Columna de opinión: Comercio frutícola con Lejano Oriente: Es la hora de atender la incertidumbre en las relaciones entre exportador e importador. Por María Gabriela De Abreu

10 Julio 2018

Por María Gabriela De Abreu, Secretaria General de Safe Trade Network (STN) for Produce

Estamos acostumbrados al rápido crecimiento de la exportación de productos agrícolas a Lejano Oriente, especialmente a China, y aún así las cifras de la última temporada no dejan de sorprender a toda la industria.

No sólo recordemos la exportación de cerezas chilenas a China, que como señalara Asoex aumentó en un 108% esta temporada o que los nectarines, consolidados en China tras la firma del protocolo de ingreso a fines de 2016, incrementaron en un 51% sus envíos en relación a la campaña pasada. También, celebremos que Chile superó hace un buen tiempo a Tailandia como principal proveedor de fruta fresca para el mercado chino.

Qué decir del Perú, que, en los tres primeros meses del 2018, vio aumentada su exportación de arándanos a China en más de 1200%, en un crecimiento que está lejos de enfriarse y que continuará dando muy buenas noticias a los exportadores latinoamericanos.

La amenaza: Informalidad comercial y falta de reglas en mercados de rápido crecimiento

Esta avalancha de oportunidades, sin embargo, ha distraído un poco acerca de una realidad que no es conveniente pasar por alto: la informalidad comercial y la falta de certezas legales para regular las relaciones entre exportadores latinoamericanos y empresarios chinos interesados en la fruta.

A diferencia de otros mercados, donde existen leyes que protegen a los proveedores de fruta fresca (Ley PACA de Estados Unidos, por ejemplo) y también centros de arbitrajes privados (DRC, CAIFL) para mediaciones y resolución de controversias entre las partes, el mercado hacia el Asia no cuenta con herramientas potentes que ayuden a los exportadores y recibidores a entenderse de mejor forma y que les permitan evitar malos entendidos que puedan terminar en disputas.

Esta incertidumbre trae como consecuencia una informalidad en el trato comercial entre las empresas, factor que no es determinante cuando la temporada y el mercado se comportan de buena forma para el proveedor y el recibidor, pero que si llegan a surgir contratiempos, puede ser causa de quiebre de relaciones y fracasos comerciales. *

La falta de claridad da espacio a conflictos, en que el exportador envió su fruta y luego no recibió el pago esperado, o el importador no obtiene la fruta en las condiciones acordadas. Sin ir más lejos, el producto objeto de la comercialización -en este caso la fruta- es tan delicado, que es muy posible que surjan problemas en la cadena que no sean responsabilidad del exportador ni el importador, pero que a falta de estándares claros de entendimiento o marcos definidos, no logren resolverse de manera amistosa.

En búsqueda de estándares

Frente a esta situación, se hace imprescindible definir reglas claras de comercio y entendimiento entre las empresas del sector, establecer por escrito estándares basados en las buenas prácticas del comercio internacional de la fruta fresca, y que exista un compromiso formal por cumplirlos.

Entre los estándares comerciales más importantes a consensuar están el establecimiento de normas en torno a las modalidades de venta, de reglas para las formas de pago según cada modelo de comercialización y, en tercer lugar, de garantías tanto para los exportadores como importadores, a modo de determinar los resguardos en las transacciones del producto.

Ahora, uno de los mayores puntos se refiere a definir un sistema de resolución de controversias, optando primero por protocolos para una negociación amistosa en caso de diferencias, una mediación especializada si lo anterior no resulta, y un arbitraje con profesionales del derecho y entidades enfocadas a resolver este tipo de conflictos.

Es importante señalar que, en la mediación y arbitraje, se deben abocar expertos no sólo en materia legal, sino además en la misma industria y la cadena hortofrutícola. Así, su entendimiento del alcance del conflicto traerá consigo una solución eficiente a lo que esté sucediendo, en lugar de verse obligados a acudir a tribunales ordinarios donde las costas, las distancias y los tiempos harán que el proceso sea muy difícil, por no decir inviable.

A todas luces, el volumen del comercio de productos perecibles de América Latina a Lejano Oriente está creciendo mucho más rápido que lo que crece la infraestructura -tangible e intangible- que la sostiene. Este hecho hace que, pese a las oportunidades, los problemas también se acrecienten en caso de diferencias y malos entendidos por falta de claridad en las normas. Para seguir avanzando, debemos atacar esos focos de eventuales complicaciones, a través de normas que se conviertan en estándares establecidos de comercio entre proveedor y recibidor. Esto solo generará más confianza y certeza a la hora de invertir, y sostendrá el crecimiento luego del boom observado en esta década.

Fotografía principal: Shutterstock.com

www.portalfruticola.com

También podría interesarte
Comentarios
0 Comentarios

Deja un comentario