El Valle de Azapa y su apuesta por las aceitunas orgánicas

26 Octubre 2012

Debido a la competencia con Perú,  Chile opta por la diferenciación y nuevos nichos

El Valle de Azapa en Chile es conocido por sus aceitunas, las cuales se han desarrollado en la región desde fines del siglo 17 y que fueron traídos desde España por el Procurador General de España en Perú, Don Antonio de Ribera.

Según el cronista Garcilaso de la Vega, el procurador llegó al Valle agarrando dos tarros de plantas de olivo que eran originalmente de Sevilla.

De Ribera se percató que el clima del Valle de Azapa era levemente mejor al de Perú, con temperaturas constantes similares a España, oscilando entre 30-36 ° C (86 a 96,8 ° F) en el verano.

Gracias a toda la historia y mitos que nacieron desde ese entonces, la XV Región de Chile (Arica y Parinacota) se ha hecho de la reputación de producir una de las mejores aceitunas en el mundo.

Aunque el cultivo del olivo está profundamente arraigado en la historia del Valle de Azapa, con 670 hectáreas de huertos que generan 300 puestos de trabajo, el ascenso de la fruta se encuentra actualmente en riesgo.

Perú ha ampliado su producción haciendo más difícil para los productores del Valle de Azapa obtener beneficios suficientes para sobrevivir, lo que provocó un cambio hacia la producción orgánica.

La Universidad de Tarapacá, con el apoyo de la Agencia para la Innovación Corfo, crearon un proyecto de apoyo a los agricultores para convertir sus huertas en orgánicas en tres años.

Hasta el momento han ayudado a agricultores como Francisco Palza, cuya familia ha estado en el negocio de las aceitunas de Azapa por más de 120 años, a convertir sus 40 hectáreas de olivos en huertos orgánicos.

Su abuelo dejó el negocio familiar de vender ropa, a la tierna edad de 26 años por una vida mejor en América Latina.

Empezó como peón en una granja de ganado cerca de Mar del Plata, Argentina antes que la idea de mejores ingresos lo atrajeran a las salitreras de Antofagasta, que en ese momento se encontraban en Bolivia.

«Atrajo a muchos europeos, pero lamentablemente las condiciones en las minas eran muy malas».

Y para colmo de males, la Guerra del Pacífico comenzó poco después en 1879 cuando Perú, Bolivia y Chile disputaron la propiedad de las minas.

Sabiamente el abuelo de Palza decidió cambiar de carrera una vez más y compró una parcela de cinco acres de tierra en el Valle de Azapa en Arica donde comenzó a cultivar aceitunas.

La fruta fue vista como una apuesta más segura en comparación a los otros dos cultivos principales de la zona, el algodón y la alfalfa forrajera para ganado, en parte porque las aceitunas se pueden almacenar durante un máximo de cinco años en agua salada.

El abuelo de Palza gradualmente compró más tierras hasta ampliar su huerto a 40 hectáreas y con la ayuda de su padre logró hacer la huerta más intensiva

El paso a la producción orgánica

Ahora, el desafío que enfrentan los productores del Valle de Azapa es obtener beneficios suficientes para seguir trabajando y por eso que lo orgánico se ve como un salvavidas para el sector.

Francisco Palza es un apasionado por el hecho de que sus aceitunas orgánicas Alfonso, además de ser más saludable, tienen mejor sabor.

«Nuestras aceitunas son más grandes, tienen una textura más consistente, la piel es más delgada y las características organolépticas son diferentes.»

Producir aceitunas orgánicas es también un trabajo mucho más intensivo. Mientras más alto es el potencial del precio, también es la inversión para hacerlo.

Los árboles en sus bloques orgánicos tienen un promedio de 45 años de edad y no hay más espacio entre las filas, permitiendo que entre más luz y menos insectos.

«Esto hace que sea más fácil para los trabajadores recogerlas sin dañarlas. Los trabajadores agrícolas tienen que limpiar el terreno de malas hierbas tirando de ellos hacia fuera. No pueden usar herbicidas».

«Todo es más intenso a la hora de trabajar – hay una gran diferencia».

Palza explica que en la producción convencional se aplican hormonas para ayudar a los árboles a producir más aceitunas y que se mantengan en el árbol por mas tiempo.

Los pesticidas también están fuera del escenario de Francisco Palza, quien confía en que la avispa Encarsia hará su trabajo, ya que con su saliva se come los huevos de la mosca blanca ceniza, Siphoninus phillyreae, que deja manchas y reduce la producción.

Los siete productores orgánicos de oliva pertenecientes al proyecto Tarapacá, están certificados por la agencia BioAudita que los visita dos o tres veces al año para comprobar que todo esté bien.

Alrededor de la mitad de las 40 hectáreas de Palza son orgánicas, pero él planea que en un periodo de seis años toda su arboleda lo sea.

En la actualidad cuenta con 50 toneladas métricas (TM) de aceitunas orgánicas almacenadas y en conjunto con los otros productores tienen un total de 200 toneladas métricas para la exportación del próximo año.

Actualmente se encuentran en negociaciones con un importante distribuidor canadiense y se encuentran explorando nuevos mercados con nichos especializados en EE.UU, Europa y Australia.

www.portalfruticola.com

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