vacíos. Se debe dejar un montículo de tierra alrededor de la planta, para evitar el exceso de agua, durante las precipitaciones.

También se puede hacer el trasplante desde el almácigo a raíz desnuda: se entierran a 10 cm dejando el cuello de la plántula a 3 cm debajo de la superficie del suelo.

El agricultor, de acuerdo a su experiencia, capacidad técnica, recursos económicos, material de propagación y distancia, puede optar por cualquiera de los métodos de propagación sexual descritos, inclusive se recomienda la siembra directa, por ser el “sacha inchi” un cultivo muy rústico.

Las semillas a utilizarse deberán ser obtenidas de entidades públicas o privadas, que posean semillas de calidad, de manera que garanticen los rendimientos.

d. Sistemas de tutoraje

Actualmente, se conocen dos sistemas: sistema de tutores vivos y sistema de tutores muertos o espalderas.

Tutores vivos: Trabajos experimentales indican que usar tutores de “Amasisa” (Erytrina sp) es lo más adecuado, por ser una leguminosa de rápido crecimiento.

Teniendo en cuenta el crecimiento agresivo del “sacha inchi”, es recomendable usar como tutores, ramas maduras de 1,5 m de largo y 5 ó 10 cm de grosor, para evitar que el “sacha inchi” las pueda “ahorcar” y tumbar, si éste es de menor diámetro. Los tutores deben enterrarse hasta 30 cm de profundidad y al mismo distanciamiento utilizado en el “sacha inchi”.

Durante el crecimiento del tutor, es conveniente favorecer la formación de ramas laterales que se encuentran ubicados por encima de los 15 cm del extremo superior. Para el efecto, se deben eliminar las ramas que se encuentran por debajo de dicho extremo.
Durante el período vegetativo del “sacha inchi”, es necesario promover la fructificación en la copa del tutor. Asimismo, es aconsejable que el tutor no sobrepase los 2 m de altura a fin de favorecer la cosecha.

Es recomendable hacer estudios para determinar que otras especies vegetales, podrían usarse como tutores vivos, ya que este sistema es el más indicado para suelos de laderas.

Tutores muertos o espalderas : Este sistema, apropiado para suelos planos, utilizado también en los cultivos de uva y maracuyá, permite un mejor manejo del “sacha inchi”, ya que reduce el uso de mano de obra en las podas que requiere el sistema antes mencionado y permite un fácil y rápido acomodo de las ramas en los alambres.

Su instalación requiere la utilización de postes (3 a 3,50 m de longitud y 0,15 m de espesor) los cuales son enterrados a una profundidad de 60 a 70 cm y a un distanciamiento que puede ser de 3 x 3 m ó 6 x 6 m, según la disponibilidad de éstas y de la mano de obra.

Se instalarán en hileras y en forma vertical, debiendo también colocarse en forma inclinada, en los extremos de las hileras, otros postes llamados “templadores”, que vienen a ser los que prácticamente van a dar resistencia al espaldar y es a partir de ellos donde se inicia el templado de los alambres. Por ello se recomienda que la profundidad de instalación de los “templadores” sea un poco mayor que el de los otros postes. Además, éstos deben ir fijos al suelo con alambre galvanizado Nº 10 y piedras grandes enterradas, de tal manera que la jalen en sentido contrario a su inclinación.

Una vez instalados se procede al templado de los alambres. Con la ayuda de un eclímetro se toma los diferentes puntos de tal manera que cada hilera de alambre quede a un mismo nivel.

Con el fin de reducir costos, es recomendable, colocar 2 hileras de alambre galvanizado; la primera hilera de alambre Nº 10 colocarla a más o menos 1,20 m desde el suelo, dependiendo del largo de los postes; la segunda hilera de alambre Nº 6 ó 7, colocarla a 40 cm debajo del primero; utilizar grapas en forma de punta para fijar los alambres a los postes a medida que se van templando con un templador o “pata de cabra”.

La siembra o trasplante del “sacha inchi” se debe realizar después de haber instalado el sistema de tutoraje, para no maltratar las plantas.

e. Diseños y densidad de la plantación

Las condiciones de fertilidad de los suelos y otras características del medio ambiente y del manejo del vigor de la planta, son determinantes para un adecuado distanciamiento.

El trazado del terreno para instalar la futura plantación se realiza con estacas de 1 m de largo. En los terrenos con pendientes se recomienda el uso de curvas a nivel.

El distanciamiento óptimo de siembra es de 3 m entre plantas y 3 m entre hileras cuando se utiliza tutores vivos (Erytrina sp), teniéndose una densidad de 1 111 plantas/ha. Pudiéndose utilizar un distancia-miento de 3 x 2,5 m en un diseño de plantación tipo tresbolillo, como ya se indicó anteriormente, el distanciamiento del tutor es el mismo que el del “sacha inchi”.

Un distanciamiento de 10 x 10 m, se utiliza cuando se siembra en monte raleado.

La ubicación del “sacha inchi” con respecto al tutor debe ser a una distancia de 20 cm.

En el sistema de tutoraje en espalderas, el distanciamiento de 3 x 3 m puede reducirse a 2,5 m entre hileras y 2 m entre plantas. La distribución de las plantas con este sistema de tutoraje.

f. Drenaje

El crecimiento y fructificación que conduce a cosechas rentables, requiere de terrenos con drenaje apropiado. Esto, debido a la necesidad de una conveniente aireación de las raíces, para una adecuada actividad fisiológica y una estabilización del cultivo por varios años de vida productiva.

En terrenos mal drenados, el crecimiento del “sacha inchi”, es afectado seriamente por la mala oxigenación del suelo, reducida absorción tanto del agua como de nutrimentos por la planta y un desarrollo anormal y/o superficial de las raíces. En un ambiente de mal drenaje, las raíces se tornan más susceptibles al ataque de plagas como nemátodos y diversas enfermedades que afectan su integridad.

g. Control de malezas

Las malezas, particularmente las gramíneas, compiten fuertemente con las plantas de “sacha inchi”, especialmente cuando la plantación está en la fase de crecimiento. Su control es necesario para evitar la competencia por luz, agua y nutrimentos.

El control de malezas puede ser químico, manual o cultural, para grandes plantaciones se debe usar el control químico, completándolo con un control manual.

Cuando la planta ha formado su sistema radicular, se debe evitar el uso de azadón o lampa, empleándose solamente machetes, herbicidas y restos vegetales (mulch).

Las asociaciones con cultivos que poseen diferentes hábitos de crecimiento como frijol, maíz, yuca, etc., permiten evitar que una maleza se propague año tras año, en el mismo campo.

La práctica del deshierbo en plateado y a 25 cm del “sacha inchi”, resulta muy eficiente y económico, siendo esta práctica más usada cuando se utiliza cultivos de cobertura.

Los herbicidas más utilizados en el control de malezas son:

Gramoxone 60 cc/20 l de agua +
Hoja ancha 100 cc/20 l de agua +
Adherente 15 cc/20 l de agua

El H-UNO-SUPER, por ser un herbicida selectivo, puede usarse inclusive al inicio de la plantación.

h. Poda

La poda es una práctica muy importante en el manejo del “sacha inchi” y se realiza para formar la planta, para incrementar la producción y facilitar la cosecha. La poda mejora la distribución de la luz, facilita la aireación y permite la distribución de los frutos en lugares accesibles para la cosecha.

En el “sacha inchi” se realizan dos tipos de poda: de formación y de producción.

La poda de formación se realiza desde la aparición de los primeros brotes laterales o cuando la planta ya ha alcanzado la altura de la primera ramificación del tutor o el primer alambre (en el caso de “espalderas” 40 cm). Consiste en eliminar periódicamente todas las ramas o brotes que se encuentren por debajo de la copa del tutor o el primer alambre, de tal manera que el tallo forme una “orqueta”; acomodando luego las ramas del sacha inchi en los alambres o ramas del tutor y cortando aquellas que se extiendan fuera o no se acomoden.

Esta poda es la más importante ya que de ella depende la productividad del cultivo por varios años. Es importante también indicar que así como se poda al “sacha inchi” también se poda al tutor, tratando de que sus ramas formen una especie de canasta donde descansen las ramas del “sacha inchi” y no hagan mucha sombra.

Posteriormente, cuando el “sacha inchi” entra en producción, la poda se debe realizar después de una a dos cosechas y es a partir de este momento en que se le denomina poda de Formación y Producción a la vez.

i. Cultivos de cobertura

El uso de cultivos de cobertura de crecimiento rápido, es una práctica de conservación de suelo muy importante; especialmente en aquellos terrenos con pendientes, en los cuales la cobertura vegetal controla la erosión.

Otro beneficio importante de los cultivos de cobertura es el control de malezas, pues al propagarse rápidamente cubren todo el suelo y entonces la proliferación de las malezas se hace nula o casi nula. De allí la importancia que tiene el elegir un cultivo de cobertura; ya que éste además de controlar la erosión y las malezas, no debe competir con el “sacha inchi” en cuanto a nutrimentos.

Las leguminosas Desmodium ovalifolium, Indigofera sp, Arachis pintoi, entre otras pueden usarse como coberturas en el “sacha inchi”.

Desmodium intortum, es una leguminosa nativa, que se encuentra como mala hierba en algunos campos de “sacha inchi”, convirtiéndose así en cobertura natural.

j. Asociación con otros cultivos

Como ya se indicó anteriormente, el “sacha inchi” suele asociarse con cultivos anuales, bianuales y/o permanentes; de allí que se le considera un cultivo muy versátil, que fácilmente se adapta a cualquier manejo.

La asociación con otros cultivos depende del cultivo que predomine en la zona, pues en campos de agricultores se le encuentra asociado con casi todos los cultivos de la región, como algodón, frijol, maíz, yuca, especies forestales, etc.

Con cultivos anuales es necesario dejar un distanciamiento de 50 cm alrededor de la planta y con cultivos permanentes se deben mantener distanciamientos de mayor proporción, unos 10 m más o menos.

Ensayos realizados en la Universidad de San Martín, Tarapoto (Guerrero, 1993), con leguminosas de grano asociados al “sacha inchi”, demuestran que a nivel de densidades de siembra no existe significancia estadística; mientras que en los tratamientos correspondientes a las variedades de leguminosas de grano sí existe diferencia estadística, encontrándose un mejor rendimiento con el caupí “Línea Nº 02”, que con las otras variedades (caupí var. “San Roque” y maní var. “Blanco Tarapoto”).

Fertilización

Aún no se han realizado investigaciones con respecto a la fertilización del “sacha inchi”, pero de acuerdo a su distribución podemos decir que es un cultivo de poca exigencia nutricional.

En la Estación Experimental El Porvenir, en el primer año de producción, se han aplicado 75 g de urea, 45 g de cloruro de potasio y 45 g de superfosfato triple de calcio por planta, como una práctica de mantenimiento del cultivo.

También se han efectuado aplicaciones de 2 kg de humus de lombriz por planta y aplicaciones foliares de fertilizantes hormonales para recuperar al cultivo después de una sequía y ataque de nemátodos. Se han observado buenos resultados; incluso la caída temprana de frutos pequeños ha disminuido (Arévalo, 1990-1995).

El requerimiento de algunos micronutrientes como el fierro, es muy notorio en suelos con problemas de carbonatos en la zona de Shanao (Provincia de Lamas). También se observa esta deficiencia en el cultivo de la yuca que es de la misma familia del “sacha inchi”.

Plagas y enfermedades

Debido a que el “sacha inchi” es un cultivo que está en proceso de expansión agrícola, son pocas las plagas que se han detectado causándole daño. Entre ellas se encuentran las larvas comedoras de hojas, insectos chupadores de fruto en su estado lechoso, hormigas y “grillo topo” (Grillotalpa sp); éste último ataca al cultivo en su etapa inicial de desarrollo vegetativo, cortando a la planta en el “cuello”.

Si el “grillo topo” ataca a plantas muy pequeñas éstas no se recuperan, pero si ataca a plantas que tienen el “cuello” de regular grosor, vuelven a brotar; de igual forma, las hormigas constituyen ligeros problemas, especialmente al inicio de la plantación. Por ello es importante realizar un buen control de plagas en esta etapa del cultivo, evitándose de esta manera la labor de recalce o resiembra.

Se ha observado ataques tempranos de “Nemátode del nudo” (Meloidogyne sp), en suelos ácidos, alcalinos, franco arenosos con más de un 70% de arena, arcillosos con más de un 50% de arcilla y contenido medio de materia orgánica.

Análisis de muestras de suelo y raíces de “sacha inchi” de la Estación Experimental El Porvenir, realizados en los laboratorios de la Sede Central La Molina – INIA, reportan la presencia de dos géneros de nemátodos: Meloidogyne y Aphelenchus con poblaciones de 217 y 14 nemátodos/100 g de suelo respectivamente. Esto indica una alta población de Meloidogyne, confirmándolo como una plaga de importancia.

Las plantas atacadas por nemátodos se atrofian y presentan entrenudos cortos, hojas pequeñas, luego se vuelven cloróticas. Asimismo, estos parásitos ingresan a las raíces produciendo heridas por donde fácilmente penetran los hongos (Fusarium sp, Macrophomina sp), dañando los tejidos y produciendo la pudrición total de las raíces, causando finalmente la muerte de las plantas.

Las plantas enfermas muestran primero un amarillamiento, luego una severa defoliación.

Otros síntomas como “escoba de bruja” y trastornos fisiológicos que provocan una mayor producción de flores femeninas, han sido asociadas a la presencia de Meloidogyne. Sin embargo, esto debería corroborarse en estudios más detallados sobre la patogenicidad de este fitonemátodo.

Se recomienda realizar un análisis del suelo antes de la siembra, para determinar la cantidad y tipo de nemátodo presente; esto con la finalidad de aplicar medidas de control antes de instalar el cultivo. Este control preventivo puede ser químico o cultural. En el primer caso puede aplicarse algún nematicida y en el segundo caso se recomienda la siembra de gramíneas como el maíz para el control de Meloidogyne y Aphelanchus.

Si se detecta la presencia de nemátodos dañinos, cuando el cultivo se encuentra en pleno desarrollo, es recomendable efectuar un control químico. También se recomienda aplicaciones de humus de lombriz o estiércol seco de ganado vacuno. La eliminación y reemplazo de las plantas atacadas constituye asimismo una medida que proporciona buenos resultados.

Cosecha

La cosecha del “sacha inchi”, bajo cualquier circunstancia de su uso o destino, tiene lugar generalmente cuando los frutos o cápsulas se tornan de un color marrón oscuro o negro cenizo. Se realiza recolectando las cápsulas con la mano, pues éstas se desprenden fácilmente.

Algunas veces se producen pérdidas por dehiscencia, por ello es recomendable cosechar cada 15 días. Según Valles (1992), la cosecha se estabiliza a partir de los 14 meses. Generalmente, cuando se realiza la cosecha, se encuentran algunas cápsulas inmaduras, que todavía conservan algo de color verde y si se dejan en el campo para la siguiente cosecha, tal vez ya no se cosechen debido a su dehiscencia. Por lo tanto, en estos casos, lo que se recomienda es cosecharlas y poner las cápsulas inmediatamente al sol, para evitar el ataque de hongos, y así no se deteriore la calidad del producto.

Es importante también indicar que algunas cápsulas, una vez maduras fisiológicamente caen, por lo que al momento de realizar la cosecha éstas se recogerán del suelo.

Se ha observado en cultivos de huerto, especialmente en áreas rurales, plantas que alcanzan 10 años de edad y aún continúan en producción. Las siembras experimentales en condiciones inadecuadas para cualquier cultivo nos reportan rendimientos de aproximadamente 250 kg/ha de semilla seca en el primer año.

Para una salud de oro

Entre los nutrientes que posee el Sacha Inchi se encuentran: ácidos grasos omegas (omega 3 en un 48%, omega 6 en un 36 % y omega 9 en un 8%), vitamina Avitamina E, antioxidantes alfa-tocoferol.

Todos estos nutrientes son buenos para nuestra salud y por esta razón te queremos compartir varios de los beneficios que el consumo de este fruto seco le puede traer a tu vida. Algunos de ellos son:

Ayuda a la pérdida de peso:

Este fruto seco es un buen complemento para aquellas personas que están buscando perder algunos kilogramos de peso, ya que, por ser una gran fuente de ácidos omegas, ayuda al cuerpo a deshacerse de las acumulaciones innecesarias de grasa.

A esto se le suma que, en comparación con otros frutos secos, el Sacha Inchi tiene la mayor cantidad de fibra, por lo que nutricionalmente tiene la combinación perfecta para que tu cuerpo reduzca medidas de manera natural.

Mantiene saludable y con buen aspecto el cabello y la piel

Como mencionamos anteriormente, entre los nutrientes presentes en el Sacha Inchi se encuentra también la Vitamina E, vitamina clave para el cuidado del cabello y de la piel y muy usada en tratamientos de belleza.

En el caso del cabello, este fruto puede ayudarte a evitar su caída y a mejorar la salud del pelo maltratado o seco. Y en cuanto a la piel, ayuda a aquellas personas que la tienen seca o sensible, permitiendo mejorar irritaciones e inflamaciones y retrasando el envejecimiento de la misma.

Combate el estrés

Comer bien, nos hace sentir bien, y esto no se refiere únicamente a aspectos de salud física, sino que hay alimentos cuyo consumo, nos permite tener una mejor salud mental y psicológica.

Este es el caso del Maní del Inca, ya que al comerlo regularmente podemos manejar de una mejor manera los niveles de estrés de nuestra vida y, en consecuencia, nos sentiremos menos agotados, nerviosos y angustiados.

Puede usarse como suplemento proteico:

Para quienes no consumen carne, el Sacha Inchi es uno de los alimentos de origen vegetal ideales para suplementar el consumo de proteínas. Esto se debe a que le brinda a nuestro cuerpo los nutrientes necesarios para compensar la falta de carnes animales, como, por ejemplo, los aceites beneficiosos de la carne de pescado (el omega 3, 6 y 9).

De esta manera, un consumo regular de este fruto le brindará a nuestro organismo las vitaminas y minerales que necesita para funcionar correctamente sin el consumo de carnes animales.

Favorece a la circulación:

Además de los beneficios que mencionamos anteriormente, el Maní del Inca también es bueno para mejorar lo que se denomina como el “riego sanguíneo”. Así, el consumo de este maní ayuda a que la sangre circule de mejor manera por nuestro cuerpo.

Esto no sólo es provechoso para las personas que padecen de enfermedades relacionadas con el sistema circulatorio, sino que también ayuda a regular la presión arterial y a prevenir enfermedades como la trombosis arterial y el infarto del miocardio.

Equilibra los niveles de colesterol en sangre

Lo que hoy en día consideramos como el “Colesterol malo” puede ser controlado para evitar efectos perjudiciales en nuestro organismo con el consumo continuo del Maní del Inca.

Esto se debe gracias a la presencia de Omega 3 en su composición química, ya que este ácido graso ayuda a reducir los niveles de colesterol en sangre y evita, a futuro, los riesgos de padecer enfermedades del tipo cardíacas.

Contrarresta los síntomas de enfermedades reumáticas

El Sacha Inchi también posee una serie de propiedades que ayudan a mejorar los síntomas causados por enfermedades relacionados con los huesos, las articulaciones y el corazón; como lo son la arterioesclerosis, la osteoporosis y la artritis.

De esta forma, este tipo de maní tiene un efecto antiinflamatorio que ayuda a aliviar los dolores causados por estas afecciones. Además, ayuda a fortalecer los huesos, el corazón y al sistema inmune de nuestro organismo; lo que le permite al cuerpo contrarrestar de mejor manera este tipo de enfermedades.

¿Cómo consumir Sacha Inchi?

Cualquier persona mayor de un año de edad puede comer este maní y al ser un producto de origen natural, no existe una “sobredosis” por el consumo de este fruto seco, sin embargo, todo en exceso (hasta lo natural) es malo.

Así, te recomendamos consumir de 8 manís al día o, en caso de que tengas el aceite del mismo, una cucharada diaria.

Para ver los resultados beneficiosos que pueden tener sobre nuestro cuerpo, sería ideal consumir esta cantidad todos los días sin falta.

Fuentes: www4.congreso.gob.pe

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