El tratamiento que abre mercados a la fruta… o los cierra

El tratamiento que abre mercados a la fruta… o los cierra

Por Rafael Guarda Martínez, abogado-consultor, RG Consultant.

En plena temporada de exportaciones de fruta fresca, cuando uvas, arándanos, cítricos, nectarines y otras especies viajan hacia Estados Unidos, China y distintos mercados de Asia, el Cold Treatment vuelve a estar en el centro de la operación logística.

No es un detalle técnico ni una formalidad documental: es un tratamiento cuarentenario obligatorio para el ingreso a determinados destinos y, en muchos casos, la condición que define si la carga podrá comercializarse o no. El tratamiento que abre mercados a la fruta… o los cierra

En términos simples, el Cold Treatment consiste en mantener la fruta a una temperatura específica, durante un número continuo de días, sin interrupciones ni desviaciones fuera del rango autorizado por la autoridad fitosanitaria del país de destino.

No basta con que el contenedor esté “frío”; el programa debe cumplirse exactamente como fue aprobado, con registros continuos y sensores debidamente calibrados. Si la temperatura se sale del rango permitido, aunque sea por un periodo acotado, el tratamiento puede declararse inválido.

Desde el punto de vista del comercio exterior agroalimentario, el tratamiento de frío se ha transformado en un estándar sanitario clave dentro de la logística de exportación.

La exigencia responde al control de plagas cuarentenarias, especialmente mosca de la fruta, que pueden viajar en la carga y generar un riesgo fitosanitario para el país importador. Por eso, los protocolos son estrictos y no admiten interpretaciones.

En la práctica, el Cold Treatment puede realizarse en tránsito dentro del contenedor refrigerado o en instalaciones autorizadas antes del embarque, dependiendo del mercado y del acuerdo bilateral vigente. En ambos casos, el cumplimiento se valida mediante registros térmicos continuos que acompañan la documentación de la carga.

El impacto del tratamiento en frío en la cadena logística

El impacto operativo es profundo. El tratamiento de frío influye en la planificación de cosecha, en la selección varietal, en la programación naviera y en la coordinación con el importador. En especies sensibles, cada décima de grado puede afectar la condición de la fruta. A su vez, la duración del programa, que puede extenderse por más de dos semanas, debe integrarse al tiempo total de tránsito. Por eso, hablar de Cold Treatment es hablar de gestión logística integral, de coordinación entre productor, exportador, naviera y autoridades sanitarias.

Cuando el tratamiento no cumple con los parámetros exigidos, las consecuencias son inmediatas. La autoridad de destino puede ordenar la repetición del programa en frío, imponer restricciones a la comercialización o incluso rechazar la carga. En productos de vida útil limitada, un retraso prolongado puede impactar directamente el retorno comercial. Por eso, el seguimiento del tratamiento durante el viaje no es opcional. El monitoreo en tiempo real, la revisión periódica de los registros de temperatura y la confirmación de que el programa está corriendo correctamente forman parte de una gestión profesional de la exportación de perecederos.

Responsabilidad del tratamiento en frío

En este escenario cobra especial relevancia una pregunta que muchas veces se deja para el final y debería estar al inicio: ¿quién es el proveedor del servicio de Cold Treatment? No siempre es la naviera. En algunos casos, el tratamiento es configurado directamente por la línea naviera como parte del servicio reefer; en otros, intervienen operadores especializados o empresas certificadas que actúan como proveedores independientes del programa cuarentenario.

Determinar quién provee formalmente el servicio es clave para efectos técnicos, contractuales y documentales. No es lo mismo un contenedor configurado bajo un programa estándar de transporte refrigerado que uno activado bajo un protocolo específico de tratamiento cuarentenario validado por la autoridad correspondiente.

Para el sector agroexportador, esto implica revisar los contratos de transporte, las confirmaciones de booking y las condiciones del servicio. Es fundamental contar con claridad respecto de quién ejecuta el tratamiento, bajo qué certificaciones opera, qué sensores se utilizan, cómo se validan los registros y qué documentación respalda el cumplimiento del programa. La trazabilidad técnica del Cold Treatment no solo es relevante para la autoridad fitosanitaria, sino también para la seguridad comercial de la operación.


El tratamiento que abre mercados a la fruta… o los cierra


Un factor clave en la industria

En términos de competitividad internacional, el tratamiento de frío ya no es una exigencia excepcional, sino parte estructural del acceso a mercado. Los países importadores han reforzado sus estándares y los protocolos sanitarios son cada vez más específicos.

Para las exportaciones frutícolas de América Latina, cumplir adecuadamente con el Cold Treatment significa sostener la confianza sanitaria, evitar interrupciones comerciales y proteger la reputación del origen. Una temporada puede verse afectada por eventos puntuales si no existe una gestión rigurosa del proceso.

Hoy, en plena temporada de fruta fresca, el Cold Treatment debe entenderse como un eslabón crítico dentro de la cadena logística. No es solo una temperatura en pantalla; es un programa sanitario validado que requiere precisión técnica, coordinación operativa y claridad contractual. La diferencia entre un embarque exitoso y uno cuestionado puede estar en la correcta configuración del tratamiento y en la identificación precisa del proveedor responsable de ejecutarlo. En el comercio internacional de perecederos, el acceso a mercados exigentes depende de cumplir estándares sanitarios cada vez más altos, y el tratamiento de frío es, sin duda, uno de los más determinantes.


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