Análisis elaborado por Diego Bustos, Rupestris Consulting.
La situación hídrica en las regiones de Atacama y Coquimbo ha cambiado significativamente. Al 17 de agosto, la Dirección General de Aguas (DGA) de Chile informa que los embalses Recoleta, Cogotí, Culimo y Corrales se encuentran al 100% de su capacidad y están vertiendo agua. El Bato alcanza un 89%, La Paloma un 36%, Puclaro un 27% y La Laguna un 25%.
En Atacama, Santa Juana registra un 71% y Lautaro un 45%. Esto se complementa con una situación excepcional de acumulación de nieve: las cuencas de Elqui, Limarí y Choapa presentan importantes superávits en acumulación de nieve y equivalente en agua de nieve en comparación con sus promedios históricos.
Niveles actuales de almacenamiento de los embalses en el norte de Chile (17 de agosto). Fuente: DGA

Para la industria frutícola, esto no es simplemente una buena noticia en términos de disponibilidad de agua. Podría representar un cambio significativo en el potencial productivo y comercial de las próximas temporadas.
Después de varios años de restricciones hídricas, una mayor seguridad de riego permite pensar en parronales con un mejor estado fisiológico, una mayor capacidad para sostener la carga frutal y, potencialmente, bayas de mayor calibre, mayor uniformidad y fruta con mejores atributos de condición y calidad.
En uva de mesa, donde el calibre, la firmeza, la condición y la vida postcosecha tienen un impacto directo en el valor comercial, esta disponibilidad podría convertirse en una importante ventaja competitiva.
Nieve en los Andes. Izquierda: 19 de agosto de 2025. Centro: 19 de mayo de 2026. Derecha: 19 de agosto de 2026. Fuente: NASA

Sin embargo, contar con agua disponible no significa que debamos utilizarla sin una estrategia. El desafío será transformar la disponibilidad hídrica en fruta de alto valor, y el manejo del riego será clave para lograrlo.
La oportunidad está en mantener la planta activa durante más tiempo, respaldar adecuadamente cada etapa fenológica y evitar que el estrés hídrico termine limitando el calibre o la condición de la fruta. El manejo del riego deberá seguir siendo preciso, utilizando variables como la humedad del suelo, el estado hídrico de la planta y la demanda atmosférica para determinar cuánto y cuándo regar.
Y aquí surge el principal desafío para las próximas temporadas: una mayor disponibilidad de agua puede incrementar el potencial productivo, pero una primavera más húmeda también podría aumentar la presión de enfermedades.
La DGA informa que las estaciones meteorológicas de la macrozona norte están registrando superávits de precipitaciones respecto de sus promedios históricos. Bajo este escenario, el manejo preventivo de las pudriciones, particularmente Botrytis en uva de mesa, será fundamental.
Una temporada con mayor disponibilidad hídrica puede permitir alcanzar un excelente calibre, pero si no somos capaces de proteger la fruta, ese potencial podría terminar perdiéndose en términos de calidad, condición y comportamiento postcosecha.
Entonces, ¿qué podemos esperar durante los próximos años? Si esta situación hídrica favorable se mantiene, veo una oportunidad para que Atacama y Coquimbo enfrenten las próximas temporadas con un mayor potencial para producir fruta de mayor calibre, más uniforme y con mejor condición, especialmente en aquellos valles donde la disponibilidad de agua había sido uno de los principales factores limitantes y una de las razones detrás de la disminución de los volúmenes exportados que se muestra en el primer gráfico.
Si se gestiona adecuadamente, esto contribuiría a aumentar la oferta de fruta entre las semanas 48 y 12.

Para la industria, este podría ser el momento adecuado para mirar el norte de Chile no solo desde la perspectiva de cuánto podemos producir, sino de qué calidad de fruta podemos entregar a los mercados internacionales.
La disponibilidad de agua, un adecuado manejo fisiológico, una nutrición equilibrada y una estrategia preventiva de manejo de enfermedades pueden generar las condiciones necesarias para recuperar parte del potencial productivo y comercial de la región.
Las próximas temporadas podrían ser muy interesantes para la uva de mesa chilena; ahora el desafío es transformar esta oportunidad hídrica en el calibre, la calidad y la condición de fruta por los que el mercado está dispuesto a pagar.
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