Argentina: En dos décadas, la manzana en Tunuyán perdió 77% de tierras

19 Agosto 2013

La baja rentabilidad y el avance del negocio inmobiliario, principales causas de un proceso de erradicación que no cesa en Tunuyán. Río Negro cubre el mercado y los productores buscan alternativas.

De continuar la tendencia que marcan las estadísticas, en pocos años la ‘Capital de la Manzana’ se quedaría sin frutales que le hagan honor a tamaño título. Un combo fatal de bajos precios, altos costos y pocas vías de comercialización, sumado a la falta de políticas de protección a este cultivo, ha llevado a que en veinte años (según datos censales) Tunuyán perdiera más del 60 por ciento de hectáreas sembradas con manzana. Y la caída llega al 77 por ciento si se suman los árboles erradicados en los últimos años.

Productores que apelan a sacar lustre a sus frutos y ofrecerlos en la calle, o vía internet para ampliar el target de compradores. Galpones de empaque, frigoríficos e industrias que cierran sus puertas (Salentein Fruit es un caso emblemático) o modifican sus instalaciones para abrazar actividades más prometedoras, como el ajo. Manzanas de Río Negro compitiendo en el mercado local. Todos signos del triste panorama que enfrenta hoy este cultivo, que supo estar entre los más representativos del Valle de Uco.

La superficie con manzana bajó en Tunuyán de 5.079 hectáreas a 2.022,75 en dos décadas. El último dato fue arrojado por el censo agropecuario en 2010, pero los tunuyaninos son testigos de cómo permanentemente desaparecen de la geografía departamental fincas con estos árboles.

Un barrido realizado sobre tierras en producción por el Iscamen para obtener información interna útil a sus programas de control de la carpocapsa, mostró que a junio de 2012 sólo quedaban alrededor de 1.150 hectáreas de manzanos en ese departamento. Y aunque todavía no han procesado los datos de este año, técnicos del área estiman que se perdieron unas 250 hectáreas más.

La luz de alerta ya se encendió en el gobierno local, donde estudian planes de apoyo a estos productores y estrategias de industrialización que permitan aspirar a productos premium con manzana. “Estamos preocupados porque la vid se está convirtiendo en un monocultivo. Es un riesgo ya que, en casos de crisis, no tendremos otras economías en las que apoyarnos”, reconoció Alberto Pont, titular de Desarrollo Económico de la comuna.

Aunque la situación del mayor productor es la más caótica, el retroceso de este fruto se replica en toda la región. El Valle de Uco perdió la mitad de sus manzanares en el período que va de 1990 (8.671 ha) a 2010 (4.217, 28 ha).Y en Mendoza también, donde pasó de 10 mil a 3.450 hectáreas.

La debacle para la fruta que tentó a Adán comenzó en la década de los ’90, con las primeras experiencias de erradicación. Sin embargo, el panorama se agravó con las actuales políticas de la macroeconomía nacional, con la exportación frenada y el mercado interno saturado y sin precio.

Panorama actual

Alejandro García se considera uno de los pocos “locos” que todavía apuestan al cultivo. “Sigo resistiendo. Si sobrevivo, voy a ser el único y tendré buenos precios”, se ríe. El hombre tuvo que cerrar un galpón de empaque en 1995 y hoy posee su emprendimiento en Colonia Las Rosas. Reconoce que este año la manzana no es rentable.

“La piedra se llevó mucho. Después, los costos subieron entre 1.800 y 2.000 dólares por hectárea. En temporada la pagaban 60 centavos y con una cosecha promedio de 35 mil kilos, no sacás ni mil dólares de ganancia por hectárea”, graficó García, quien vendió su producción a una fábrica de pulpa. “La manzana generalmente se ubica en el mercado interno, pero ahora, como Río Negro no ha podido exportar, tenemos que competir con ellos”, agregó.

Por su parte, Marcelo Vicente da cuenta de que los volúmenes de fruta que ingresan a su frigorífico en Tunuyán han bajado. “La actividad no cesa más, porque los productores mantienen en frío con la esperanza de que mejoren los precios”, acota. Sin embargo, las cuentas no cierran. “El kilo de manzana sale del frío con un costo final de $ 2,50, lo venden a $ 3, pero después vas al supermercado y lo encontrás a 18 pesos”, arremete.

Esta distancia entre lo que gana el agricultor y lo que paga el cliente -el gran problema actual de las economías regionales- ha obligado a los productores a agudizar el ingenio para sortear a los intermediarios. En La Primavera, un hombre que apuesta a los cultivos orgánicos, sale en su camioneta a vender por la calle.

Esta actitud sirvió de ejemplo a Ángela Villaverde, quien armó una oferta de 5 kilos de relucientes manzanas por 15 pesos y la subió a las redes sociales. La estrategia dio resultado. Conocidos y no tanto le hacen sus pedidos vía mail o SMS cada semana. “Busqué esta alternativa como una forma de enseñarle a mi hijo que hay que rebuscárselas, no hay que darse por vencido”, confía.

Frutos en extinción 

“Todas las reconversiones son dolorosas y costosas”, sentencia Marcelo Barceló. En la década de los ’90 el tunuyanino tomó la “difícil decisión” de reemplazar las casi 40 hectáreas de manzana por duraznos debido a la baja rentabilidad. “Si le dieran al campo la mitad de las exenciones impositivas y beneficios que le dan a la minería, podríamos demostrar que somos una matriz productiva fuerte. A nosotros nos castigan”, se quejó el hombre.

Como Barceló, son muchos los productores que reemplazaron por durazno o por pera. Sin embargo, los grandes factores que aparecen como responsables -además de los problemas de rentabilidad- de que la fruta roja esté en extinción son el avance de la vid y el negocio inmobiliario.

Estudios realizados por el IDR y el INTA muestran cómo la fruta de pepita (la erradicación también ha llegado a la pera) es la más afectada por el avance del mercado inmobiliario. Tradicionalmente, estos frutos lideraban en las zonas bajas de Tunuyán, las más vendidas y demandadas para terrenos con fines habitacionales.

Fuente: Los Andes

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